Domingo 18 DE Febrero DE 2018
Domingo

Las falacias de la crisis

Fecha de publicación: 11-02-18
Por: César A. García E.
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En la crisis nacional –marcada por lentitud económica, derivada de la zozobra y el diferimiento de decisiones de inversión y gasto– la
desinformación ha sido “esencial” para los bandos confrontados (estos en la sombra) y trágica, para las víctimas del sistema, entendiéndose como tales a: 1 – Los que solo conocemos el trabajo honrado como medio de subsistencia, y siempre hemos pagado nuestros impuestos; queremos que Guatemala sea distinta y hemos luchado por ella, sin buscar crisis y menos que ésta lleve agua a nuestro molino y 2 – Los infortunados que se quedan esperando el “gasto” social les alcance, mientras cerebros se pierden y niños no crecen lo que debieran o mueren en vida. El grupo de los decentes, está desarticulado y peleando entre sí… gracias a la desinformación de los poderes opuestos que provocan la crisis; muchos toman partido y se convierten en cajas de resonancia de la desinformación. Quiero enumerar algunas falacias, profusamente difundidas que para muchos guatemaltecos –honrados– tristemente son verdades pétreas:

Falacia 1. La lucha contra la corrupción busca instalar un régimen comunista en Guatemala: El socialismo se extinguió en 1989, con la caída del muro de Berlín y la clausura de la “Guerra Fría”; ni Rusia ni China son socialistas ya, sino compiten aguerridamente dentro de un contexto capitalista, y lo hacen por la hegemonía mundial. Cuba, es el único país socialista estrictamente hablando, pero solamente hay que visitar La Habana para notar la gran afluencia turística y el movimiento abrumador del aeropuerto, hoteles y restaurantes… muchos de estos últimos –llamados “Paladares”– ya propiedad privada, es decir, pronto Cuba dejará de ser socialista; quizá baste con la muerte de Raúl Castro, a quien no le queda mucha cuerda. ¿Quién apoyaría un régimen socialista criollo? ¡Por favor!, ¿Los EE. UU. dejaría que su patio trasero que no llegó al socialismo por la vía de las armas, llegue por la vía pacífica? Por otra parte, los procesos contra la corrupción son tendencia mundial, basta recordar Islandia, en donde tuvo gran protagonismo el embajador Arreaga, o más cerca: Brasil, Argentina, Ecuador, Perú, Panamá, República Dominicana, El Salvador, etcétera. Por los tribunales de esos países, han desfilado varios autoproclamados “socialistas del siglo XXI”… y lo continuarán haciendo. La temática no es ideológica, sino obedece a la soberana voluntad del mundo desarrollado, encabezado por los EE. UU. que se ha dado cuenta que con la pudrición estatal latinoamericana, la región –mayoritariamente– es inviable y los problemas de criminalidad e inmigración ilegal, serán incontrolables; es un tema de seguridad imperial y punto. El secretario de estado –Rex Tillerson– declaró recientemente: “El 2018 será un año que los países del hemisferio reestablezcan la confianza en las personas que los representan y que den pasos serios contra la corrupción… sus países serán más fuertes y el nuestro más seguro”. ¿Así o más claro? Importante reconocer que Guatemala si fue “Punta de Lanza” para probar una metodología de persecución criminal y control, a distancia, incapaz de ser cooptada por el sistema “democrático” delictivo; se denominó CICIG y de ella pende –básicamente– la fortaleza del Ministerio Público. El respaldo internacional, es y será irrestricto… es innegable que hemos presenciado lo “increíble”, en materia de mañosos asustados, adheridos al Estado, otrora “intocables”.

Falacia 2. Solamente los socialistas valoran el trabajo de CICIG y el MP: Se cuentan por miles, quienes celebramos la persecución a criminales de cuello blanco y ladrones de carrera. Estamos hartos de ser tontos útiles, tributando, para que nuestros impuestos, vayan a parar a mansiones ostentosas, aviones, helicópteros y estilos de vida sofisticados de rufianes, a los que –como si fuera poco– hay que “respetar” porque son autoridades “legítimamente” electas.

