Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Jacobo Rodríguez Padilla vs. MinCultura

Fecha de publicación: 18-03-18
Por: Jaime Barrios Carrillo
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Da pena el comenzar a hablar de los más grandes artistas guatemaltecos, cuando se sabe que en la misma Guatemala se le desconoce y ningunea. En 2011 a pesar de la magnífica y oportuna propuesta que hicimos con apoyo, entre otros, del PEN de Guatemala de concederle la Orden del Quetzal, el gobierno “soberanamente” la ignoró. Jacobo Rodríguez Padilla está como borrado de la historia del arte nacional. Jacobo Rodríguez Padilla murió solo en su taller de artista en París.

Hace un par de meses el Estado francés realizó una subasta pública con las obras y textos de Jacobo Rodríguez Padilla, a la cual se presentaron coleccionistas privados de diversas partes del mundo para comprar las obras subastadas. Me informan que se vendieron pinturas, grabados, esculturas y textos por cerca de 700 mil quetzales. Las obras se dispersaron por el mundo. Lo más notorio e inexplicable fue la ausencia del Estado guatemalteco a través de sus instituciones idóneas, especialmente el Ministerio de Cultura. Debieron haberle dado seguimiento a la subasta y haber asignado un presupuesto para recuperar este patrimonio cultural de Guatemala y/o por lo menos inventariar e identificar a dónde fueron las obras subastadas. De estas autoridades ya no se espera francamente nada o todo lo contrario: se espera lo peor, por ejemplo los gastos en anteojos, licores y ropa de Jimmy Morales por cientos de miles de quetzales. Para los caprichos de Jimmy hay dinero para gastar pero para el arte y la cultura del pueblo no hay sino indiferencia e incomprensión.

Jacobo Rodríguez Padilla volvió a Francia en 1974 y vivió en la Ciudad Luz hasta su muerte en 2014. Digo que volvió pues había vivido a partir de 1950 hasta los sesenta en París, a donde llegó becado por el gobierno de Árbenz para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes. Después de estudiar en París se radicó en México hasta 1974 y entre sus grandes obras mexicanas se cuentan un friso en el Salón Tolteca y un mural en el de Tierras Bajas del Museo Antropológico de México. En Francia llegó a tener reconocimiento y trabajó con escultores de la talla de Jean Coutelle, el pintor argentino Le Parc, el venezolano Jacobo Borges y artista plástico español Tapies. Realizó también algunas obras monumentales, entre estas un mural gigantesco en un parque.

Pero Jacobo Rodríguez había comenzado muy temprano en Guatemala su trayectoria artística. No hay que olvidar que era hijo de nada menos que del gran escultor Rafael Rodríguez Padilla, el primero en hacer esculturas de bronce en el país, entre ellas el monumento a Lorenzo Montúfar, notable político y jurisconsulto liberal. Don Lorenzo continúa sentado, meditando sobre la patria en el cruce de La Reforma y la Calle Montúfar. Y hay que recordar que la Escuela Nacional de Arte lleva el glorioso nombre de precisamente Rafael Rodríguez Padilla. Y digo gloria porque hay que darla al que lo merece, sobre todo en país que desatiende a sus artistas y al patrimonio cultural y artístico nacional.

Muy joven fue Jacobo Rodríguez Padilla de los fundadores del Grupo Saker-Ti (amanecer en kaqchikel), organización de escritores, músicos y artistas que se dedicaron y a organizar eventos, exposiciones y festivales, llevando también el arte y la literatura al interior del país.

Siempre he sido admirador de Juan Jacobo Rodríguez Padilla, quien dedicó su vida al arte para aportarle brillo al nombre del país, sin pedir ni recibir nunca nada a cambio, solo la satisfacción del deber cumplido como guatemalteco y como artista. En Guatemala se admira en cambio el dinero, las armas o el poder político, pero la sensibilidad para lo bello, lo que produce la estética y el arte, lo que enaltece al ser humano, resulta casi nulo en una sociedad enajenada, sumida en una miseria cultural lamentable.

Y de nuevo, la incapacidad general de este gobierno de Jimmy Morales, y la incapacidad particular de las autoridades del Ministerio de Cultura es simple e históricamente pasmosa. La cultura en Guatemala está públicamente gestionada por un Ministerio incapaz, arrogante e ignorante.

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