Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Las prostitutas le pagan las cuentas a una clica de la MS

Fecha de publicación: 22-04-18
Por: Paolina Albani y Elsa Coronado
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Millones de quetzales salen anualmente de las manos de pequeños empresarios y de vendedores de la economía informal, incluso de prostitutas, para mantener a un ejército de colaboradores e integrantes de la Mara Salvatrucha y del Barrio 18, que han hecho de la capital guatemalteca y los municipios aledaños, su territorio. El dinero que recaudan puntualmente lo utilizan como una caja chica de la que sale para la subsistencia de sus miembros y el manejo del negocio.

Compran alimentos, medicinas, armas, droga, licor. Pagan los sobornos en las cárceles y los honorarios de abogados para que saquen de problemas legales a sus pares. El dinero se disuelve tan rápido como llega y apenas transforma el estilo de vida de los pandilleros.

– Yo soy MS. Comencé a andar con estos batos a principios de febrero de 2013. Empecé a juntarme con ellos por un puro de mariguana. Después que pasó un tiempo empezaron a tirar la vibra que ellos eran de la mara y que si yo quería tener lo que ellos tenían: drogas, mujeres y dinero, que me fuera a vivir con ellos.

Así empieza el relato que Sergio Gudiel Vásquez rindió como declaración en anticipo de prueba ante la jueza Quinto de Instancia Penal, Judith Secaida, el 16 de noviembre de 2015. El muchacho, que entonces tenía 19 años, era apodado Minimix y decidió presentarse voluntariamente a tribunales para revelar los secretos de su clica, la Black Demon, y los de la Santos Locos Salvatruchas (SLS). Dos facciones de la Mara Salvatrucha (MS-13), una de las dos pandillas dominantes en el país, que en 2012 fue catalogada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como una “organización criminal transnacional”. Una estructura que destaca por su capacidad organizativa para cometer asesinatos, extorsiones y provocar caos social.

Por eso no era poca cosa que Gudiel Vásquez, Minimix, estuviera ese día ante un juzgado, para revelar los secretos de su gente.

– Me fui a vivir ahí por el Pasaje de San Jorge, en una casita celeste. Me dijeron que siguiera las órdenes y todo iba a estar de pinta.

Y así lo hizo. Vivió entre la pandilla y esta se convirtió en su familia. Hasta que decidió delatarlos. Ante la jueza describió cómo se planificaron cinco asesinatos selectivos en contra de supuestos rivales, entre ellos un grupo de estudiantes de colegio. Detalló quiénes guardaban las armas, identificó a los distribuidores de droga, a los sicarios de las dos clicas, y contó cómo los jefes coordinaban y pedían cuentas de las extorsiones. Incluso de las cuotas diarias que le imponían a las sexoservidoras que trabajan en los diminutos cuartos de la antigua “línea” del ferrocarril, desde la 7a. hasta la 10a. calle de la zona 1 de la ciudad.

De la declaración de Gudiel Vásquez se rescatan muchos detalles. Contó que frecuentaba La Línea (del ferrocarril) porque tenía una “jaina” (novia) en el área. Entabló comunicación con los paros, que son los encargados de recoger el dinero de la extorsión. Ellos le tomaron confianza y le revelaron que las prostitutas tenían que pagar Q25 (US$3.38) diarios o Q175 (US$23.7) semanales, para que las dejaran
trabajar y vivir en el área.

Gudiel Vásquez aseguró que escuchó que un hombre apodado el Extraño se comunicaba por teléfono con sus paros y colaboradores, para pedirles cuentas del cobro en cada habitación en donde había prostitutas. En ocasiones se recolectaba la cuota de 144 mujeres y hubo días en que todas las habitaciones estaban llenas y le cobraban a 165 mujeres.

De eso dependía la recaudación, que podía llegar hasta Q28 mil 875 (US$3 mil 912) semanales. Un aproximado de Q100 mil 800 al mes (US$13 mil 658), Q1.3 millones al año (US$176 mil 151) y Q3.6 millones en tres años (US$528 mil 455), según los cálculos que el MP incluyó en el expediente judicial.

El interrogatorio

Fiscal: ¿Podría explicar cómo es el cobro que les realizan a estas mujeres?

Sergio: Les van cobrando de cuarto en cuarto.

