Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Domingo

No entendemos ni papa

Fecha de publicación: 28-01-18
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico
Por: Jaime Barrios Carrillo

Nuestro país ha caído en un hoyo tan profundo que se ha producido un resquebrajamiento moral y espiritual en toda la sociedad. La corrupción estructural en el Estado ha alcanzado también a la vida civil. Es demasiado asimismo el peso del patriarcado, del machismo grosero y diario.

El caso del futbolista Marco Pappa y la acusación en su contra de maltrato por parte de la ciudadana norteamericana Francisca Kennedy resulta ilustrativo de la situación.

En enero de 2016, Pappa en un confuso incidente fue apuñalado en el abdomen en Estados Unidos. Diversos medios dijeron que había sido Stormy Keffeler, Miss Washington 2015, la culpable del cuchillazo. El escándalo fue sofocado y los medios dejaron de darle seguimiento. Pappa volvió después en silencio a Guatemala y se enroló al Municipal. La carrera en la MLS había terminado. El apuñalamiento no llevó a un proceso judicial. El futbolista reconoció que había bebido cuando ocurrió el incidente. Cabe recordar que Pappa ya había sido arrestado anteriormente, en julio del 2015, por conducir en estado de ebriedad y suspendido entonces de la Liga norteamericana MLS.

Ahora es de nuevo una norteamericana, la modelo Francesca Kennedy, la que levanta otro escándalo con la acusación de maltrato físico a Pappa, la cual ha sido llevada a tribunales y Pappa ligado a proceso por la misma.

Sin embargo, la semana pasada a Pappa le fue permitido jugar un partido y su Club Municipal no vio ningún posible impedimento, ni siquiera una investigación interna como lo hizo el club norteamericano Colorado Rapids en el caso del apuñalamiento. Pappa se presentó en el campo como si nada hubiera pasado. Para alegría de la afición y del club mimado de la misma, hizo un gol que fue muy celebrado y otro matutino dio la noticia de esta increíble manera: “El clásico 301 terminó igualado 1-1, gracias a la anotación de Marco Pappa en el minuto 74, anotación que cayó como bálsamo para el delantero escarlata”.

La sociedad guatemalteca no está lúcida. Se aplaude a un acusado de maltratador y se publica en la prensa que “hace un gol dedicado a la familia”. Esto mientras en el resto del mundo tiene lugar la campaña ‘Mee too’ que busca visibilizar la situación de las mujeres bajo acoso sexual de hombres que traspasan las líneas de lo permitido, incluso con extremos como violaciones y maltratos.

Por otro lado, en julio del 2017, fue Francesca Kennedy criticada por una portada en la revista ‘Look Magazine’. Se acusó a la revista y a la misma Francesca de racista por aparecer con mujeres indígenas y ella en el centro. También de comercializar a su favor los productos mayas, lo que retrataría a la Guatemala racista a través de la moda.

No se tomó en cuenta que Francesca Kennedy, con objetivos altruistas, ha trabajado para abrir un mercado en Estados Unidos a mujeres artesanas indígenas. No voy a volver a esa polémica de si fue o no racismo pero lo que hoy es evidente y chocante es que esas voces críticas, asumiéndose entonces como feministas, no hayan dicho ahora una sola palabra del maltrato denunciado por Francesca. No entendemos ni papa.

En países como Guatemala, donde a la par del acoso sexual sistemático y generalizado, se dan los maltratos físicos, la violencia contra la mujer que termina trágicamente y no pocas veces en los numerosos casos de femicidio. Sigue sonando el nombre de Cristina Siekavizza, para personificar un caso entre cientos o miles, cuando la impunidad es galopante y el desprecio por la vida y a la ley igual. La violencia de género no tiene límites de clase social ni étnica ni cultural.