Falacia 3. Perdimos nuestra soberanía: No hemos sido soberanos jamás y los vaivenes del poder, han estado sujetos a las directrices de EE. UU. Ningún imperio tiene amigos, sino solamente intereses. De esa cuenta, en un tiempo le convino, fuésemos campo de batalla de la Guerra Fría, apoyó a gobiernos militares sucesivos y las órdenes del Ejército guatemalteco, vinieron –durante más de tres décadas– del norte. Ello ocurrió en Latinoamérica y no es ningún secreto; con el colapso de la Unión Soviética y la terminación de la Guerra Fría, convino –al imperio– “la paz” y la democracia. Fue así como se inician los regímenes civiles, con el patético Vinicio Cerezo, quien pudo hacer mucho y no hizo más que hartarse y corromper a las fuerzas legítimas –de entonces– como el sindicalismo y las expresiones estudiantiles; el adefesio impune y extorsionista Joviel Acevedo, es “legado” de esa corrupción. Arzú en la presidencia involucró –en su gobierno– a intelectuales de izquierda y siguiendo directrices imperiales –lo que entonces no le importó– firmó la paz, con lo cual, le serruchó el piso al Ejército; hoy el mismo Arzú pretende que las fuerzas armadas vilipendiadas, “salven a la patria”. Importante ver en este proceso que los cambios de ruta que marca el imperio, dejan una esquela de lo que llamo “eneamigos”; gente que se opuso al Imperio, pero luego conviene que sea su “amiga”, como exlíderes guerrilleros, por ejemplo, o –o por el contrario– “amigos” que ya no son útiles y al no mutar su forma de pensar, conforme a la nueva directriz imperial, se convierten en “enemigos”. Examigos imperiales se pueden citar muchos: Leónidas Trujillo, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet, Efraín Ríos Montt, Manuel Noriega y hasta Fidel Castro, este último les “salió más listo que bonito”, pero –desde la historia– es obvio que Fulgencio Batista, cayó con el beneplácito imperial. Hoy la directriz imperial –no ideológica– en combatir la corrupción, y en la faena, ya ha hecho amigos y no se inmutará en procrear enemistades.

Falacia 4. La oposición dentro del Congreso es mejor que el oficialismo: Se trata de lucha por poder que atiende intereses de grupos tradicionalmente poderosos, eso es todo. En ambos bandos hay diputados que suscribieron el “pacto de corruptos” y ahora –mediante negociaciones– solo ven como salvan el pellejo, congraciándose con uno u otro bando en confrontación. Interesante la beligerancia de los diputados Romero y Montenegro –no quemados aún– pero se desdibujaron al rodearse de la misma roña de siempre, los innombrables de la corrupta UNE y la desacreditada Nineth que le zafó la alfombra –según publicó este medio– en las pasadas elecciones de Junta Directiva, a quien hoy apoyaba. Sin coherencia no hay escrúpulos, pues estos permanecen invernando… y así no sirven para nada.

Falacia 5. La CC es garante de la aplicación irrestricta de la Constitución: Nada más alejado de la realidad; es un ente –malamente– de agenda sesgada que aplica –parcialmente– la Constitución y mayoritariamente la mancilla. Cuando los ciudadanos acudimos a la CC, a interponer un amparo por la violación constitucional por parte del Congreso que se ha burlado y engavetado iniciativas del “poder soberano”, durante ¡diez años!, la CC también archivó los amparos y los desconoce… es decir “desampara” a los ciudadanos; cito dos ejemplos: Asociación Guatemala Futura y ProReforma, entre ambos amparos engavetados, hace casi un año, hay “desamparados” más de ochenta mil guatemaltecos. Aunque los “actuares” últimos de la CC, sean “populares” y aplaudidos por muchos, por interferir con acciones que se oponen a la lucha contra la corrupción, son –varios de ellos– en sí mismos, corrupción. No se pueden sanar heridas infectadas de corrupción, con agua sucia.

Falacia 6. Que decidan las autoridades que elegimos “democráticamente”: Quien diga que “eligió” a la mayoría de los burócratas que llegaron donde están por las urnas, no solamente peca de candoroso, sino presume de serlo. En el caso de los diputados –es obvio– la forma de elección –no nominal– hace que tengamos basura reciclada, por diferentes partidos que –infaltablemente– trabajan para un caudillo y los amos de este; todos gozan de prebendas, tienen “asesores” que comúnmente son parientes, amantes o ineptos que cobran la mitad de lo que devengan y devuelven –al corrupto– la otra mitad. Respecto al Ejecutivo, las mancuernas que han pasado por el poder, han dejado solamente arrepentidos. El sistema “democrático” es una farsa, porque solamente tienen espacio de postularse –con posibilidades reales de ganar– quienes hagan pactos amorales, vendan su alma al diablo y estén dispuestos a recibir órdenes de los financistas; ningún virtuoso, ni valiente, ni brillante, llegará a gobernar, al menos que las reglas cambien.

El proceso que atraviesa Guatemala es complejo… y es menester tomar partido –por lo inequívoco– la justicia, la verdad, la virtud y los valores. ¡Piénselo!