Lunes 25 DE Marzo DE 2019
Domingo

Política Chapina, USA Design

Fecha de publicación: 04-03-18
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: César A. García E.
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El confuso panorama político que vive Guatemala, se aclara mucho, al discurrir por su historia… porque evidentemente, ésta registra eventos similares, en condiciones ciertamente distintas, pero con el mismo tinglado construido por tres elementos: EE. UU., el pueblo cándido e ignorante de Guatemala y los grupos económicos de poder dominantes, quienes pueden pasar de ángeles a demonios, en un solo acto.

Retrocedamos en la historia, cien años, para ubicarnos en 1920, cuando fue derrocado el dictador Manuel Estrada Cabrera, El Señor Presidente, según lo aludiera, Miguel Ángel Asturias. Estrada Cabrera, ostentó el poder por 22 años, y fue conocido –paradójicamente– como “Benemérito de la Patria”. Este apelativo inmerecido, cambió radicalmente, cuando se dio el punto de inflexión de su mandato, luego de los terremotos de 1917; para 1918, después de que Guatemala permaneció “neutral”, en la Primera Guerra Mundial, el dictador, en un esfuerzo por congraciarse con los EE. UU., y ante la realidad de que el imperio, ya no estaba –tan– contento con él, le declara la guerra a Alemania, nación que –satíricamente hablando– debió aterrorizarse, ante la amenaza bananera.

La caída de Estrada Cabrera, era inevitable, nadie lo quería ya en el poder; ni las élites más conspicuas, ni los EE. UU., ni la Iglesia católica que a la sazón, de nueva cuenta ganaba protagonismo. La suerte estaba echada y se confabularon en su contra –con innegable justificación– además de las élites e Iglesia, los “Unionistas” y medios de comunicación, cuyas críticas subieron de tono, al ver al dictador debilitado en su etapa final; también sus más cercanos colaboradores, tan déspotas como él y “amigos”, lo fueron dejando solo y entregándose al “nuevo diseño” de gobierno, fraguado con la bendición imperial; uno de los encargados de serrucharle el piso, sería su ministro de fomento y dictador en ciernes, Jorge Ubico. Finalmente fue derrocado, declarándosele demente e incapaz de gobernar, de modo que para 1920, no sin antes resistirse, a sangre y fuego… cayó.

Estrada Cabrera fue sustituido por Carlos Herrera y Luna, prominente azucarero, propietario de los ingenios El Baúl y La Unión que –pese a no pertenecer al movimiento Unionista al que se atribuye el derrocamiento del dictador– contaba con las simpatías de las élites. En efecto, se consideró un hombre de confianza, para liderar el cambio y se estimó una figura ideal de “transición”… en la que nos hemos mantenido un siglo. El presidente Herrera, hizo poco, pero reflexionó sobre la ratificación o no, de las concesiones mantenidas por Estrada Cabrera a la United Fruit Company… y eso –justamente– le costó la cabeza. Fue depuesto del cargo, por medio de un golpe de Estado, para dar lugar al general José María Orellana, en cuyo gobierno se instituyó el quetzal como moneda, quien no dudó –velozmente– en firmar las concesiones para la poderosa empresa frutera que, registran algunos historiadores, fue la artífice del derrocamiento de Herrera.

Nuestra Guatemala –de hoy– está enfrentando, quizá el cambio más trascendental de su historia y diseñado en las mesas políticas imperiales. Las dictaduras –tal cual las conocimos antes– dejaron de ser, con Jorge Ubico, quien se mantuvo en el poder catorce años. Posteriormente nuestra historia, se encontró llena de traiciones, golpes de Estado y regímenes militares. Por decisión de los EE. UU., finalmente llegó “la democracia” y se inicia un –brevísimo– camino de esperanza que deja de serlo, con el desencanto que provoca Vinicio Cerezo y sucesores, instalándose, con distintos matices y caras que cambian cada pocos años, un modelo de “Dictadura Democrática”. Esta se basa en mantener gobiernos corruptos, con distinto títere, pero todos obedecen a los titiriteros: Financistas, Traficantes de Influencias y Criminales. Se pacta –secretamente– entre cada sucesor, desde los insultos que se dirán en los medios de comunicación, hasta las leyes que pasarán o no, y por supuesto, se pacta impunidad continuada. Podemos recordar
–fácilmente– las amenazas viscerales de Baldetti o Anabella de León, contra Sandra Torres, ofreciendo procesarla, cuando las dos ordinarias diputadas “de oposición”, mostraban su “valor y probidad” frente a la abusiva primera dama que gobernó, con total desfachatez, mientras su pusilánime marido era cero a la izquierda… amenazas que nunca se cumplieron, pero que muchos lelos… aplaudieron. Tampoco se habrían cumplido las proferidas por Baldizón a los Perezdetti; el modelo era perenne y perfecto para los que participaban del botín.

El modelo de “Dictadura Democrática” –lo he repetido muchas veces– procreó: miseria, inseguridad, proliferación del crimen y fuga de miles de guatemaltecos al norte… generando malestar en los EE. UU. que decide intervenir –y lo hace de forma contundente– a través del atípico embajador Todd Robinson, quien no duda en subirse al podio presidencial –siendo Pérez Molina presidente– y marcar un ¡hasta aquí!… vigente hasta hoy. Jimmy Morales, llega –aunque con otra educación, sin ser acaudalado ni exitoso, pero si inesperado– a la presidencia, tal y como lo hiciera el presidente Herrera. De pronto está mareado, disfrutando el poder y rodeado por los mismos de siempre, élites corruptas que le imponen su gabinete de gobierno. Acto seguido, lo convencen de arremeter contra el embajador Robinson y contra la CICIG, persuadiéndole, está llamado a liberar a la patria de la “intervención extranjera”. Como no estudió historia, se la creyó y de pronto, se convirtió en una especie de patojo envalentonado, a quien le gritan –desde atrás– voces poderosas: financistas de siempre, evasores de siempre y traficantes de influencias de siempre ¡Vos podés… dale!… y Jimmy ¡le dio! Se sintió “acompañado” de sus poderosos “amigos” y cuando las cosas se pusieron feas, volteó a ver y estaba casi solo. Quedaron animándole, algunos ganaderos, otros impresentables y surgió –como su “salvador”– Álvaro Arzú.

La caída de Morales es una muerte anunciada… es improbable que termine su período, se dejó usar y se equivocó trágicamente. La semana pasada, le tocaría presenciar una exposición de hipocresía plena, en la cual pudo ver a los financistas de siempre, traficantes de influencias de siempre y titiriteros de siempre… sus nuevos “amigos” poderosos, zafándole la alfombra y “pasándose” al bando de los “impolutos”; ahora propugnan por la verdad y la justicia. Flaco favor le hicieron estos titiriteros mutantes, a la credibilidad creciente del MP y CICIG; Arzú se asombraría –también– al ver a su exministro y examigos, ahora listos para despedazarlo.

Quienes hemos sido ajenos al poder y la corruptela, también quedamos absortos al observar aquella dantesca escena teatral de depredadores y duendes, ahora, luciendo “aureola”… y casi levitando. Quizá la única esperanza que le quede –a Guatemala– es recordar que los corruptos en proceso judicial, también “apoyaron” –por miedo y públicamente– la lucha contra la corrupción… pero el imperio no les creyó. Mientras tanto San “diosito”, amigos y lacayos, se preparan, para no perder un ápice de poder, en el novedoso modelo de gobierno Made in USA, esperemos no lo logren o seguiremos hundidos en la misma porquería; bien haría la dupla Velásquez-Aldana en cuidar sus amistades ¡Piénselo!

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