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Domingo

En su tiempo libre, el crimen organizado atiende “los encargos”

El robo y saqueo de imágenes y piezas religiosas en la mayoría de casos pasa inadvertida, algunas veces los más cercanos a las parroquias son los únicos en conocer lo ocurrido y es entonces cuando tratan de recuperar los bienes sagrados. Pero, la falta de registros convierte la tarea en una misión, casi imposible. Como se trata de patrimonio nacional o tesoros antiguos, la Policía y el Ministerio Público (MP) tienen la responsabilidad de investigar los hechos y capturar a los implicados.

Fecha de publicación: 05-05-18
Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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En el templo de La Recolección, en la zona 1 capitalina, ocurrió el primer robo de una imagen religiosa registrado en la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural, del Ministerio de Cultura y Deportes. Esto sucedió el 15 de octubre de 1989.

Ese día, desconocidos ingresaron a la iglesia y consiguieron retirar del lugar una imagen de San Antonio de Padua del siglo XVIII, tallada en madera. La ficha de reporte de robo, Object ID: Guatemala, describe de manera breve las principales características de la escultura, pero nada sobre sus dimensiones. “Tiene el rostro inclinado hacia la izquierda, cabeza tonsurada y ojos de vidrio color café. Con rostro sonriente”. Además, es posible añadir que, a diferencia de otras representaciones de San Antonio de Padua, en el de La Recolección el Niño Jesús está ausente. Pasados 29 años, el reporte No. 112 del Registro de Bienes Culturales es lo único que queda del santo y entre los devotos casi nadie lo recuerda. “No fue en esta iglesia, pudo ser en otra de la orden de los franciscanos”, mencionan.

En la época moderna, la ruta del saqueo avanzó, desde entonces, de iglesias y sedes católicas de la capital a otras localizadas en lugares recónditos del país que resguardaban valiosas imágenes de los siglos XVII, XVIII y XIX. No obstante, en retrospectiva, es probable que los primeros robos en templos católicos ocurrieran en la Muy Noble y Leal Santiago de los Caballeros, justo después de los terremotos de 1717 y continuaran en la Nueva Guatemala de la Asunción luego de catástrofes similares como las de 1917, 1918 y 1976.

En esos momentos, apoyar a las víctimas, tranquilizar a los ciudadanos, reconstruir las zonas afectadas eran prioridades del Gobierno, no así la pérdida de santos, arcángeles y querubines. En esas circunstancias, ¿quién iba a denunciar un robo de esa naturaleza? Si alguno lo hizo, seguro no fue escuchado.

Los datos actuales

Después de la desaparición en 1989, de San Antonio de Padua se han reportado más de 400 casos a nivel nacional. Entre estos destacan los robos de una escultura de San Miguel de la iglesia de la aldea San Miguel Morazán, El Tejar, Chimaltenango, en 2001; y la de Jesús Resucitado, en 2002, de la sede de la Cofradía de Santo Tomás, Chichicastenango, Quiché.

Asimismo, el robo de las esculturas de Nuestra Señora de las Mercedes y el Niño Dios; la de un fraile mercedario y la de dos ángeles de madera del templo de San Cristóbal, Totonicapán.

A finales de 2002, también robaron al apóstol Santiago de los Caballeros de la iglesia de la aldea Cimiento Tres Cruces, Cubulco, Baja Verapaz. La imagen era de 1960. El 22 marzo de 2003, desaparecieron de la iglesia de Bárcenas, Villa Nueva, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús; dos esculturas de San José (en una sostenía al Niño Jesús); una de la Virgen María, dos ángeles de madera y un Niño Dios.

En junio de 2003, desconocidos robaron la Inmaculada Concepción de la iglesia de la aldea Concepción Sacojito en Chinautla y, en agosto siguiente, la Virgen María de la iglesia de San Raymundo. En noviembre de ese mismo año, hubo saqueos en la iglesia de San Miguel de Capuchinas, en la zona 1 capitalina, y en el templo de San Bernardino de Siena, en el cantón El Sauce, San Bernardino, Suchitepéquez. Los asaltantes fueron directo a los espacios ocupados por el Niño Dios y la Inmaculada Concepción

Más pérdidas

Las imágenes de San José fueron las preferidas por las bandas de saqueadores en 2004. Ese año, las iglesias del cantón Chuinstancia, San Francisco La Unión, Quetzaltenango, y la de la finca La Marina Palín, Nuevo Progreso, San Marcos, perdieron al Santo Varón.

De 1989 a la fecha, los delincuentes han dedicado jornadas al robo de esculturas de las distintas advocaciones a la Virgen María; San José con el Niño, San Antonio de Padua, Jesús Resucitado y el Niño Dios, principalmente.

