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Domingo

La vía guatemalteca hacia el futuro


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En enero de 2020, cuando el gobierno del presidente Morales haya concluido, habremos perdido –como país– ocho años. Casi una década de retrocesos, deterioro, problemas acumulados en distintos planos. Si bien es cierto nunca hay avances en línea recta; lo que a nosotros nos pasó fue que entramos, desde enero de 2012, con el gobierno del Partido Patriota, en un oscuro y pesado pantano.

Después de los escándalos de la clase política, un presidente atrincherado; unas elites económicas cuyas prácticas de compra de voluntades han quedado al descubierto; la soberana irresponsabilidad y pérdida de rumbo de los funcionarios del gabinete de gobierno; en medio de la tormenta en la que estamos, creo que es posible trabajar para que en 2019 haya un cambio que nos permita construir Estado de derecho y atender las brechas de desigualdad.

Esos son los desafíos que definen nuestro tiempo: construir Estado de derecho y atender, de forma cívica y responsable, esas brechas de desigualdad: pobres y ricos, hombres y mujeres, ladinos e indígenas, rural y urbano.

Debemos volver a ser capaces de preguntarnos seriamente, ¿Cómo puede ser posible? Que la desnutrición crónica del 50 por ciento de los niños; el hambre que padece el 80 por ciento de los niños del área rural; las millones de familias que viven en la pobreza, nos indignen, nos avergüencen. Sino aprovechamos este momento el país continuará en ese estado de retroceso, y terminaremos siendo un país más violento y excluyente. Para Guatemala no hay mañana. Está en juego el futuro de esta generación y de la próxima.

La coincidencia en el diagnóstico. El sistema en su conjunto: la política, los motores del desarrollo y las condiciones sociales, en esta invención llamada Guatemala, se han agotado. En este punto de un diagnóstico muy simple, nada sofisticado, todos coincidimos: no podemos seguir así.

Lo segundo en lo que todos coincidimos es que carecemos de un proyecto viable para salir de esa situación a la que hemos llegado. Ello no quiere decir que fuerzas contrapuestas tengan proyectos propios. El problema es que por sí solos, dichos proyectos están condenados al fracaso, porque carecen de la suficiente fuerza para imponerse frente a los otros. Así de simple.  Nuestro camino, por tanto, pasa necesariamente por la articulación de las diferencias, un trabajo que corresponde a la política. La vía guatemalteca hacia el futuro está en la política.

Y aquí llegamos a constatar un tercer problema: carecemos de esa capacidad de articulación. Porque ¿quién debe llevar adelante esta articulación? Las elites. Asumo aquí que estas elites tienen conexiones con movimientos y organizaciones sociales, en distintos sectores, económicos, políticos y de diverso tipo.

La última vez que esto fue posible, hace ya dos décadas: reunir a actores contrapuestos para forjar una especie de pacto, fue en torno a los Acuerdos de Paz. Y aquello fue posible por la convergencia de una serie de factores, el más importante quizá: las armas de la insurgencia, y el convencimiento –en los empresarios– que alcanzar la paz podía ser bueno para sus negocios. Nos gusten o no aquellos Acuerdos, el hecho concreto es que hubo una agenda para moverse hacia delante. Que si se cumplieron, que porqué no, eso es algo que no viene al caso aquí.

La crisis provino de unas elites que se acomodaron a vivir en un ambiente de corrupción, de unas elites que optaron por tener la ley bajo su control. Ellos eran peces que nadaban en un mar de corrupción. La crisis se cerrará, por tanto, en el momento en que unas nuevas elites, comprometidas con el país, con el Estado de derecho y con la atención de las brechas sociales, sean capaces de arrebatar el poder a las viejas. Eso es lo que, en 2019, –el desafío lo tenemos ya enfrente– va a estar en juego.

Las elites corruptas cuentan con mecanismos de poder, instituciones, medios de propaganda, pero no cuentan con esa especie inclaudicable que, a cada tanto, les da batalla, les dice sus verdades, sale a la calle, en miles o en unos cuantos, no importa, es el factor esperanza, que los guatemaltecos tenemos como si fuera ya parte de nuestro ADN.

