Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Domingo

“Somos capaces de cambiar al mundo. Si esperamos a los Gobiernos, estamos jodidos”

Entre el 3 y 4 de diciembre de 1997 los ojos del mundo estaban puestos en Ottawa, Canadá. La expectativa era enorme. La jornada era decisiva porque entonces quedaría plasmado el compromiso de Oslo, Noruega (tres meses atrás), sobre la prohibición total de minas terrestres alcanzado en la Convención “Sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonales”. Jody Williams estaba allí y esperaba. Tenía esperanza, pero también miedo. Miedo de que nada pasara. Había impulsado desde 1992, la Campaña Internacional de Erradicación de las Minas Terrestres (ICBL), con el respaldo de seis organizaciones civiles y no creía que, en tan poco tiempo, la exigencia social pudiera obtener respuesta. Pero, en los dos días firmaron 122 Estados. La activista quedó sorprendida. No esperaba tanto. Había recibido, en octubre de ese año, el Premio Nobel de la Paz por esa lucha y en Ottawa comenzaba una nueva batalla: conseguir que el Acuerdo se cumpliera.

Fecha de publicación: 05-11-17
Jody Williams, Premio Nobel de la Paz 1997 Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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¿Cómo fue su vida después del Premio Nobel, en qué cambió?

– Son 20 años. Soy la misma persona en una forma y al mismo tiempo no soy la persona que era antes de ganar el Nobel de la Paz y más por la esperanza de la gente que una siga en la defensa de los derechos humanos y trabaje contra la corrupción, la guerra y ondas así. Siempre digo que cada año siento más responsabilidad en vez de menos. A veces una se cansa, pero así es la vida.

La visita a la Fundación Americana de Veteranos de Vietnam es un pasaje que marcó su vida. ¿Fue allí que se involucró en el movimiento social contra las minas terrestres antipersonales?

– Había trabajado en proyectos en Centroamérica de 1981 a 1991, entonces había visto a personas víctimas de armas, pero nunca había prestado atención a las minas terrestres como algo diferente. Cuando me invitaron a la oficina de los veteranos y empiezan a platicar sobre las minas en el mundo y bla-bla-bla, estaba allí pensando: “¿por qué estoy aquí, sino trabajo en estas cosas, en minas?” Le dije al señor que me había invitado: “¿Por qué no trabajas en bombas nucleares. En algo con más chiste. Por qué las minas antipersonales?” Me explicó que había comenzado un proyecto en Camboya y estaba entrenando a víctimas de guerra para hacer prótesis. Se había dado cuenta de la necesidad de prohibir el uso de estos explosivos, si no, siempre habría que luchar contra las minas.

¿Cambió su forma de pensar?

– Cuándo me lo explicó así: que la guerra termina pero que las minas siguen allí, matando, entendí y después de estar involucrada en temas de Centroamérica estaba harta y quería hacer algo nuevo. Me gustó mucho la idea de hacer una campaña internacional desde la sociedad civil. Los ciudadanos no solo tenemos derechos sino también responsabilidades como seres humanos en el mundo. Iba a tener que aprender cosas nuevas, todo eso, como mucha gente que aprende mientras trabaja. Eso es mucho más interesante. Acepté y aquí estamos.

¿En 1997, firmaron 122 países, pero en otros todavía existe el problema?

– Sí, pero está mejor que antes. Ahora hay 163 países que forman parte del Tratado Antiminas. Hay decenas de Estados que han terminado de limpiar su territorio. Entre ellos, hay países con problemas serios como Mozambique, en África, que creo que concluyeron a fines de 2015. Si Mozambique puede hacer eso, todo el mundo puede. Es hacer un plan y empezar. Obviamente, es un poco más difícil y a mí no me gustaría hacer ese trabajo. Pero es algo alcanzable.

Es muy duro firmar la paz y dejar las bombas enterradas y que sigan cobrando vidas.

– Es la mentalidad de los militares. Si tengo que destruir completamente la ciudad para salvarme, lo voy hacer. Con minas, con bombas, con armas, como sea.

¿Cuándo usted comenzó la campaña internacional, los países escucharon la propuesta y decidieron aceptar su responsabilidad y limpiar de minas sus territorios. Fue difícil convencerlos?

– No imaginé la respuesta en tan poco tiempo. Lanzamos la campaña internacional en octubre de 1992 y el Tratado fue firmado por 122 países entre el 3 y 4 de diciembre de 1997, en Ottawa, Canadá. Ha tenido tanto éxito porque la campaña continúa. La parte más fácil era firmar el Tratado, la difícil era cumplirlo. Otra cosa que me ha gustado mucho es el modelo de activismo que surgió de esto, se usó para prohibir las bombas de racimo en 2008. Lograron un tratado contra esas bombas y este año consiguieron uno para prohibir las bombas nucleares. Obviamente hay mucho trabajo que hacer, pero tener por primera vez un tratado que dice claramente que las bombas nucleares son armas ilegales, es un logro muy grande. Más ahora con dos locos. ¿Cómo creen que tienen el derecho de matar a millones? Solo porque pueden hacerlo. Me da asco.

