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Mientras los Mayas abandonaban las Tierras Bajas, las Tierras Altas crecían y prosperaban

El colapso maya, como se conoce el periodo de decadencia de tan esplendoroso imperio, comenzó alrededor del 850 d.C., según los expertos. Las poderosas ciudades construidas en la selva petenera y en otras áreas del norte del país quedaron abandonadas por motivos que hoy todavía resultan un enigma a los arqueólogos. Pero, en la parte occidental y centro de Guatemala otros reinos conseguían prosperar y expandirse. Así ocurrió con el reino Tz’utujil establecido en los poblados de la cuenca del lago Atitlán durante el periodo Postclásico (1100 a 1524 d.C.), de acuerdo con la evidencia arqueológica descubierta entre los cafetales y montañas de poblados como San Pedro y San Juan La Laguna. El arqueólogo escocés, Gavin Davies, habló con “elPeriódico” sobre estos hallazgos.

Fecha de publicación: 21-01-18
Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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Gavin Davies nació en Escocia y estudió Arqueología en Inglaterra en los años noventa. Fue en los salones de clase donde despertó su interés por la Arqueología Mesoamericana. En 1998, viajó por primera vez a Guatemala y visitó el lago de Atitlán, del que ya tenía conocimiento por la clase de “Arqueología Mesoamericana”.

El arqueólogo y etnólogo Samuel K. Lothrop, había visitado Guatemala y otros países del área a inicios del siglo XX y era a este autor a quien estudiaba Davies en la universidad. En 1928 y 1933, el especialista estadounidense dirigió investigaciones en Santiago Atitlán y obtuvo hallazgos de que sitios como Chuk’muk, asentado en las cercanías de ese municipio, fue ocupado entre el periodo Preclásico Tardío y el Clásico Tardío (250 a.C. a 800 d.C.). Lothrop también evidenció que Chuitinamit, otra comunidad antigua localizada en ese lugar, surgió en el periodo Postclásico (1000 al 1524 d.C.). La etnohistoriadora, Sandra Orellana confirmó las investigaciones de Lothrop en 1970.

El arqueólogo Lothrop consideró que esto significaba que en Santiago Atitlán, los asentamientos humanos habían trascendido los siglos, es decir los pueblos continuaban en los mismos sitios o en los alrededores, de acuerdo con el crecimiento poblacional y la búsqueda de mejores tierras para la labranza.

 

La decadencia del imperio Maya no supuso el fin de otros reinos localizados en otras regiones del país. En las Tierras Altas y la costa sur, principalmente, las ciudades crecían y prosperaban por la calidad de la tierra y las cercanas fuentes de agua. Había comercio entre regiones e intercambios culturales. Eran ciudades importantes, pero menos esplendorosas que El Mirador o Tikal, porque en sus construcciones utilizaban barro y no los enormes bloques de piedra, abundantes en las Tierras Bajas.

La posibilidad de que en los municipios de la cuenca del lago de Atitlán existieran sitios arqueológicos sin investigar y que fueran destruidos, fue una preocupación que acompañó a Davies durante su paso por la universidad.

En 2015, regresó a Guatemala como estudiante de doctorado por la Universidad de Kentucky. Con financiamiento de la Fundación Nacional de Ciencia, dirigió el Proyecto Arqueológico Lago de Atitlán, que concentró esfuerzos en San Pedro y San Juan La Laguna. Al suroeste de San Juan La Laguna, por ejemplo, el equipo del experto localizó un importante asentamiento humano prehispánico en jardines y cafetales privados. Esta situación resulta un problema para los arqueólogos comentó el experto. “Es trágico porque nadie puede investigar lo que pasa con los monumentos. Así desaparecen muy rápido”, afirmó.

 

Las primeras expediciones a este municipio las hizo Samuel Lothrop, indicó Davies. “Identificó cinco montículos, pero ahora solo hay uno”, dijo. En esta comunidad también fue descubierta una estela, “no como las de Petén”, afirmó el especialista.

 

Los comienzos

El Proyecto Arqueológico Lago de Atitlán arrancó en 2015. En los primeros meses, el equipo de trabajo de Davies concentró esfuerzos en buscar apoyo con autoridades y líderes de los dos poblados. Comenzaron con guías turísticos y luego con las municipalidades y consejos ancestrales. En San Pedro La Laguna, Davies obtuvo respaldo del Centro de Investigación Científica y Cultural (CICC). “Luego fuimos a las casas y tocamos de puerta en puerta para dar a conocer el proyecto”, comentó el experto. Este proceso duró tres meses.

Al año siguiente, Davies montó los laboratorios. El Museo Tzu’nun’Ya de San Pedro La Laguna cedió espacios al arqueólogo para ese propósito. “Le entusiasmó que había interés en la historia prehispánica de los tz’utujiles”, dijo.

 

Posterior a ello comenzó el trabajo propiamente arqueológico. Hubo reconocimiento del terreno, caminatas y la identificación de sitios con algún potencial de vestigios arqueológicos. De esta forma determinaron dónde había que excavar.