Las dos agendas: lo urgente y lo importante. Lo más urgente que necesitamos resolver, sin lo cual es imposible avanzar en otras esferas, es la corrupción, ese enfrentamiento entre las bandas mafiosas enquistadas en la política y en el aparato de Estado. Sin resolver esto el país es inviable. La corrupción es un pantano que paraliza la agenda pública de los más importantes asuntos que debemos resolver. El gobierno del presidente Morales, encarcelado, insultado, antejuiciado o como sea, es un accidente del cual es preciso salir, y si logramos hacerlo con los menores daños posibles, tanto que mejor.

Los corruptos estorban, son una pesada carga de la cual hay que salir con urgencia. Porque sin resolver la corrupción, y consolidar instituciones, atender lo importante –difícil como es– se hace casi imposible.

Pero, entonces, ¿qué es lo importante? Lo verdaderamente importante está en construir Estado de derecho y atender las brechas sociales que atraviesan y configuran al país. Esto es ¿cómo lograr un crecimiento sostenido? ¿Qué hacer para elevar la calidad de la educación? ¿cómo mejorar nuestro sistema de salud? ¿qué nos planteamos hacer para disminuir la pobreza? ¿Cómo llevamos adelante un programa de infraestructura que coadyuve con la generación de empleo? ¿Cómo desarrollamos un programa de construcción de vivienda? ¿cómo hacemos para que los jóvenes vuelvan a creer en la idea del progreso? ¿cómo le hacemos para reconstruir la política exterior? Se trata de un debate en torno a las políticas de desarrollo, las prioridades del gasto, las capacidades fiscales del Estado.

Si queremos ser grandes debemos ser capaces de volver a soñar, pensar en esos momentos fundacionales, cuando el Seguro Social (1946), el Código de Trabajo (1947); y desde allí ver hacia delante, con ilusión, de que en 2019 seremos capaces de hacer que nuestro país retome el rumbo.

¿Dónde terminará el peligroso drama producido por la falta de capacidad del presidente Jimmy Morales y su tropa loca? Guatemala no merece esta colisión absurda, provocada por la falta de responsabilidad, cordura, ausencia de escrúpulos y la carencia de destreza política. Un jefe de Estado no puede jamás y en ninguna parte exponer a su país a un caos provocado por él mismo. El presidente debe representar y trabajar arduamente por la unidad nacional. No es el caso de Jimmy, quien no solo no ha cumplido con su promesa de que no sería “ni corrupto ni ladrón” sino evidentemente no logró levantar un gobierno con las mínimas capacidades de gestión y administración. Basta, entre demasiados malos ejemplos, ver las actuaciones recientes con ribetes ilegales de Alfonso Alonzo Vargas, ministro de Ambiente y Recursos Naturales –MARN– y sus vuelos en helicóptero.

Cuando el joven ciudadano Roberto Rímola, según información de la propia SAAS sobre su identidad, increpó abruptamente al presidente Morales en unas escaleras no principales de un hotel donde el mandatario había hacía poco participado, no hizo sino decirle una verdad: es en tribunales donde el presidente debe solventar su situación en el marco de un proceso limpio, justo y donde prive la presunción de inocencia por parte de los jueces. He visto repetidas veces el video, que se volvió viral, y constato que el joven Rímola fue imprudente, altanero y seguramente irreverente pero me resulta muy dudoso que haya hecho algo ilegal. Es preciso resaltar que el comportamiento de Jimmy Morales durante el incidente fue correcto, no se apresuró como otras veces a amonestar de regreso sino extendió su mano y al no lograr un saludo ni una comunicación sino las palabras duras e increpadoras de Rímola se retiró con prudencia. Pero más allá de las formas, lo que Rímola le dijo a Jimmy constituye una ‘vox populi’ que refleja la situación del mandatario: evidencias y denuncias de financiamiento ilícito y la inevitable petición judicial por parte del MP para que el partido de Jimmy Morales, Frente de Convergencia Nacional FCN, sea cancelado acorde a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Es de esperarse pedidos de antejuicio para el secretario general del partido y diputado por el mismo Javier Hernández y a la postre un nuevo pedido de antejuicio al mismo presidente Jimmy.

