Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Homenaje a la función pública

Fecha de publicación: 18-02-18
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: Laura Castañeda - Sociedad de plumas
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Para los que somos de la generación X recordamos con nostalgia la importancia que tenía cuando éramos niños que los mayores nos involucraran en una visita de trámite a las oficinas públicas o que tuviéramos encuentros casuales con funcionarios públicos.

Era todo un orgullo compartir en el colegio, con cierto grado de vanidad con los compañeros, lo importante que había sido visitar una oficina pública con los mayores para hacer algún trámite o, mejor aún, la dicha que significaba haber tenido un encuentro con un juez, alcalde, diputado o embajador.

Qué decir cuando de repente las autoridades del colegio anunciaban que algún miembro del Estado visitaría el centro escolar para alguna celebración, por lo general con ocasión de las fiestas patrias o algún evento especial, era un gran acontecimiento en nuestra vida que hasta hoy resulta inolvidable.

Lamentablemente la realidad que nos ocupa ha dejado lejos esos tiempos. Poco a poco, sin ser del todo conscientes, hemos presenciado el desgaste y la venida a menos de una función importantísima que estamos llamados a recuperar: la función pública.

Ser funcionario público es un honor que reciben pocos. Manejar los destinos de una instancia pública, por muy insignificante que parezca, es más que una obra de ingeniería, es el soporte de procesos que le permiten al ciudadano ejercer sus derechos y a la nación vivir y trascender.

Si pudiéramos hacer una radiografía del Estado, el esqueleto serían las leyes, en especial la Constitución que es quien sostiene el cuerpo; los
músculos serían el entramado de procesos y relaciones entre dependencias e instituciones autónomas y descentralizadas que estando en buena forma permiten un desempeño perfecto de las funciones del cuerpo y los funcionarios públicos serían el cráneo y cerebro que guían las acciones y comportamiento del cuerpo y que le ponen alma a los ojos del Estado.

En tiempos de crisis como los que estamos viviendo, en especial de amenaza de extinción del buen funcionario público, tenemos que valorar a las personas preparadas, responsables, probas, con interés de servir al país y sobre todo con ambiciones profesionales y económicas acordes con su rol, que encontramos todavía en las instancias del Estado.

No podemos generalizar con “todos los funcionarios son corruptos” porque no es así. Hay gente muy preparada y buena que todos los días trabaja con esmero, mística y empeño por la función pública. Gracias a ellos el Estado se mueve y nos resuelve día a día nuestras peticiones.

Debemos seguir apoyando la depuración pero cuidando no continuar con el deterioro institucional. Muy difícil será reconstruir la confianza en el Estado si no salvaguardamos las instituciones. Defender la estabilidad de la Nación es importante pero sobre todo es necesaria para la conservación y supervivencia de las instituciones y de los funcionarios y empleados públicos que sí merecen el honor que se les ha encomendado, que es conducir con su trabajo los destinos administrativos del Estado.

Para los indeseables y espurios que han manchado con sus actuaciones el honor encomendado por la sociedad debe existir el castigo. Para los que aún continúan ejerciendo la función pública de manera deshonesta o manipuladora ya vendrá su tiempo de rendir cuentas. Recordemos que el funcionario público solo puede hacer lo que la ley le permite, quienes violan esta máxima tendrán 20 años a partir de que dejen el cargo para que la justicia los alcance.

Este es un homenaje a esos funcionarios y empleados públicos cuyo brillo, ética, mística y honor que describía al principio han prevalecido en el Estado pese a los intereses de los que hoy sabemos corruptos. Citando a Greenleaf autor del ensayo Liderazgo servidor (1970), gracias por tener ese deseo natural de servir primero y liderar después. Gracias por preservar las instituciones y gracias por servirnos. Sigamos con fuerza y fe trabajando porque una Guatemala mejor sí es posible.

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