En la orilla de San Pedro La Laguna el equipo de Davies descubrió un sitio Postclásico Tardío (1300 a 1524 d.C.). Existe un montículo, en muy mal estado, debido a que las personas del lugar han retirado las piedras y con ellas han construido terrazas de cultivo.

Alrededor de los montículos fueron descubiertas estructuras de bloques de adobe, de las que parecieran ser casas de habitación, similares a ranchos. “En algunas hay fundiciones de piedra sobre las que levantaba la vivienda, esas eran de personas importantes, las del resto del pueblo se construían desde el suelo, en la tierra”, comentó Davies.

En esta comunidad vivieron hasta mil personas en los últimos dos siglos antes de la conquista. “Es un área rica en recursos naturales y la tierra es fértil”, añadió el especialista.

En San Pedro La Laguna hay vestigios de un templo prehispánico que hoy luce una cruz en la parte alta. “Le dicen Tikalito”, contó Davies. “Fue tallado en la roca y hay fotos de los años setenta donde se observa sin la cruz”, afirmó.

En la parte antigua de San Juan La Laguna, el equipo también encontró evidencia prehispánica de otro asentamiento más antiguo, de alrededor de 100 a.C. Una cabeza está cerca de la montaña.

 

De acuerdo con Davies, este sitio quedaba sobre una ruta de intercambio entre ciudades como Semetabaj (en la parte noreste del lago) y Chocolá, en la costa del Pacífico y por ello se evidencia influencia de ambos lugares. La cerámica recuperada en las excavaciones indica que el sitio fue abandonado por alguna razón al final del periodo Clásico Temprano, entre 500 y 600 d.C.

“Hay un mito que habla de una gran epidemia que ocurrió cuando los pobladores expulsaron de San Juan La Laguna a un sacerdote (hombre religioso) del lugar. El hombre afirmó que por esa acción caería un mal en la comunidad y ocurrió la epidemia. El pueblo lo mandó a llamar de nuevo, pero el sacerdote se negó a regresar. Por esa causa el poblado cambió de lugar y esa parte no se volvió a ocupar”, mencionó el arqueólogo.

“Por eso está allí la cabeza. Los sobrevivientes de la epidemia subieron a la montaña y fundaron un nuevo pueblo”, añadió Davies.

A 5.6 kilómetros del lago de Atitlán, 700 metros arriba de entre San Pedro y San Juan La Laguna hay evidencia de la comunidad Chi’kaqajay. “Dicen que no pueden vivir lejos del lago, pero allí vivían personas”, dijo el arqueólogo. En ese lugar hay un nacimiento de agua, un montículo y restos de casas.

Los hallazgos del arqueólogo fueron reportados al Instituto de Antropología e Historia (IDAEH) en la última semana de diciembre. Su estancia en Guatemala podría prolongarse en 2018 si consigue financiamiento para un nuevo proyecto. “Cada investigación deja muchas respuestas, pero también muchas preguntas”, aseguró. Una indagación sobre las rutas antiguas podría dar continuidad a los trabajos actuales.

 

¿A dónde fueron?

Al arqueólogo Davies aún le quedan preguntas luego de los descubrimientos en San Juan y San Pedro La Laguna y una de ellas es ¿por qué los poblados quedaron abandonados en el Clásico Tardío? El especialista cree que la respuesta tiene que ver con el florecimiento de Chuk’muk en ese periodo. “Posiblemente comenzaba a controlar el comercio y distribución de recursos provenientes de la costa”, dijo.

 

“Como sabemos de fuentes etnohistóricas, el poder de los reyes tz’utijiles era el cacao que se cultivaba en la boca costa del Pacífico. Ellos establecieron colonias en esta área para controlar este territorio valioso. Es probable que estos procesos que son más asociados al periodo Postclásico tuvieran un origen más temprano, en el Clásico Tardío. Pero esto es solo una teoría y habrá que hacer más investigaciones para confirmarla”, agregó el especialista.

 

Situación distinta

 

Gavin Davies, director del Proyecto Arqueológico Lago de Atitlán mencionó que con “el colapso” en las Tierras Bajas migraron los pobladores de las grandes ciudades hasta quedar abandonadas. Pero, en las Tierras Altas la situación fue distinta. En esta zona, las comunidades prosperaron por la fertilidad de los suelos. “En las Tierras Altas las estructuras se construyeron con barro y por eso se deterioraron y no todo es tan monumental como en las Tierras Bajas”, dijo el experto.

Poblados rivales

 

Los hallazgos del especialista europeo también evidenciaron que en la antigüedad, las comunidades de San Pedro y San Juan La Laguna estaban lejos de ser las mejores vecinas. “Identificaron rutas distintas para llegar a la costa sur. Había intercambio comercial de maíz por redes, sal, canastos y pescado”, mencionó Davies.

 

8

Es el número de personas que acompañaron a Davies en los tres años que duró el proyecto. El arqueólogo también contó con el apoyo de voluntarios y estudiantes de las universidades de San Carlos de Guatemala (Usac) y Del Valle de Guatemala (UVG).

 

 “Fue  emocionante cuando encontramos los primeros monumentos”,

Gavin Davies, arqueólogo escocés.

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