Resulta preocupante que la SAAS y su jefe César Orlando Ramírez, de la antigua tropa loca, se apresurara a exigir la investigación de Rímola y a abonar la campaña de peligro de la seguridad nacional en lugar de hacer su trabajo. Hay que recordarle al señor Orlando Ramírez de la SAAS que es mucha más obvia la falta de profesionalismo de la oficina a su cargo en cuestiones de seguridad con dos ejemplos que hablan por sí solos: 1) ¿Cómo llegó tan cerca Roberto Rímola, evadiendo todos los círculos de seguridad y por qué no hubo ninguna intervención para prevenir y/o detener el incidente? 2) ¿Cómo se filtró el video que el presidente mostró en su cuenta de medios sociales un agitador pro Jimmy Morales y conocido anti-CICIG antes que lo presentara el presidente?

Al mismo tiempo los ‘netcenters’ se activaban en difundir fotos de Rímola tomadas por él mismo con el comisionado Iván Velásquez, con el ánimo de confundir y reforzar el acoso del Ejecutivo sobre el Ministerio Público-MP y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala –CICIG–. Días antes había sido el ministro de del Interior el que hiciera un circo público y mediático señalando acoso de agentes de la CICIG en su residencia, algo pronto desmentido por la CICIG y que ante las evidentes circunstancias resultó no cierto. El mandatario por su parte había hecho públicos videos arreglados acusando de allanamiento de Casa Presidencial a la CICIG, reuniendo luego al llamado Consejo de Seguridad para analizar la situación de seguridad nacional según él afectada por las acciones de la CICIG. Una semana antes el mandatario acuerpado por el Alto Mando del Ejército en una acto oficial había despotricado contra la CICIG anunciando que se investigaría a los fiscales de la misma, en realidad al jurista César Rincón que lleva el caso contra el hijo del presidente y su hermano ‘Sammy’. Nuevamente las motivaciones privadas del presidente Morales, llevadas con burda emocionalidad, se ponen delante de los intereses nacionales y de la unidad de la Nación en torno a la preservación institucional. Y no tardó un lacayo fascista, de la maquinaria que combate a la CICIG, en presentar al Ministerio de Relaciones Exteriores una petición de ‘non grato’ para Rincón. La Canciller de la vergüenza Sandra Jovel, que tiene una situación pendiente por una adopción señalada de ilegal, podría obedeciendo órdenes declarar ‘non grato’ al fiscal de la CICIG que lleva el caso contra los familiares del presidente.

En el Congreso, el llamado pacto de corruptos intenta a toda costa y contra toda lógica parlamentaria y ética, blindar a los responsables de financiamiento ilícito. Tendría en cambio que investigarse más el papel del “embajador” Mérida en Estados Unidos asignado por Jimmy Morales para juntar fondos para la campaña y fiscalizar si este fue el caso, verificar a dónde fueron a parar esos dineros y clarificar no solo si se agregan al financiamiento ilícito sino se abre la posibilidad de lavado de dinero en el mismo territorio de Estados Unidos.

Se trata, como lo afirmaron seis altos empresarios después de la conferencia de prensa del MP y de la CICIG, de un parte aguas en la historia reciente del país y por eso pidieron disculpas al pueblo guatemalteco. Una situación que se confirma más y más en el proceso en que voluntariamente han declarado las empresarias Paulina Paiz Riera y Olga Vitalina Méndez López y también el peso probatorio que puedan tener las declaraciones de Rodrigo Arenas del Movimiento Cívico Nacional y Andrés Botrán, señalados por el MP y la CICIG de ser operadores del financiamiento ilícito del partido del presidente. De ahí que el camino a los tribunales de Jimmy Morales no es una fantasía de conspiradores comunistas y/o de terroristas judiciales sino un escenario que en la realidad parece sostenerse cada vez más.

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