F.: ¿Ese dinero que les cobran, por qué es?

S.: Porque dicen que las van a proteger de cualquier cosa, media vez estén en el territorio de ellos.

F.: ¿El dinero lo entregan porque quieren o bajo amenaza?

S.: Siempre les dicen que lo tienen que dar, si no lo hacen les dicen que se tienen que ir de ahí.

F.: ¿Qué pasa si una sexoservidora no paga ese dinero?

S.: Se le dice que se vaya o si no las van a matar.

Dos hombres están señalados de decretar, coordinar y dirigir los asesinatos de mujeres. Uno de ellos es Silvestre David Lemus Ramírez, alias el Extraño, ranflero (jefe de la clica), de 37 años, preso en la cárcel El Boquerón, en Cuilapa, Santa Rosa. A quien se le acusa de ordenar el asesinato de pilotos de transporte público y de organizar la muerte de ocho personas más –entre ellas cinco sexoservidoras– que lograron sobrevivir porque la Fiscalía contra las Extorsiones tenía las llamadas interceptadas.

Es normal que en las cárceles se orquesten muchos de los crímenes que causan pavor en las calles del país. Los reos, como el Extraño, tienen acceso a teléfonos celulares y desde ahí coordinan amenazas, ataques, muertes. Lo saben las autoridades desde hace mucho, pero nadie ha podido quitarles ese poder.

El otro señalado de los crímenes fue Walter Artemio Cifuentes Ortiz, un hommie brincado (persona que ordena los asesinatos y también coordina la extorsión) apodado el Payaso.

La colaboración de Gudiel Vásquez, las más de 150 interceptaciones telefónicas que realizó el Ministerio Público (MP) y el relato de una informante, de quien solo se puede decir que vivió de cerca las amenazas y el pago de la cuota, sirvieron para identificar la participación de 23 personas, entre miembros de la clica SLS y colaboradores, que se encargaban de cobrarle a las prostitutas, de ejecutar secuestros y homicidios en el área.

En su declaración, Sergio explicó más detalles de la estructura y de cómo se repartían el dinero.

Fiscal: ¿Qué es un hommi brincado?

Sergio: Es uno que solo da órdenes cuando lo brincan
–cuando asciende–.

MP: ¿Por qué solo da órdenes?

S.: Porque ya son hommis brincados, porque ya hicieron lo que uno viene haciendo.

F.: Aparte de dar órdenes ¿realizan otro acto?

S.: Solo estar posteando –mirando–, estar controlando las pegas –asesinatos–.

F.: Podría explicar ¿qué es postear y qué es una pega?

S.: Una pega es cuando vamos a matar a alguien y estar
posteando es de estar viendo que no haya nadie que nos vaya a poner el dedo a la hora de hacerlo.

F.:¿Reciben un beneficio económico por la colaboración y cuánto reciben?

S.: Sí reciben beneficio y es de mil quetzales.

F.: En el caso de los ranfleros, ¿cuánto es?

S.: Es de 2 mil quetzales.

F.: En el caso de los brincados, ¿cuánto es?

S.: Mil quetzales.

F.: En el caso de los chequeos, ¿cuánto es?

S.: Es de mil quetzales.

F.: En el caso de los paros, ¿cuánto es?

S.: Es de 300 quetzales.

F.: En el caso de los halcones, ¿cuánto es?

S.: Hay veces que se les da de 100 a 200 quetzales.

Gudiel Vásquez, Minimix, contó con naturalidad los detalles de su grupo. Pero cuando le cuestionaron de sus motivaciones y lo que esperaba al revelar esa información ante la jueza y la Fiscalía contra las Extorsiones del MP, apenas dijo: “Estoy arrepentido” y “que se haga justicia”.

Gudiel Vásquez sabía de las operaciones de las dos clicas porque lo vivió todo. Confesó que asesinó a dos pilotos de la Ruta 4 del servicio público de buses porque el ranflero de la clica Black Demon “lo ordenó”. Una de sus víctimas fue el piloto Alberto René Gutiérrez Navarro, de 30 años, quien luego de los disparos dejó el bus a la deriva, hasta que se estrelló en el paredón de una escuela para niñas en la zona 6. Murió el 27 de mayo de 2014, rumbo al hospital. Gudiel Vásquez, el Minimix, iba acompañado de cuatro personas cuando disparó el arma: el conductor de la motocicleta en la que escapó, dos vigilantes y el ranflero, que coordinó y observó a la distancia.

