Lunes 22 DE Julio DE 2019
Domingo

El efecto Trump en suelo estadounidense

Durante el primer año de Donald Trump en la Casa Blanca se agudizaron las divisiones y enfrentamientos entre sus connacionales.

Fecha de publicación: 21-01-18

DPA –Fue un día con mal tiempo en Washington aquel 20 de enero de 2017. Temprano por la mañana una niebla fría envolvió la ciudad y más tarde comenzó a lloviznar. Fue el día de la investidura de Donald Trump como presidente número 45 de Estados Unidos. El magnate inmobiliario neoyorquino juró el cargo en las escaleras del Capitolio.

A continuación, Trump lanzó durante 16 minutos una verborrea a su pueblo y al mundo que no tenía precedentes en este lugar. Aunque hizo un breve llamamiento a la unidad, el discurso del flamante presidente no fue un intento de reconciliar a los estadounidenses. Fue una perorata. El éxito electoral no había cambiado el tono combativo provocador del excandidato republicano.

Durante el primer año de Trump en la Casa Blanca se agudizaron las divisiones y enfrentamientos entre sus connacionales: blancos contra negros, residentes contra inmigrantes, ricos contra pobres, progresistas contra conservadores y nacionalistas contra internacionalistas.

Aunque los politólogos matizan que la división no comenzó aquel día frío de enero, coinciden en que la brecha se ha ensanchado desde que el Presidente populista asumió el cargo.

Un informe elaborado por el Centro de Investigación Pew revela que el 60 por ciento de los estadounidenses cree que la relación entre los diferentes grupos étnicos se ha deteriorado a lo largo de 2017 poniendo en evidencia la división racial en el país.

En su discurso, Trump también habló del establishment’ washingtoniano y su propósito de devolver el poder al pueblo: “Durante demasiado tiempo un pequeño grupo en la capital de nuestra nación ha cosechado los beneficios del Gobierno mientras que el pueblo ha pagado los costos”, dijo Trump. “El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a gobernar este país”.

La realidad es que nunca antes tantos representantes del gran capital han estado tan cerca de un presidente. Los críticos temen que Wall Street haya tomado el poder, no el pueblo.

Aunque Trump ha cumplido su promesa de socavar el poder del establishment político, probablemente no esperaba una fuerte reacción negativa desde las filas de su propio partido.

Varios líderes republicanos han expresado reiteradas veces su frustración por las políticas, las declaraciones y los tuits del nuevo inquilino de la Casa Blanca. En el Senado, donde el Partido Republicano cuenta con una exigua mayoría, muchos legisladores consideran a Trump como una figura tóxica.

En la propia Casa Blanca prácticamente no hay miembros de la cúpula republicana que ocupen cargos de gran responsabilidad desde que Sean Spicer renunció como portavoz del Presidente y Reince Priebus fue sustituido como jefe de Gabinete por el exgeneral John Kelly. Los puestos más importantes en el Gabinete de Trump están ocupados por exmilitares y financieros.

En política exterior, algunas de las decisiones más trascendentales fueron adoptadas de forma unilateral. Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático e incordió a algunos de sus aliados en Oriente Medio con su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

La analista Elaine Kamarck, de la Institución Brookings, ha llegado a la conclusión de que el primer año de la presidencia de Trump “no ha sido otra cosa que una gran herida autoinfligida”. Trump casi no ha cumplido ninguna de sus promesas, ha suscitado el rechazo de senadores de su propio partido y ha roto con algunos aliados, opina la experta.

Trump alarmó a los aliados de Estados Unidos y a otros países en el mundo cuando anunció en su discurso de toma de posesión que “a partir de este día” la nueva visión de su gobierno será “Estados Unidos primero”. Los estadounidenses, continuó, reconstruirán su país con mano de obra estadounidense y seguirán dos reglas: comprar productos estadounidenses y contratar a trabajadores estadounidenses.

Como consecuencia, a pocos días de haber asumido el cargo, Trump sacó a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio del Pacífico y forzó la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, vigente desde hace más de 20 años, advirtiendo de que si los resultados de la revisión no le parecen satisfactorios, también retirará a Estados Unidos de este acuerdo comercial pactado con Canadá y México.

Esta es la forma en que Trump quiere luchar con cada fibra de su ser por los intereses de los estadounidenses, tal como prometió el día de su investidura. Sin embargo, los estadounidenses posiblemente tengan que tener paciencia para que el Presidente cumpla esa otra promesa de que “Estados Unidos comenzará a ganar de nuevo, como nunca antes”.

39%

De aprobación promedio tiene en EE. UU. Donald Trump en su primer año de gobierno, según la encuestadora Gallup. El Presidente más impopular después del primer año hasta ahora había sido Bill Clinton, cuyo promedio del primer año fue diez puntos más alto, del 49 por ciento.

Imagen se desploma

En la era Trump, la imagen de Estados Unidos como líder mundial se desploma. Solo el 30 por ciento de encuestados por la empresa Gallup en 134 países da su visto bueno a
EE. UU. en ese papel. La potencia pierde el primer puesto del que disfrutó durante la mayor parte del mandato de Obama para quedar rezagada frente a Alemania (41 por ciento de aprobados) y, aunque solo por un punto, también sale peor parada que China, cuyo liderazgo logra un 31 por ciento de aceptación global.

La caída supone la mayor registrada en los diez años de la serie de encuestas, de la que acaba de publicarse la edición de 2017, que Gallup realiza desde hace diez años sobre el liderazgo global. Sin embargo, esta no es la primera vez en que EE. UU. pierde el primer puesto. En la última etapa del mandato de George W. Bush, el índice de aprobación de
EE. UU. se hundió hasta el 34 por ciento, por debajo, como ahora, de China y Alemania.

La diferencia con su predecesor, Obama, que se despidió de la Casa Blanca con una aprobación del 48 por ciento de otros países, es evidente. Trump se estrena con 18 puntos menos y cae especialmente en países aliados de América y Europa Occidental. Solo en Canadá, el descenso es de 40 puntos, y en el resto de países americanos es de dos dígitos, con la única excepción de Venezuela, donde cae nueve.

En los “países de mierda”

La encuesta de Gallup de imagen global no arroja buenos resultados para Estados Unidos en países insultados por el Presidente estadounidense. En México, objeto de varias invectivas xenófobas, se ha pasado de una aprobación del 44 por ciento al liderazgo del vecino del norte a una del 16 por ciento.

En lugares calificados recientemente como “países de mierda” por el mandatario, como Haití o El Salvador, se constata también un enorme daño en la imagen, pero es aún mayor en Noruega, que Trump ponía como buen ejemplo de origen de emigrantes. Algo parecido ocurre en Afganistán, a cuyos habitantes, según informó The Washington Post, menospreció como terroristas. Trump también se ha referido en términos despectivos a China en el pasado, pero la empresa de encuestas no realiza medición en el país asiático. –EL PAÍS