Sin embargo, hay casos, como el de la parroquia del Señor de Esquipulas, de la aldea Gracias a Dios en Nentón, Huehuetenango, que perdió, el 19 de diciembre de 2007, una escultura de San Caralampio del siglo XIX. Un santo poco conocido en Guatemala.

La devoción por San Caralampio, es originaria de la Iglesia Antioqueña Ortodoxa y, en Grecia, lo consideran el mártir de más edad, dado que murió en 211, a los 107 años, en una ciudad cercana a Éfeso. En América, poblados como el mexicano Comitán de Domínguez, ubicado a 173 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, tienen gran devoción por el santo.

Cuentan que en esa localidad, antes llamada Comitán de Las Flores, un soldado colombiano fue el primero en hablar de San Caralampio. Eso ocurrió en 1850. Él sentía devoción por la figura sacra y por eso lo acompañaba una novena. Raymundo Solís, vecino del barrio La Pila, conoció al soldado y se interesó por la historia de San Caralampio. Le compró la novena y encargó un retrato del santo, igual a la que ilustraba el libro de oraciones. En La Pila, Solís era dueño del rancho Tzeltón, y por ello declaró que San Caralampio sería patrono de esa propiedad.

Meses más tarde, en Comitán de Las Flores se registraron brotes de peste, viruela y cólera que cobraron cientos de víctimas, pero, en el rancho Tzeltón, ninguna persona enfermó. Fue entonces, cuando el santo fue nombrado “Abogado Especial contra la peste y los aires contagiosos”. Esta historia fue recopilada por las autoridades de Comitán de Domínguez.

Como en el robo de San Caralampio, hay ocasiones en las que los delincuentes buscan esculturas poco convencionales. Por eso, el 2 de abril de 2007, cuando saquearon la iglesia de Camotán, Chiquimula, se llevaron con ellos las imágenes de dos ánimas benditas del Santo Purgatorio –además de esculturas de la Virgen de Dolores y la Virgen del Rosario.

Las dos ánimas del Purgatorio que desaparecieron en Camotán, representan a una mujer y un hombre en medio de las llamas y fueron talladas en el siglo XVIII. Aunque, hoy se les observa poco, en la ciudad colonial de la Muy Noble y Leal Santiago de los Caballeros de Guatemala existía una ermita dedicada a las “Dichosas y Santas Ánimas del Purgatorio”, de acuerdo con el cronista Francisco de Fuentes y Guzmán.

La ruta del saqueo es larga y tortuosa. El Departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales, del Ministerio de Cultura, registró entre 1989 y 2017, el robo de 445 bienes religiosos, principalmente en iglesias de aldeas y fincas ubicados en remotos lugares de la provincia. Esas acciones han quedado impunes y la mayoría de imágenes siguen desaparecidas.

Grandes golpes

En la mayoría de casos, el accionar de los asaltantes se nota tiempo más tarde de ocurrido el hecho, cuando el espacio vacío de la imagen llama la atención de los sacerdotes, sacristanes o los mismos feligreses. En otros incidentes de esta clase, los ladrones hacen uso de la fuerza y la violencia con el afán de sembrar caos y terror.

El 6 de agosto de 2009, por ejemplo, un valioso cuadro del siglo XVIII titulado “Cinco Señores y Arcángeles” fue robado con lujo de fuerza de la Rectoría de San Agustín, en la zona 1 capitalina. La pintura representa, en una hermosa composición, a San José con la Virgen María, el Niño Jesús, Santa Ana y San Joaquín. Dios Padre y el Espíritu Santo también están presentes, en la cabeza de la Sagrada Familia. La pieza también incluye en la parte izquierda al arcángel San Miguel y en la derecha al arcángel San Gabriel.

Ese 6 de agosto, al mediodía, los delincuentes golpearon con violencia al sacristán cuando iba a cerrar el templo. Sin ningún cuidado, a navajazos, retiraron el lienzo del marco y se marcharon, no sin antes amenazar a la víctima. “Esto causó terrible daño a la pintura”, recordó Eduardo Hernández, jefe del Departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales.

El robo fue denunciado y circuló el reporte del suceso con la finalidad de recuperar la pieza. Esto ocurrió un mes más tarde, de manera inesperada.

El 10 de septiembre de ese año, un desconocido buscó a un confesor en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en la zona 1 capitalina, y declaró el robo del cuadro en secreto de confesión. Tenía con él la obra dentro de una bolsa plástica y se la entregó al sacerdote.

El cuadro de grandes dimensiones, más de 2.50 metros de ancho y poco más de 1.90 de largo, fue doblado en pequeñas partes con el propósito de poder manipularlo. Como antes había sido intervenido tenía una tela adicional que le daba soporte y por eso es que, cuando los delincuentes lo doblaron, la pintura antigua se resquebrajó en la mayoría del lienzo.