La muerte del piloto era una advertencia a todos los transportistas de esa ruta, porque habían subestimado las amenazas de este grupo: entregaron el teléfono en donde recibían las llamadas extorsivas a la pandilla rival. La tarifa de los autobuseros va de Q20 mil a Q40 mil por ruta, según las denuncias que conoce el MP.

Los buses rojos de la Ruta 4 fueron sustituidos por el Transurbano en 2015, para evitar esos cobros.

Gudiel Vásquez no solo describió las funciones que tenían los integrantes de la clica y sus colaboradores. También le puso rostro a los alias que citaba con espontaneidad, porque tuvo que identificarlos a todos en los álbumes fotográficos de la Policía Nacional Civil (PNC).

Reproducimos el testimonio de Gudiel Vásquez porque su vida ya no corre peligro. Cuando dio su declaración estaba en el programa de protección a testigos del MP. Lo habían aislado de su rutina y estaba resguardado en una casa. Pero se cansó del encierro voluntario y en medio del proceso judicial decidió volver a las calles. Lo mataron el 29 de marzo de 2017 dentro de un bus urbano que iba de la zona 18 hacia la zona 1. Las autoridades sospechan que su muerte fue ordenada por los Black Demon.

Porque la pandilla, que un día es la familia, también puede convertirse en la peor pesadilla, en el verdugo. No se sabe si a Gudiel Vásquez lo mataron porque descubrieron que los traicionó. Él llegó a ocupar un puesto como chequeo, un vigía antes y durante los ataques armados, y también fungió como sicario. La clica que lo armó, también puede arrebatarte la vida a plomazos.

¿Qué pasa con el dinero de las extorsiones?

Las pandillas saben que la extorsión es su fuente permanente de ingresos. Si la repartición del dinero se hacía como dijo Gudiel Vásquez, el Minimix, cada semana se necesitaban hasta Q15 mil (US$2 mil 32) para pagar los servicios de la estructura: Q6 mil para los jefes, Q6 mil 400 entre los demás subalternos y de Q1,300 hasta Q2 mil 600 para los colaboradores, que oficialmente no son miembros de la clica. Esto es, cerca del 66 por ciento de lo que recaudaban cada semana solo entre las sexoservidoras.

La clica SLS, por supuesto, tenía sometidos a tenderos y propietarios de tortillerías, carnicerías, farmacias, salones de belleza, ferreterías y heladerías, entre otros. Y de cada comercio recibía cuotas puntuales, igual que de las mujeres de La Línea.

El dinero que captaban tenía múltiples fines. Teléfonos, armas, municiones, abogados, entre muchos otros rubros.

El 21 de agosto de 2015, el MP interceptó una llamada telefónica en la que se nota la forma en que los subalternos rinden cuentas a el Extraño de los gastos que realizan y reciben instrucciones de la distribución del dinero. Jahaira Saavedra, alias Yaya reportó, según consta en el archivo judicial, que recaudó Q1,600. El Extraño le instruyó para que le entregara Q300 a Mimi, una mujer que a propósito le debía Q300. En ese mismo teléfono, alias Nico explicó que contrataron los servicios de un abogado (sin citar nombre o detalles del caso) al que le pagaron Q3 mil 500 por un memorial, que presentó tres y que uno fue directamente a la Fiscalía. También hablaron sobre los trámites de un vehículo en proceso de extinción de dominio. Hicieron cuentas de que solo de parqueo se debían Q32 mil 500.

Carlos López, un expandillero del Barrio 18 que logró salirse de la clica en el 2004, luego de cinco años de participación, antes del rompimiento del Sur –el pacto de no agresión entre MS-13 y los 18– explica que hay algunas similitudes en cómo las dos pandillas se reparten el dinero.

–Cuando reciben el dinero, los paros toman su parte y también descuentan el (precio del) taxi que lleva la plata al jefe. Se gasta en armas porque siempre se pierden cuando los agarran; también pagan deudas hacia alguien que los favorece, incluso hay personas que tienen que mantener refugiados (evadidos de prisión), darles alimentación, ropa, a veces alquileres de casa.

