Domingo 21 DE Abril DE 2019
Domingo

Los “imbéciles” estamos hartos

Fecha de publicación: 28-01-18
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: César A. García E.

En junio de 2014,  mucho antes de que –finalmente– se pusiera coto a los abusivos, ladrones, descarados y apestosos corruptos… y se trabara, en consecuencia la “rueda de la corrupción” que había funcionado “a la perfección” durante muchas décadas, escribí en estas páginas la columna Vale la pena ser “imbécil”, en la que se leían los párrafos siguientes:

“…Nuestro país, sumido en la miseria,  injusticia e impunidad, ostenta gobernantes, cada vez más sinvergüenzas que se atreven, sin pensarlo a presumir su riqueza espuria y hasta proponer rompimientos constitucionales, facilitar leyes mercantilistas a favor de empresas “amigas” e irrespetar cuanta autonomía institucional existe… solo puede ser el resultado –más que de la multiplicación de corruptos– de la proliferación endémica de consentidores.

“…Quien se antepone a la corriente del “consentimiento del mal” que genera riqueza tan expedita como sucia, es llamado “imbécil”, ello porque los consentidores que actualmente lideran: opinión pública, entidades gremiales, corporaciones mercantilistas, academia, sindicatos y organizaciones estudiantiles, son esos valores los que trasladan todos los días, con su doble moral hedionda que –solo los “imbéciles”– percibimos.

“…El modus operandi –de los consentidores- siempre ha sido el mismo, estar tras el “titiriteatro”, majando a sus títeres, sin importar si lucen “matones” como Portillo, mandilones como Colom, babosos como Berger o bravitos como Pérez… el prerrequisito es ser corrupto e incompetente. Allí atrás, entre  las excretas de los titiriteros, se empeña el futuro del país, se deciden los grandes negocios y se resuelve ignorar la desgracia humana que nos tiene a la zaga de la civilización… allí se negocian puestos desde la Junta Monetaria, hasta la Corte de Constitucionalidad, allí se reparte la fafa o pauta publicitaria oficial y se define qué medio debe morir. Le enseñaré  a mis hijos y nietos –hasta mi último aliento– que cuando los “consentidores” les digan –si se anima– “imbéciles”, deben sentirse honrados… porque van por el camino recto.”

Esta columna, es parte de cientos publicadas –semanalmente desde 1999– llenas de frustración que surgía del conocimiento pleno, del asqueroso funcionamiento de nuestro sistema político que garantizaba –hasta 2015– la sempiterna dictadura de la corrupción, mediante un contubernio “irrompible” entre los titiriteros o financistas y los títeres o gobernantes. Para los “imbéciles” estaba más que claro –desde hace mucho– que pretender concursar en política, siendo honesto, esforzado y confiable, era una utopía… mientras los “inteligentes” consentidores, siempre nos increparon, por hacer agrías críticas al sistema, exhortándonos a “participar” en política, yendo a cambiar las cosas, en lugar de criticar.

El tiempo nos dio la razón, a los “imbéciles” y –en 2015– finalmente vimos a los corruptos –otrora intocables– llevados a los tribunales y poco a poco, los escándalos fueron surgiendo, provocando en “los imbéciles” atisbos de esperanza. ¿Por qué? Pues porque solo los “imbéciles” en este país respetamos la ley, tributamos y también sufrimos las carencias del Estado, mientras que los “listos”, se enriquecen a expensas del Estado y fueron siempre los influyentes, amos y señores. Los “imbéciles” también votamos, una y otra vez –al menos en la segunda vuelta, aunque yo he votado nulo–  por corruptos manejados… eso indudablemente, si nos hizo imbéciles por los cuatro costados, pues en la esperanza de la “legalidad” electoral, avalamos un sistema insalvable y copado por malvivientes que –a su vez– administraban “la finca”, con el voto de confianza y respaldo –irrestricto– del Imperio.

Como lo he dicho antes, el imperio, finalmente abrió los ojos, percatándose que el flujo de inmigración ilegal, provenía de la miseria de esta tierra pesimamente administrada, desde la corrupción… y está –paulatinamente–  arrebatando las llaves de la Finca “El Traspatio”, a los administradores de siempre. Sin esa decisión imperial, seguramente el formato de corrupción sempiterna, hubiese continuado, sin contratiempos y hoy nos gobernaría Baldizón, atendiendo las directrices de los mismos jefes que en su día siguieron: Pérez, Colom, Torres, Berger, Portillo, etcétera. Hoy Guatemala está confrontada y lo más lamentable, es que la descalificación y el insulto,  siguen siendo las principales armas, para desacreditar a quienes estamos ávidos de que el país tome el rumbo de la prosperidad, a partir de la conformación de instituciones sólidas y pulcras, libres de corrupción, pues es –indudablemente– la corrupción, la causante principal de la miseria, el subdesarrollo humano y la inseguridad que avasalla a la población “imbécil”. Los valores se trastocaron –por completo– y la virtud quedó proscrita, a tal grado que ser rico, por la vía rápida y anómala, pasó a ser “aspiracional” y sobraron las “alfombras humanas” que buscaron congraciarse con los corruptos; todo ello está quedando –poco a poco– en evidencia.

Hoy presenciamos una lucha  de poder que –definitivamente– en nada favorece el clima de negocios, afectando –principalmente– a los “imbéciles” ajenos al conflicto que quedan –por cientos– sin empleo o ven contraídos sus negocios y emprendimientos, obligándoles a reestructuraciones administrativas sucesivas que –a su vez– provocan desaceleración económica. Indudablemente, debe ser, en este “pulso”,  la virtud y la verdad las que prevalezcan, porque revertir el proceso implicaría regresar a un pasado oscuro y repugnante que a los “imbéciles”, nos tiene hartos; el proceso tendrá un costo temporal, pero la corrupción enquistada tenía un costo perpetuo, cuyo nombre era impunidad. ¡Piénselo!

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