Tras el incidente, la obra fue entregada al Museo de La Merced y apareció expuesta el 12 de noviembre de 2015 en una colección de bienes antiguos seriamente dañados. La pintura continúa hoy bajo el resguardo de esa entidad y está expuesta en uno de los salones.

Hernández mencionó que los cortes en el lienzo son visibles y son notorias las fisuras en la paleta de colores. Además, perdió dimensiones, poco más de 30 centímetros en alto y largo. “La restauración es costosa y el Ministerio carece de recursos para hacerlo”, indicó.

En el Museo de la Merced, hay un taller con expertos dedicados a este propósito, pero no han solicitado a la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural los permisos para intervenir el lienzo, explicó el funcionario.

La forma extraña como fue devuelta la obra hizo pensar, en ese momento, a Hernández y al equipo de trabajo, que se trataba de un “encargo” qué salió mal. Pensaron que los responsables del hecho eran “novatos” en el mundo del crimen organizado y por eso su falta de cuidado en el tratamiento de la pintura. “Es probable que el interesado en el cuadro, al verlo así ya no lo quiso. Por eso lo devolvieron”, señaló Hernández.

Sin pistas

Con cada robo, las hipótesis de las autoridades han evolucionado. En una primera instancia era posible creer que las bandas de saqueadores se especializaban en arte sacro, iban a las iglesias de los pueblos y las aldeas y reconocían con exactitud la pieza más valiosa entre el resto y la robaban. Pero, la experiencia de la Rectoría de San Agustín hizo notar a los expertos detalles que antes habían dejado de lado. Era bastante probable que los delincuentes solo cumplían órdenes y por eso iban directo “al encargo”, sin conocimiento de la pieza, mucho menos de su valor.

Esa hipótesis cobró sentido cuando bandas criminales robaron una serie de antiguos cuadros de la iglesia de El Calvario, en La Antigua Guatemala, en 2014, y 287 valiosas piezas de arte religioso de la Fundación Nacional para las Bellas Artes y la Cultura (FUNBA), en 2015.

El 5 de febrero de 2014, en un violento incidente, un grupo de diez desconocidos con el rostro cubierto ingresaron al templo de El Calvario justo cuando los sacristanes y los guardias estaban por cerrar las instalaciones. Los cinco hombres fueron atacados a golpes y luego atados de manos, mientras los delincuentes dedicaban esfuerzos a retirar de los marcos los lienzos antiguos de Tomás de Merlo, inspirados en La Pasión de Jesucristo.

Eran seis cuadros de 1737 de grandes proporciones, en promedio entre 2.33 metros de largo por 5.21 metros de ancho. Cada uno describía los episodios de las horas anteriores a la muerte de Cristo en la cruz: La oración en el huerto, La prisión de Cristo y la curación de Malco, La Flagelación, Jesús ante Caifás y la negación de Pedro, La Coronación y La Piedad.

Además, los asaltantes robaron una naveta de plata del siglo XVIII; un cáliz, una patena y un copón, también de plata, del siglo XIX y una patena similar del siglo XX.

Dramático efecto

En el ensayo Algunas consideraciones iconológicas e iconográficas sobre las pinturas de Tomás de Merlo del templo de El Calvario de La Antigua Guatemala, el doctor en Historia del Arte Fernando Urquizú recordó que las obras del artista cumplieron una función social en la vida cotidiana de la ciudad colonial. En ese texto, Urquizú citó al historiador Haroldo Rodas quien expresó que la serie tenía un “efecto visual dramático”, que hacía meditar a los fieles en la Pasión y Muerte de Jesucristo.

“El pintor dejó una honda huella en la memoria colectiva colonial y en otras partes del reino”, agregó Rodas.

Urquizú también hizo notar en este ensayo que los cuadros de Merlo sustituyeron la serie de lienzos de Antonio Montúfar Vivar Quiñónez que desaparecieron en su totalidad después del terremoto de San Miguel en 1717. Estos cuadros habían sido expuestos por casi 50 años en El Calvario.

El robo de las obras de De Merlo fue catalogado por el historiador como “un espectáculo político siniestro”, que puso en evidencia el poco conocimiento del arte del antiguo reino de Guatemala por parte del Estado y la Iglesia.

Lo sucedido en El Calvario conmocionó a La Antigua Guatemala y por ello, un año más tarde del hecho tres artistas develaron pinturas que reinterpretaban las obras robadas. El proyecto contó con el aval y agradecimiento de la Iglesia católica. Sin embargo, integrantes de la Comisión de Investigación del Arte de Guatemala (CIAG), del Ministerio de Cultura expresaron su desacuerdo por las nuevas piezas.

“Toda religión tiene tiempos y espacios sagrados. No se pueden disociar con la inclusión de obra nueva porque se convierte en una profanación”, expresó Carlos René García Escobar, antropólogo social. En tanto, Johann Melchor, doctor en Historia del Arte, consideró que “las iglesias coloniales no fueron edificadas para exposiciones de arte moderno”.

