Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Heridas que no han sanado

Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 15-04-18
fotoarte: Jorge de León Por: José Andrés Ardón
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Existen momentos en la vida de las personas que hacen recordar algún daño que han sufrido años, o incluso, décadas atrás. Muchas veces estas heridas ya han cerrado y el malestar del recuerdo dura solamente unos instantes. Sin embargo hay otras heridas que al destapar el vendaje que las cubría y que pretendía cicatrizar, muestran sobre la piel una serie de heridas que no han sanado y que parecen estar más abiertas de lo esperado. Para los guatemaltecos, este momento llegó hace dos semanas cuando falleció una figura polémica para la política y la historia de nuestro país. La muerte del Presidente de Facto Efraín Ríos Montt trajo nuevamente a la vida la confrontación que en papel habíamos dejado atrás hace ya veintidós años.

El conflicto armado interno que duró treinta y seis años causó, no solo un retraso inimaginable en nuestro país en términos económicos y políticos, sino también miles de familias que sufrieron pérdidas de un lado o del otro. Este sufrimiento ha sido lastimosamente heredado a nuevas generaciones que replican los prejuicios y paradigmas que han escuchado una y otra vez de sus familiares o que incluso institutos educativos se han encargado de promover. Si existe algo peor que los crímenes que se cometieron por parte de ambos bandos es la mutilación en la mente de aquellos que hoy se han radicalizado sin necesidad alguna.

El punto más álgido del conflicto fue protagonizado por el personaje antes mencionado, quien tuvo que responder ante grandes dificultades que cualquier político en la actualidad sería incapaz de resolver. Aun así se han criticado sus políticas ciertamente severas pero que respondían a un contexto que quienes hemos nacido posconflicto ignoramos por el simple hecho de no haberlo vivido. Sin embargo, una figura tan polémica solo debe ser analizada y comprendida en un tiempo prudente que permita una visión más objetiva de los sucesos. A pesar de ello, no han faltado las personas que aprovecharon su vida y su muerte para beneficio personal en términos políticos y económicos a costa de un futuro unido para el país.

Todo esto se pudo ver plasmado en los medios de comunicación, redes sociales e incluso en la Plaza de la Constitución. Estas formas de expresión se han convertido en canales de insultos, calumnias y difamaciones que hacen creer a toda la población que uno se tiene que identificar con una postura u otra. Se nos olvida que existen personas más allá de la pantalla que en su día a día reconocen la importancia de recordar nuestro pasado pero que están enfocados en construir un presente y un futuro que supere esta narrativa.

Sin duda alguna aún existe una polarización en la sociedad que había estado oculta o a la espera de salir a la luz en estos últimos años. Las personas han encontrado un consenso en luchar contra la corrupción con sus respectivos puntos de vista, no obstante parece que estamos lejos de un consenso más allá de la coyuntura. Y así, mientras las figuras polémicas de nuestro país parten de este mundo poco a poco, los nuevos liderazgos pretenden mantener las heridas abiertas de un pasado que acordamos superar. Hasta que esas heridas no cicatricen, seguiremos buscando cualquier razón para pelear y olvidar nuestra responsabilidad como ciudadanos y como generación de proveer un futuro exitoso para Guatemala.


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