Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

¿Quién domina a quién?

Fecha de publicación: 06-05-18
fotoarte: Jorge de León > Elperiódico Por: Edelberto Torres-Rivas
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Con el fin de la Unión Soviética, que más o menos coincide con la caída del Muro de Berlín, pareció verse amenazado el sistema universal de cultura que en su existencia proclamó la Igualdad junto a la Libertad como los valores que vienen orientando el curso de la civilización occidental. Y consecuentemente, la democracia como la meta existencial más importante. El principio central de la democracia ha sido la ciudadanía, como el derecho a exigir un trato igualitario dentro de cualquier esfera específica de la elección colectiva; y la obligación de respetar las acciones de las autoridades públicas en el interior de ese ámbito. La democracia moderna funciona con base en el ciudadano como sujeto individual que disfruta de tres derechos: pertenencia al sistema político, igualdad ante la ley y derecho al voto. El orden que se va estableciendo respecto a ese valor internacional es discutible.

En la división que se establece, la izquierda representa la forma más civilizada. A partir de los Encuentros sobre el Futuro del Socialismo que se celebran cada cierto tiempo, se dio un paso más en la experiencia de debates entre intelectuales y responsables políticos de izquierda de varios países europeos. Lo importante de estos debates ha sido la relevancia de los temas abordados, la significación de los participantes, pero sobre todo la historia de esos debates y las novedades encontradas. Fue importante en su momento, el debate sobre el ascenso del neoliberalismo en la economía y tiempo después en política. Una de las consecuencias fue el aumento de la desigualdad social y política.

El problema pareció crecer cuando el estallido neoliberal coincidió con la crisis de la Unión Soviética y del mundo que dejaba de ser comunista. Las movilizaciones posteriores que tuvieron lugar en Francia y otros países, no hacen sino amplificar más claramente la voz de millones de ciudadanos que no están dispuestos a aceptar nuevos giros hacia la desigualdad y la desproporción social.

El debate sobre la díada extremismo/moderación, que pertenece al mundo de la política democrática, sugiere que se han perdido los signos de identidad de la izquierda. Claus Offe toma como punto de partida la caída del sistema soviético para denunciar un acentuado desplazamiento del espectro político hacia la derecha. Por mucho que el fin del socialismo pudiera derivar de una falta de ofertas o demandas, concluye considerando que precisamente por la importancia de los desafíos que enfrenta Europa hará que también en el futuro los ánimos políticos persistan divididos. Parece que la díada se niega a morir.

La crisis de desintegración afectó a los partidos comunistas y la vorágine ha alcanzado a algunas áreas importantes de los partidos socialdemócratas, socialistas y otros nombres. Se dudó si el movimiento debía estar identificado con el socialismo y con el principal sujeto de este proyecto, la clase obrera. La pregunta fatal que a todos abarca, predica: ¿es posible hablar de una izquierda del futuro? El problema es muy complejo, pues a nivel mundial no podemos saber si es posible identificar un núcleo de normas y valores, de principios teóricos y de objetivos históricos con los movimientos sociales que suplanten los anteriores. Lo que se puede adelantar es lo que la izquierda no es y no puede continuar siendo, lo que ha sido; es la duda sobre la planificación centralizada, sobre la abolición del mercado y la propiedad privada.

Asistimos como dice Bobbio al derrumbe irreversible de una gran utopía que pretendía solucionar el “enigma de la historia”, a la crisis de un paradigma que atrajo, al menos durante un siglo a los más grandes filósofos, artistas e intelectuales de la época.

Es difícil y no es ese el propósito, sugerir reformas y cambios. La izquierda democrática debe promover la creación y la extensión de una nueva concepción de los derechos de la ciudadanía en donde la categoría igualdad represente también la medida de la civilización humana. Habrá cambios, la revolución no podrá ser encarnada por un partido único, no podrán ser toleradas las tendencias al centralismo democrático. La izquierda podría definirse según Bobbio como “una izquierda de los derechos”; la restauración de los derechos humanos para repetir el proyecto igualitario de la Edad de la Razón. El hecho que en este período de predominio neoliberal se produjera el derrumbe del comunismo y la claudicación de una parte de la socialdemocracia hizo posible que algunos analistas vaticinaran el inicio de una época de inconformidad, sin embargo, no ha sido así. El estallido del imperio soviético y la desaparición de tantos socialistas “realmente existentes” en todo el mundo ha desacreditado las ansias de muchos revolucionarios y han desalentado las esperanzas de muchos reformistas. ¿Se quiere inculcar con seriedad que ya no existe alternativa al orden existente?

San Pedro Las Huertas.

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