El dinero no va solo al “funcionamiento o salario de sus colaboradores y miembros”, dice Carlos López. La informante que contribuyó en la investigación del caso, narró que hay pandilleros que tienen vicios que mantener y el dinero no les alcanza.

Según su relato, el Extraño tiene fetichismos caros.

–A él le gustan patojas de 13 y 14 años. Paga 3 mil (quetzales) por una virga (virgen) y si ya no lo es, paga 1,500 (quetzales). Le gustan mucho las patojitas, aunque cada miércoles se van varias mujeres de La Línea para darle servicio. Piden que uno les mande foto de todas. Y nada de si quieren o no, tienes que ir y punto.

El Ministerio de Gobernación no da cuenta de casos de trata de personas o fomento a la prostitución de menores de edad en prisión. “No (hay casos) como tal pero se ha impedido que algunos privados no tengan visita de jóvenes menores para evitar abusos sexuales”, aseguró Ricardo Guzmán, viceministro de Seguridad de esta cartera.

En 2010, sin embargo, el entonces ministro de Gobernación, Carlos Menocal, conoció dos denuncias de trata de niñas en el Sector 11 del Preventivo de la zona 18. Le informaron que entraban jovencitas bajo amenazas de muerte a sus familias, que incluso pasaron una semana encerradas con los pandilleros del Barrio 18. Menocal recuerda que restringieron la visita de menores de edad, pero eso solo desató las amenazas de los pandilleros. El caso no se investigó porque el informante no se atrevió a denunciar.

En prisión la fiesta es permanente. Licor, drogas, comida, peleas de gallos. Claro, para tener acceso a todo eso deben darle una tajada al personal penitenciario que, técnicamente, está ahí para cuidarlos y cumplir estrictos reglamentos. Hay quienes colaboran voluntariosos a cambio de una paga, o bien para no sufrir las consecuencias.

Dos investigadores policiales revelaron que durante una requisa en la cárcel El Boquerón, en 2014, el Director de la prisión les negó el acceso “porque los pandilleros no habían dado el permiso”. En otra ocasión les permitieron realizar la revisión pero no les dejaron incautar ningún aparato. “Casi todos tenían televisión y estaban viendo los partidos del mundial”, recuerda uno de los entrevistados.

Algunos pandilleros padecen el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y necesitan medicamentos. Los reportes del Sistema Penitenciario (SP) indican que de los casi 20 mil detenidos, 130 personas padecen el virus. La mayoría, 112, son hombres.

Cuando cae preso alguno de los integrantes de la clica, la pandilla que al mismo tiempo es la familia, les apoya con la manutención de las parejas y los hijos, que no son pocos. “¿Usted cree que las mujeres y los hijos de los pandilleros pasan penas?”, cuestiona la informante, quien accedió a una conversación con las reporteras. Con una sonrisa en el rostro, casi burlona responde: “A ellos les pagan la leche y los pañales sin falta y hasta el colegio para los hijos”.

Los pandilleros se alarman cada vez que les restringen las visitas y el acceso a las encomiendas. Porque esa es la vía exclusiva para acceder al dinero, a la comida (porque no comen la que provee el SP), a los chips de teléfono y a los aparatos electrónicos.

La informante supo que el efectivo de la extorsión entra a El Boquerón, en donde están recluidos los pandilleros de la MS-13, “envuelto en bolsas plásticas dentro de las cajas de comida rápida como Domino’s pizza o hamburguesas de McDonald’s”.

Si se sumaran las cuotas que todos los extorsionados le han pagado a las diferentes clicas (grupos) de la Mara Salvatrucha (MS) y el Barrio 18, desde el 2008, cuando el fenómeno repuntó y eligió a los pilotos de transporte urbano como sus víctimas predilectas, se podría inferir que cada facción de estas pandillas se ha hecho millonaria.

Pero no hay nuevos ricos entre los pandilleros guatemaltecos. Al menos no entre la base operativa de cada clica. Eso se confirma cada vez que el MP arma un caso en contra de estos grupos, porque se topa con que el ejército de hombres y mujeres vinculados a estas bandas residen en las mismas zonas, calles y colonias de estratos bajos en donde viven o comercian la mayoría de personas a las que explotan y matan. Un fenómeno que el sociólogo Virgilio Álvarez denomina como “la extorsión a sus iguales”, porque le roban a los de su misma condición socioeconómica.

