Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Síndrome de Ipala y la corrupción

Fecha de publicación: 08-04-18
Jorge de León > Elperiódico
Por: Jaime Barrios Carrillo

“La sociedad guatemalteca debe decidir”

Iván Velásquez Gómez

 

La semana pasada fue intensa, con sucesos “insólitos” y revelaciones adivinadas, en gran medida esperadas. Escuchar las palabras del colaborador eficaz Juan Calos Monzón es como adentrarse en una crónica delincuencial casi novelesca. Es más, la realidad parece haber superado a la ficción. Las palabras de Monzón nos dejan casi sin palabras. Se trata de la descripción detallada de una estructura criminal y sus entarimados ocultos, concebidos y planeados para cooptar todo un Estado, con el objeto de robar, de hacerse de grandes sumas millonarias del erario público a través de coimas, sobornos, compras fraudulentas de servicios
y bienes y licitaciones viciadas.

El caso de Cooptación del Estado le ha dado la vuelta al mundo y constituye un proceso paradigmático, ejemplar, hasta ahora único de lucha efectiva contra el cáncer de la corrupción. Se ha dicho hasta el cansancio que no tenía cura este cáncer pero la CICIG y el MP nos han venido a demostrar que si hay una medicina que sirve: la investigación científica e imparcial del delito y la persecución judicial del mismo para llevarlo a juicio con enormes posibilidades de éxito. Ya no hay cabida para dudar de que se está avanzando, solo los pro corruptos pueden seguir combatiendo a la CICIG y al MP. Jimmy Morales debe cesar de sus vanos intentos de defender la impunidad y la corrupción, escondiéndose detrás de un grotesco antifaz, es decir asegurar sin ninguna base de que la CICIG sobrepasó su mandato, que no se respeta la presunción de inocencia de los acusados y bobadas por el estilo. Debe cesar de apoyar campañas negras, netcenters, quitarle policías investigadores a la CICIG, enviar a la Canciller de la vergüenza a complotar en la ONU contra Velásquez y nombrar ilegalmente “embajadores” en los Estados Unidos para cabildear contra el comisionado.

Las palabras de Monzón respaldadas, entre muchos elementos probatorios, por el testimonio de Eco González y las cuantiosas evidencias materiales y testimoniales presentados por la fiscalía y la CICIG, demuestran cómo se debe trabajar profesional y científicamente en la persecución integral del delito. Esto es un quiebre de quiebres. Un parte aguas en la historia judicial del país y que pone a Guatemala en un lugar digno en el mapamundi.

Daba pena escuchar los alaridos agresivos de la defensa ante las preguntas relevantes del juez Gálvez sobre la ausencia del general Otto Pérez y de la ex vicepresidente Roxana Baldetti. Tuvieron la oportunidad de presentarse, con valentía y dignidad, y hacer sus descargos, sus explicaciones, sus preguntas. Pero prefirieron evitarlo, cobardemente se quedaron en sus celdas y mandaron a su cancerbero jurídico a ladrarle al juez.

La CICIG ha marcado la diferencia en diversos casos. Por ejemplo Construcción y Corrupción resulta un triunfo de la justicia y otro duro golpe a la impunidad. El reconocimiento en procesos abreviados de los empresarios de la construcción acusados, marca un rumbo novedoso. Resulta también positivo que la Cámara de la Construcción asuma un papel activo en la lucha contra la construcción y anuncie que tendrá una instancia propia que luche contra el cáncer de la corrupción. Vienen a sumarse de una manera práctica a los esfuerzos del Frente contra la corrupción y otras instancias de la sociedad civil para enfrentar de una vez por todas este mal estructural del Estado que ha hundido a Guatemala en el subdesarrollo, aumentando la pobreza y la desigualdad.

Y en este quiebre de quiebres sobresalió la semana pasada el alcalde de Ipala con su vulgaridad, su arrogancia autoritaria y su desprecio por la decencia y la ética. Es un alcalde Tres quiebres también señalado por la CICIG y ¡vaya casualidad! cercano a Jimmy Morales. Con esos amigos no se necesitan enemigos. Pero tienen rasgos en común: los dos son autoritarios y los dos pertenecen a esa vieja política que debe desaparecer. Una clase política que está en el doble sentido, metafórico y físico, defecando sobre el país. De ahí que las próximas elecciones serán fundamentales para seguir con el rumbo de extirpar la corrupción. Se trata no solo de corrupción pecuniaria o de lavado de dinero o coimas, sino también una deleznable corrupción moral. Guatemala merece, y es tiempo, librarse de corruptos y ladrones. Podemos tener en un plazo razonable un país mejor, un país decente y humano.