Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Ojos que no ven…

Fecha de publicación: 10-06-18
Por: César A. García E.
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Recuerdo vívidamente el terremoto de 1976 –que fue considerado por muchos años de los más sangrientos de la historia mundial– y como desde aquel cielo colmado de estrellas… paradójicamente bello, procedía –apenas a horas de haber ocurrido el caos– el ruido de incontables aviones, portadores de ayuda para Guatemala. Eran –indudablemente– años menos catastróficos que los recientes y teníamos memoria por el terremoto de Nicaragua de 1972, y por la película Terremoto estrenada en 1974; yo recién la había visto, en el Cine Popular de la Avenida Elena (hoy Teatro de Bellas Artes), el 1 de enero de 1976. En 1998, viví de cerca el caos del huracán Mitch que azotó con gran furia, nuestra región, especialmente Nicaragua, Honduras y Guatemala, dejando a su paso, más de quince mil muertos. En 2010 la tormenta Agatha, junto a la erupción del volcán de Pacaya, generaron desolación en casi veinte comunidades guatemaltecas, se contaron más de ciento cincuenta muertos durante esa combinación fatal de catástrofes naturales; las pérdidas materiales superaron –se dijo– siete mil millones de quetzales. Ahora el volcán de Fuego demuestra su furia legendaria, con consecuencias más graves que otras veces, por la densidad poblacional en el área e indudablemente por la miseria exacerbada y ausencia total de planificación de nación.

Guatemala ha sido “famosa” por sus desgracias naturales, mismas que desnudan la miseria y el subdesarrollo sempiterno del país. El terremoto de 1976, con alrededor de veintitrés mil muertos, fue ejemplo –mundial– de la devastación que podrían provocar estos fenómenos, principalmente por las endebles construcciones de adobe que fueron las responsables de la mayoría de las muertes. He notado matices comunes en las tragedias mencionadas y otras más: 1 – El guatemalteco, en términos generales, mueve su corazón a la ayuda al prójimo, cuando lo ve en penurias y entonces se organiza y corre en su auxilio.

2 – Los principales afectados, de las catástrofes naturales, son los más pobres, quienes –con frecuencia– lo pierden todo. 3 – El altruismo chapín, termina la mayor parte de las veces, cuando el hecho deja de ser noticia; solemos pensar que cuando los medios de comunicación le bajan la cobertura a un problema, este ha desparecido. Así las cosas, las víctimas del volcán de Fuego, irán quedando olvidadas, frente a la nueva “gran noticia”, a partir del 14 de junio… porque empieza “El Mundial”; buena noticia –igualmente– para los facinerosos que viven de la cosa pública y para quienes desean asaltar el poder en las próximas elecciones o quizá antes. “El Mundial” es un circo idóneo para entretener, al cándido guatemalteco, porque soterra la cruda realidad; sepulta casi todo y –extrañamente– enjugará las lágrimas que se han derramado por el prójimo, en un instante… los sentimientos y las pasiones se enfocarán en aplaudir o insultar, frente a una pantalla a “los favoritos” que nada tienen que ver con nuestro triste país y nuestro agrio y vergonzoso fútbol.