Un ejemplo es Andy Santana García Vásquez, alias el Andy. Un joven de 25 años que vivió su infancia en la colonia Santa Faz, en la zona 6 de la capital. Que se integró a la pandilla en ese lugar y que ahora es el terror en esa comunidad. La sola mención de su nombre hace temblar a los vecinos, que lo vieron crecer y transformarse en pandillero.

“Yo lo veía cuando de patojito se entraba a robar a las casas” recuerda una vecina. El Andy pertenece a la clica Crazy Rich del Barrio 18. Lo último que se supo de él fue que se fugó en 2016 de la cárcel Fraijanes I y que lo recapturaron el 6 de abril de 2017 en una casa descuidada, de cuatro niveles, en la colonia Santa Marta, en Chinautla. A pocos kilómetros de Santa Faz. Su refugio, como era de esperarse, tiene una historia controvertida. La casa aparece registrada como sede de la constructora Aguirre Hermanos, una empresa de cartón que usó el exalcalde de ese municipio, Arnoldo Medrano, para lavar dinero de la comuna.

En la vivienda, el Andy tenía una colección de zapatos tenis de la marca Adidas, gorras planas de esa misma marca y Nike. Zapatos de vestir, máquinas para ejercicios, anillos, cadenas, armas y municiones. Esas eran todas sus posesiones visibles.

Aunque la Fiscalía contra Extorsiones del MP elabora los cálculos de la defraudación al patrimonio en cada caso que ha sido denunciado (Q16 millones en los cinco grandes operativos realizados de mayo de 2016 a julio de 2017), ni en esa oficina ni en ninguna otra del MP u otra institución, se han ocupado en analizar hacia dónde va el dinero.

Algunos quieren invertir

Se sospecha que algunos pandilleros de la MS han migrado del crimen a la legalidad, al establecer negocios como ventas de vehículos usados, mototaxis o pequeños comercios. Sin embargo, hasta ahora no hay ninguna empresa que haya sido perseguida por la Fiscalía contra el Lavado de Dinero. Del Barrio 18 solo se sabe que despilfarra todo lo que llega a sus manos.

Solo en dos ocasiones se le ha arrebatado el patrimonio a los pandilleros de la MS. Ambas ocurrieron en 2015.

La primera fue producto de una requisa realizada en El Boquerón. La PNC y los fiscales encontraron Q70 mil 710 en fajos de billetes de diferentes denominaciones, escondidos en un compartimiento en el techo de un sector de los pandilleros y otro debajo de una pila en el área de los paisas (los que no pertenecen a una pandilla). Casi todo el dinero estaba en el área de los MS-13.

Marco Antonio Villeda, juez de Extinción de Domino que conoció el caso, recuerda: “Mandé a notificarles a los reos para ver quién reclamaba el dinero”. La ley lo obliga a esperar un lapso para que alguien reclame la propiedad de los bienes. Por supuesto que nadie acudió a dar explicaciones de cómo llegó ese dinero a prisión y por qué lo tenían escondido. El juez, entonces, resolvió trasladar todo a la propiedad del Estado.

El segundo caso fue el de una casa valorada en US$32 mil 659 que pertenecía al ranflero de la clica Harvar Locos Salvatruchas, Allan Brus Andrino Valle, alias el Finter y a su esposa Leslin Marcela Chávez Díaz. La vivienda se ubica en el Residencial La Cúpula, en Jocotenango, en el central departamento de Sacatepéquez, y fue pagada con un enganche de US$2 mil y 17 cuotas de US$1,597.74. A el Finter lo capturaron en esa vivienda acusado de delitos de extorsión, asesinato y asociación ilícita. Su esposa no pudo demostrar la legalidad del dinero con el que pagó la casa en donde vivía y la perdió. Ahora le pertenece al Estado.

El flujo de dinero es vital para la sobrevivencia de una clica. Por eso la jefa de la Fiscalía contra las Extorsiones, Emma Flores, resalta que les han pedido a las víctimas que denuncien a sus agresores. “Sin dinero no pueden corromper autoridades ni comprar armas. El dinero es lo que los hace más fuertes”, concluye.

