Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Domingo

El valor de la coherencia

Fecha de publicación: 07-01-18
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: César A. García E.
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Es sin duda una virtud, mantenerse coherente, implica encontrarse firme en convicciones de siempre, defenderlas aunque cueste… y no seguir la corriente. La coherencia es sin duda, la virtud más atacada, nos imponen ser flexibles, borregos ambivalentes, marionetas sin carácter, comparsas del maloliente. Transita –la mayoría– por modas y por ideas que son fruto de la mente de quien busca convertirnos en personas inconscientes. Los viejos valores pétreos quedaron en el desuso, son cosas consideradas vetustas… para el “obtuso”; lo malo se llama bueno, la bondad es permisión de toda la decadencia… de desvalorización.

La coherencia es compleja, implica a veces perder: amistades que no lo eran, negocios que nos complican, actividades dañinas… personas que no edifican; entonces la coherencia nos lleva a ganar… perdiendo, defendiendo los valores y, en ello, nunca cediendo. Pero al final… a la postre, la coherencia es decencia; es honradez pura y buena, es ser cabal con ideales y puntual en la faena. El mundo está de cabeza, por falta de coherencia, porque se promueven cosas, siniestras, feas malvadas… pero bien “empaquetadas”, con “verdades” que no son y mentiras disfrazadas. De pronto sin darnos cuenta, nos han vendido la idea que la familia es barata y puede estar integrada, no como Dios la planeó, sino como lo propone, la gente que está alienada. Disponen los incoherentes que ser puntual y decente, es de épocas pasadas, al igual que manejar un criterio diferente… o usted se alinea con ellos o es un “impertinente”; “nefasto”, “vil”, “anticuado”, “idiota”, “cruel”, “retrasado”, y diatribas similares… pues la falta de argumento, provoca gran aspaviento. Todo en las “redes sociales” que –sin sustancia o razón– son la plataforma ideal, para el cobarde ignorante que oculta su identidad, despotrica sinrazones, busca “likes” de otros iguales, promoviéndose el desprecio, la rabia y bajas pasiones.

Veamos hoy lo que pasa con el presidente Trump. Con lo mediático en contra y yendo contracorriente… resultó impopular, pero también coherente. Y es que la coherencia es –de plano– malmirada, resulta de los valores, de genuinas convicciones que nunca son abatidas… a riesgo de los ataques o hasta de perder la vida. Trump demuestra coherencia –haciendo lo que antes dijo– y la gente le hace ruido, pues ya estaba acostumbrada, al discurso ambivalente, al decir claro y muy fuerte, pero al final se actuaba, de forma muy diferente. Fueron por ambivalentes –como el presidente Obama– que hablaba de paz y unión, mientras a muchos mataba… que se hizo popular, el circo y la charada. En este mundo tan fatuo, donde “no importa” hacer, sino solo aparentar, la gente que no aparenta y sigue sus convicciones, está proscrita… al saber que siempre es mucho mejor, el cumplir con el deber que saciar mil ambiciones. Los “mojados” e “Israel”, son dos temas ejemplares, del actuar ambivalente y de la visión coherente. Obama dijo querer a los indocumentados, pero nadie como él provocó tantos chapines, tristemente repatriados. Trump dijo “yo no los quiero”, ofreció los echaría y es esperable que lo haga ¿Es mejor la mascarada? No lo creo.

Y en el tema de Israel, Obama quiso –siempre– quedar, bien con Dios y el diablo, y como sus antecesores difirió su decisión sobre Jerusalén, pues ello le provocaba desazones y resabios. ¿Habría sido un premio Nobel, siendo un hombre coherente? Difícil, seguramente, ese premio “de la Paz” tan político y tan gris, solo premia posiciones que van conforme a la agenda del funesto ambivalente; ello es así –y es muy triste– pues la paz es “relativa”… Obama lo demostró; “es malo” –se dice hoy– matar a los delincuentes, exterminar homicidas y golpear a los ladrones, pero él masacró familias, con su sonrisa de bobo y el aplauso de la gente… usando siniestros drones. Trump vindicó la amistad, antigua y perecedera un aliado de siempre, un pueblo que ha luchado, con hidalguía clemente, un pueblo que fue atacado, en diversas ocasiones, solo por el mal de odiar… un pueblo que ha vivido entre asedios y presiones… ¡eso es ser coherente! Odiar a Israel “es cool” porque así lo han dispuesto, los necios generadores de la cruel ambivalencia que genera tantos males y procrean malvivencia. La coherencia del “malo” –no tengo ninguna duda– es por mucho, más confiable que la ambivalencia del “bueno”; porque no se puede ser derecho y ambivalente, tampoco se puede ser incoherente y decente ¡Piénselo!

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