“La vida continúa” y ahora se trata de que “todos” gocemos este evento que llega cada cuatro años. Lo “importante” es la camisola de “nuestra selección” predilecta, juntarse con los amigos, evadir las responsabilidades –lo más posible– para presenciar los encuentros que nos hacen emocionarnos y gritar. La desesperanza, el olvido, el luto y la miseria, volverá a ser la compañía inseparable de nuestra gente afectada, y eso, creo, hay que evitarlo a toda costa. En este proceso de dolor causado por el volcán, se comunicaron conmigo varios amigos y conocidos, para ver qué se podía hacer, a favor del prójimo, o invitarme a participar en alguna actividad humanitaria; otros mostraron –no por presumir sino para motivar seguramente– lo que ellos hicieron, algunos solo aplaudieron a quienes hicieron algo por el prójimo… y otros básicamente vilipendiaron a quienes no hicieron nada; habría muchos –es seguro– que, en silencio, pusieron su granito de arena. Religiosos mercantilistas y oportunistas, salieron en la televisión, con cara “de dolor”, comerciantes oportunistas hicieron su agosto, políticos corruptos dieron mensajes de aliento, robaron cámara y hasta se quemaron las patas, yendo al lugar de la tragedia. Algunos –de la misma especie– planearon tropelías contra la patria… otros desacreditaron a todas las entidades oficiales y alguien exaltó a los héroes anónimos, con trajes policiales, castrenses o de bomberos; también muchos otros, sin uniforme que acudieron al llamado de auxilio. El gobierno –por su parte– aprovechó para trasegar a bolsas rotuladas con su identidad “comercial” –a la usanza de la UNE o el PP–, variopintas ayudas en las que no tuvieron nada que ver.

Qué bueno por la Guatemala solidaria y decidida… qué malo por la Guatemala indiferente y olvidadiza, de los grandes rezagos sociales que –necesariamente y de no resolverse– marcarán un futuro fatal… por trágico, ignorante y pobre. Las tragedias, apenas esbozadas antes, fueron sin duda terribles y ameritan la solidaridad de todos, pero existe una que “Como no se ve”… no duele, ni causa tristeza, ni movimientos de solidaridad suficientes, ni “emergencia nacional” ni que se “luzcan” los políticos y religiosos corruptos… hablo de la desnutrición crónica infantil que arrebata –en vida– el futuro de muchos niños ¡Un millón! menores de cinco años que, sin lucir macilentos o parecer enfermos, renuncian –involuntariamente y a causa de la indiferencia chapina de los pensantes– a un cerebro normal y apto para el aprendizaje.

¿Por qué la desnutrición crónica es cruel y su erradicación debiera ser la principal prioridad nacional? Hace quizá diez años o un poco más leí el resumen de un estudio, liderado por la doctora Daniza Ivanovic, desarrollado en Chile, y sus hallazgos los vengo repitiendo –donde puedo– desde entonces, además de haberme comprometido con ser parte ínfima de la solución al problema. La profesional, utilizando una muestra de más de 4,000 niños, determinó lo siguiente: Primero: La desnutrición en los dos primeros años de vida, afecta de forma irreversible el crecimiento del cerebro, de modo que, aunque en niños desnutridos –es decir con bajo peso y estatura inferior a lo normal– estas deficiencias pueden superarse, nutriéndolos, el daño en el sistema nervioso está hecho, y ello los condena a jamás poder tener un desarrollo intelectual normal. Segundo: Existe una correlación clara entre circunferencia craneana y volumen encefálico. Tercero: Los niños con mayor rendimiento escolar, tienen un CI más alto y mayor volumen encefálico. Cuarto: El cerebro de los niños desnutridos queda disminuido de un 10 por ciento y 17 por ciento de su tamaño normal, esta deficiencia, afecta su CI entre 15 por ciento a 25 por ciento.

En el otro extremo de la población, también existe –parece ser que para siempre– otra tragedia. El 50 por ciento de nuestros adultos mayores, viven en la indigencia, sin ninguna clase de apoyo y muchos en condición de total abandono; más de trescientos mil guatemaltecos ancianos pasan penurias… a diario. Creo que, a partir de la sacudida de sentimientos –que es lo único bueno de tragedias como la de hace ocho días– sería plausible que los guatemaltecos de buen corazón que visiblemente son muchos, se comprometieran con alguna de estas dos causas y decidieran –como parte de su misión de vida permanente– o rescatar cerebros de niños desnutridos crónicos, o apoyar a adultos mayores que hoy viven –cruelmente– marginados. El drama en nuestro país es vivo y vigente todos los días… no solo cuando los noticieros les dan cobertura. Que nuestro corazón siempre busque ver la desgracia, aunque esta se oculte en la noticia… sería un principio de esperanza ¡Piénselo!

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