Un ejecutivo de una empresa repartidora que distribuye productos de abarrotería en todo el país, que pidió no ser identificado, ni él ni su producto, refiere que “el pandillero ha diseñado un modelo territorial para que todo lo que exista dentro de un área pague una renta”.

Se escuchan voces de empresarios que reconocen que les imponen una cuota hasta en zonas en donde no hay pandillas. Y tienen que pagar con tal de vender. Las empresas saben que los monitorean, que les llevan la cuenta de la frecuencia con la que llegan a dejar productos. Denunciar no es suficiente, pagar, en cambio, es una obligación. “Sentimos que estamos en jaque mate, sin poder hacer algo para revertir la extorsión”, dice este ejecutivo, decepcionado.

Las penurias de La Línea

Mientras el Extraño exigía el dinero de la extorsión a las prostitutas de La Línea, a ellas no les quedaba más que posar frente a sus puertas para atraer más clientes. En ese lugar de trabajo, todas tienen una historia para contar. Algunas son víctimas de violencia, de trata, o son migrantes centroamericanas. Unas tienen hijos y esposo; otras han logrado ponerle un negocio a la mamá o pagan los estudios de los hijos. Cada vez que ofrecen sus servicios piensan en cómo cubrir todas sus necesidades. Mientras, el cliente les regatea la tarifa y ellas se aferran a cobrar Q40 o Q50 por unos minutos de sexo con “pose y oral”.

Cuando amarran el trato se encierran en esa habitación en donde a veces apenas cabe un catre tamaño imperial y una silla. Con cada servicio logran reunir un poco para la extorsión, otro tanto para pagar el cuarto, para sobrevivir y mantener a las familias, en ese orden de exigencias.

En el 2006 el director de cine español Chema Rodríguez estrenó el documental Las Estrellas de La Línea, en el que mostraba esa cruda realidad. Los sueños y sinsabores de la prostitución en ese rincón de Guatemala.

La vida que mostró el cineasta sigue tal cual la retrató. Pero entonces no se habló de la extorsión. Ni de las mujeres que han sido asesinadas porque no llegaron a la tarifa semanal para la clica.

En La Línea, las mujeres han vivido bajo el yugo de una clica que las amedrenta, abusa de ellas y las mata con total impunidad. Aunque la sede central del MP y de la Dirección de la PNC están a unos pasos de distancia del lugar en donde trabajan, ninguna se atrevió a denunciar.

En 2015 la informante de la que hemos comentado en este texto, se atrevió a hablar. El asesinato de una amiga, que trabajaba en La Línea y la certeza de que era la pandilla la que había ordenado su muerte, le hicieron vencer el temor. En un trozo de papel escribió: “Tenemos miedo” y anotó un número telefónico sin colocar un nombre. El papel lo recibió una mujer policía y de ahí ese pequeño llamado de auxilio hizo un recorrido por varias manos hasta la Oficina contra Extorsiones de la División Especializada de Investigación Criminal (DEIC) de la PNC.

“Al principio no tenía confianza, ni en los policías ni en los fiscales”, recuerda. Pero necesitaba hablar y lo contó todo. Explicó que una pareja de esposos apodados el Flaco y la Canche, además de extorsionarlas las obligaban a pagar una doble cuota porque les entregaban paquetes de 20 galletas vencidas para que las vendieran. Ese era el negocio individual de la Canche, al que no podían negarse, porque “con la Canche no se jugaba, si amenazaba con matarte no era en vano”. La pareja ya está en prisión y enfrenta juicio.

No hay un dato exacto de cuántas mujeres murieron a manos de la clica. Algunas aparecían degolladas o con disparos en sus cuartos, otras eran atacadas en la calle, lejos de La Línea. Solo las víctimas y sus compañeras sabían de dónde venía el ataque. Hasta ahora, nadie les ha hecho justicia.

Con el método de interceptaciones telefónicas, el MP identificó que el Payaso movía a los jóvenes sicarios. “Vamos a reventar una piñata”, era la clave para matar.

Con las alertas que daba la informante, los investigadores policiales –que tampoco pueden ser identificados en este texto– lograron evitar, dicen, 30 muertes.