¿Dónde están?

En FUNBA, los delincuentes efectuaron un operativo de grandes proporciones. Fuertemente armados y con pasamontañas ingresaron a las instalaciones de la organización el 16 de mayo de 2015, a las 15:00 horas. Encañonaron al personal que trabajaba en ese momento y comenzaron a saquear el lugar. Terminaron a las 20:00 horas. Fueron 287 piezas las que robaron ese día, mencionó Hernández.

Estos dos incidentes dejaron claro a las autoridades que los robos no eran cuestión de delincuentes primerizos o bandas especializadas, sino que detrás del saqueo operaba el crimen organizado. El asunto, ahora, era comprobarlo.

El jefe del Departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales reconoce que, en el comercio del arte, las obras dedicadas a La Pasión resultan poco atractivas a los coleccionistas. “Ese punto hace pensar que a alguien le gustaron los cuadros de De Merlo y pagó para conseguirlos. Una persona con recursos y que tenga un sitio donde pueda exponerlos. No precisamente es un conocedor o un coleccionista, porque a ellos no les gusta”, mencionó. Podría interpretarse más al capricho de un narcotraficante o los de un importante líder criminal.

La Fiscalía de Delitos Contra el Patrimonio Cultural investigó los dos casos y sus conclusiones apuntan al involucramiento del crimen organizado en estos hechos, en una rama poco conocida: la dedicada al robo de imágenes y piezas religiosas.

Edgar Rodenas, jefe de la sección, consideró que los delincuentes pertenecen a bandas que se dedican tanto a la extorsión, como al sicariato, el tumbe de drogas o el robo de vehículos y en algunos momentos son contratados para robar arte religioso. “Es una rama del crimen organizado”, aseguró el investigador.

“Son los mismos que un día cometen un asalto, una extorsión. Los llaman y les piden el encargo”, reconoció el fiscal.

Por el saqueo en El Calvario, el Ministerio Público (MP) consiguió capturas, pero por otros delitos, extorsión, entre ellos. Uno de los aprehendidos contó que las pinturas fueron guardadas en el Pasaje Rubio, en la capital, durante cuatro meses. Luego salieron del país, a Honduras, dijo, pero no indicó el lugar. “Mencionó que las pinturas estaban con un narco hondureño que le habían gustado”. No habló sobre quién los contrató, a dónde las llevaron o quién las recibió. Nada.

Por ese trabajo recibió Q5 mil. “No tenía idea de quién era Tomás de Merlo ni el valor histórico de las piezas”. La poca información fue compartida a las autoridades hondureñas, quienes mantienen abierto el caso, pero no consiguen avanzar. “No saben a qué cartel o a cuál capo de la droga deben investigar”, agregó Rodenas.

En el caso de FUNBA, un lote de piezas fue recuperado luego de un allanamiento por narcotráfico, en una zona de Mixco. Pero, el capturado negó que las piezas fueran suyas, así como la dueña del inmueble. Los investigadores intentaron obtener apoyo de otra fuente, pero hasta el abogado de esa persona decidió retirarse del caso por temor a que lo mataran.

Según Rodenas, investigar casos de esta índole resulta complicado por razones que comienzan con el levantamiento de la escena del crimen, la falta de registros adecuados de las piezas, la lejanía de las iglesias, la falta de personal y vehículos. La Fiscalía solo cuenta con dos agentes fiscales, tres auxiliares, un perito y un vehículo. Antes eran las tres las agencias, recordó el investigador.

La Fiscalía que dirige Rodenas está ubicada en la lotificación San Pedro El Panorama, afuera de La Antigua Guatemala, y es responsable del robo tanto de piezas religiosas como arqueológicas pero, por el escaso personal, debe esperar que de la capital procesen la escena del crimen y envíen los informes. En la provincia, son las fiscalías distritales las que hacen las primeras investigaciones, explicó Rodenas.

Las dificultades para trabajar de la fiscalía, se pueden resumir en un caso del 23 de noviembre de 2016. “En San José Pacul (Sacatepéquez) robaron imágenes muy queridas por los pobladores, las de San José y el Niño Jesús. Se procesó la escena del crimen y tardaron en recopilar evidencia. A los 15 días hubo allanamientos en casas donde decían que estaban las esculturas y no encontraron nada”, recordó Rodenas.

“A los dos meses llaman a la Fiscalía porque un grupo de personas se había metido a una casa, donde decían que estaban las imágenes, y querían recuperarlas. Fuimos, y era la casa de un trabajador del MP”, mencionó.

La acusación fue vana, ya que, las esculturas tampoco estaban en ese inmueble. A la fecha, todavía no se han recuperado.

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