Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Domingo

A desalambrar

Fecha de publicación: 31-12-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: Jaime Barrios Carrillo
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“Si molesto con mi canto / a alguien que no quiera oír, / le aseguro que es un gringo / o un dueño de este país”.

Daniel Viglietti

 

2017 fue un año tormentoso en lo político y en lo natural. Recordemos los huracanes que asolaron en agosto y septiembre. Harvey en Texas cobró 77 vidas. Irma asoló el Caribe llevándose 134 vidas humanas y produciendo destrozos incalculables en varios países. Los estudiosos de los cambios climáticos no están plenamente de acuerdo en que estas catástrofes estén relacionadas con el recalentamiento global y con la producción excesiva de dióxido de carbono. Pero hay suficientes indicios para pensar en que los excesos actuales en inundaciones, derretimiento de glaciares y recalentamiento de los mares estén propiciándose por el recalentamiento producido por la acción humana. El presidente Donald Trump hace caso omiso de las investigaciones científicas y unilateralmente ha tomado decisiones que van contra los acuerdos internacionales que buscan prevenir y disminuir el calentamiento.

En el aspecto político el mandatario norteamericano tuvo enormes desaciertos durante 2017. Sobre todo en cuanto a la búsqueda de estabilidad mundial y en el tratamiento inhumano y persecutorio a los migrantes. La guinda del pastel fue la decisión de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, pasando por encima del sistema de Naciones Unidas y de los acuerdos logrados y las resoluciones emitidas. Lo que llevó a la Asamblea General de la ONU a tomar una resolución contra la decisión de Trump, adoptada por inmensa mayoría y con la pobre oposición de países periféricos y casi de mentiras por su tamaño y dependencia con Estados Unidos como las Islas Marshall.

Guatemala y Honduras fueron los únicos países de América Latina que apoyaron a Trump y el presidente de Guatemala fue aún más lejos tomando la decisión riesgosa, y contra toda la prudencia diplomática, de trasladar la embajada guatemalteca a Jerusalén. Jimmy expone a Guatemala a un bloqueo comercial de los países árabes que podría ser desastroso para miles de connacionales. El presidente se ha evidenciado como torpe en cuestiones de diplomacia y es ahora el hazmerreír de Latinoamérica.

La gestión del segundo año de gobierno de Jimmy Morales está más que desaprobada: carreteras en estado calamitoso e indicios de tentativas de gran corrupción a través de utilizar al Ejército en estos trabajos, el sector salud por los suelos, la educación para atrás, la inseguridad en niveles invivibles. Un indicador de la ineficacia es la baja ejecución en varios ministerios.

Jimmy Morales dio en agosto un paso en falso en su fracasado intento de sacar del país al comisionado de la CICIG al declararlo non grato. Morales no ha demostrado un interés genuino de combatir la corrupción sino al contrario es parte de esta, incluyendo a sus parientes más cercanos. No debe olvidarse el escándalo del bono militar que todavía no está plenamente investigado y en el cual Jimmy tuvo una participación indecorosa, habiéndolo salvado un corrupto Congreso. Tampoco está superada la masacre de niñas en el Hogar Seguro.

Esperemos que el 2018 sea el año de una activa sociedad civil que fiscalice las maniobras de la política corrupta. La acción trascendental será la elección del nuevo Fiscal General. Procede entonces desalambrar los nudos de la corrupción. Le guste o no a Jimmy. Al terminar este año repetimos como homenaje el texto del cantautor uruguayo Daniel Viglietti fallecido en octubre:

“Yo pregunto a los presentes / si no se han puesto a pensar / que esta tierra es de nosotros / y no del que tenga más”.

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