En la PNC hay 42 investigadores dedicados a indagar extorsiones, y lo hacen en medio de carencias y riesgos. Para monitorear los movimientos de la clica SLS, los policías no podían usar chalecos antibalas porque los únicos que tienen, están rotulados con el símbolo de la PNC. Tampoco disponen de muchos vehículos para hacer las vigilancias. En la investigación contra los SLS usaron sus propios teléfonos para documentar el momento en que los colaboradores pasaban a los cuartos a cobrar las cuotas.

Santos Damicela Portillo, una de las colaboradoras de la SLS detenida, le dijo al juez que ella recibía Q25 en cada cuarto porque vendía almuerzos. Los fiscales refutan su versión porque en ese sector el precio de una comida no pasa de Q10 o Q15. Los investigadores sostienen que Portillo fue una de las recaudadoras.

“Ellos (los colaboradores) son ayudantes sin un puesto dentro de la estructura, porque no han hecho los méritos suficientes para pertenecer al grupo o tampoco lo han pedido; sin embargo, para la ley sí lo son”, refiere Juan Amílcar Ozorio, jefe de Litigio de la Fiscalía contra Extorsiones del MP. Por esa razón esta mujer fue detenida y sindicada, junto a 22 más de asociación ilícita, extorsión y conspiración para cometer asesinato.

La pandilla se regenera

De mayo de 2016 a julio de 2017, el MP ha lanzado cinco operativos masivos en los que ha pedido la detención de poco más de medio millar de personas bajo la sindicación de pertenecer a las pandillas MS-13 y Barrio 18. Entre los acusados hay hombres y mujeres, jóvenes y adultos que figuran como colaboradores.

Entre los detenidos hay varios adolescentes, porque las clicas saben que cuando se es menor de edad la pena por asesinato no puede ser mayor a seis años de detención en un correccional. A un adulto le pueden imponer una sentencia de hasta 50 años, que es la pena máxima en el sistema penal guatemalteco.

María del Carmen Baldizón, coordinadora de la Unidad de Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal del Instituto de la Defensa Pública Penal (IDPP), recuerda que en 1997, cuando empezó a laborar en esa oficina, a los jóvenes se les detenía por casos leves. “Robos de gallinas, pan, lentes”.

Con el tiempo los delitos se han agravado y la cantidad de jóvenes detenidos va en aumento: “Portación ilegal de arma, homicidio, extorsión y violación”, refiere Baldizón.

Una de las cualidades de la pandilla es su capacidad para regenerarse. Como los invertebrados, cada vez que el MP y la PNC les captura a algunos integrantes, ellos se recomponen. ¿Cómo? Muy fácil: atrayendo a nuevos adeptos. Y todo comienza como con Gudiel Vásquez, el Minimix, con un ofrecimiento sencillo: “Drogas, mujeres, dinero”.

Baldizón relata que en las entrevistas que ella y su personal han realizado a jóvenes detenidos, les han confesado que su relación con la clica empezó por un celular. Un objeto de moda que en su pobreza no podían comprar.

López, el expandillero del Barrio 18, que logró rehacer su vida y ahora trabaja en una dependencia del Estado, cuenta que “hoy en día le dan un salario de Q1,500 mensuales a los patojos”. Una cantidad irresistible para miles de jóvenes sin acceso a oportunidades. Bajo la única condición de dejar los estudios y la casa y trasladarse a vivir con ellos. Así como se lo pidieron a Sergio Gudiel Vásquez.

Porque como explica el sociólogo Álvarez, “los pandilleros tienen, en su mayoría, antecedentes de pobreza y falta de oportunidades”. Por eso, “cuando hay hambre es más fácil conseguir a nuevos reclutas” concluye.

Por eso no extraña que mientras el MP trata de ganar un juicio en contra de la clica SLS, otro grupo esté instalado en La Línea para continuar con la extorsión. Porque mientras este fenómeno sea la fuente de financiamiento para los pandilleros y miles de jóvenes y adultos de los barrios pobres del país, al MP y a la PNC no les alcanzarán las manos para detenerlos a todos. En La Línea, mientras tanto, un anuncio les llegó a todas las mujeres: la tarifa aumentó a Q200 cada semana.

 

Este reportaje fue elaborado en el marco del Ciclo de Actualización de Periodistas (CAP)

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