¿Qué países son los más afectados hoy por las minas terrestres?

– Colombia, Nicaragua, creo que tiene algunas, Angola, Afganistán, Camboya.

Cuesta entender esta estrategia o táctica de guerra y la renuencia de algunos Estados a liberar los territorios de estos explosivos, porque tienen que afrontar las secuelas y atender a las víctimas y eso es grave.

– Por eso los países que apoyan el proceso han donado mucho dinero para la limpieza y un porcentaje pequeño es para apoyar a las víctimas. Una persona o un niño que queda mutilado necesita ayuda toda la vida. Una prótesis es como un zapato en un sentido, duran mientras la persona crece.

Cuando usted comenzó la campaña internacional, después de haber visto lo que había pasado en Vietnam, y que los excombatientes tenían poco apoyo ¿cómo reaccionó su país, Estados Unidos?

– Todavía no ha firmado (el Tratado Antiminas) Gringolandia. Pero bajo el gobierno de Barak Obama dijeron que iban a dejar de usar, fabricar y bla-bla-bla. Han destruido millones de minas, pero todavía se quedaron con el derecho de usarlas en la zona entre Corea del Norte y Corea del Sur que es una locura. Porque si mi país llega a tener una guerra con Corea del Norte, las minas no valen nada. Porque como (Donald) Trump dice: “Vamos a mandar fuego y ta ta ta”.

¿En otros países la mentalidad es distinta a la de Estados Unidos y se piensa distinto respecto a este tipo de artefactos?

– La situación ha cambiado. Es difícil pensar en un mundo como antes, donde se fabricaban minas terrestres como ahora se producen iPhones, algo normal. Ya no se hace así. Creo que solo diez países se han quedado con el derecho de fabricarla. Pero no lo están haciendo. Tal vez uno o dos.

¿Además de la campaña internacional se ha involucrado en otros proyectos en estos 20 años?

– Desde 2004, ya no estoy muy involucrada en la campaña. Comenzamos a impulsar la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel en enero de 2006 y he sido como la presidenta. He intentado pasarlo a las otras, pero no. Por medio de la iniciativa hacemos enlaces y conexiones con organizaciones de mujeres de base, para intentar buscar formas de hacerlas más sostenible con justicia e igualdad.

¿Qué es lo más más relevante de trabajar en la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel?

– Formamos la iniciativa con la idea de usar la influencia que supuestamente tenemos por el Premio Nobel de la Paz y utilizarla para andar con mujeres de base. Hacemos cosas como delegaciones y la última vez que estuvimos acá, pasamos por Honduras y México. Hacemos videos para ampliar el mensaje y hemos invitado a seis mujeres, dos de Guatemala, dos de Honduras y dos de México a ir a Washington.

¿Cómo es su día en su casa, en Estados Unidos?

– Soy del estado de Vermont, en la frontera con Canadá y allí está la casa, pero también tenemos que pasar tiempo en Virginia, cerca de Washington porque mi esposo trabaja con Human Right Watch, es el director de la división de armas. Nos conocimos en la campaña. Él dice que la campaña no tenía chiste, así que llegó. Así bromea. Él todavía está muy metido en la campaña contra las bombas de racimo. La última vez que trabajé en una oficina fue en 1982. Trabajo en mi casa. Soy introvertida, no quiere decir que no pueda ser sociable, pero necesito estar sola y concentrar mi energía. Mi mente no funciona en una oficina. Me levanto, tomo café, juego con mi perro y comienzo a trabajar y viajo. Viajo demasiado.

¿Qué mensaje quisiera usted expresar ante la situación caótica que vive el mundo en la actualidad?

– Mi mensaje no es a las personas con poder. Trabajo y hablo con la sociedad civil, porque creo y lo he vivido. Somos capaces de cambiar al mundo. Si esperamos a los Gobiernos, estamos jodidos. Entonces, por el trabajo que hago, por mi trabajo, digo que cualquier persona puede participar, no es nada difícil. Es levantarse de la silla y juntarse con otra gente que está viendo hacia la misma meta y todos hacen un poquito y avanzan. No es gran cosa.

25 mil
muertes a causa de minas terrestres antipersonales registra al año el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Visita
>Como parte de las actividades de la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel, Jody Williams, de Estados Unidos; Rigoberta Menchú, de Guatemala; Tawakkul Karman, de Yemen; y Shirin Ebadi, de Irán, visitaron Guatemala y Honduras entre el 20 y 28 de octubre pasado, con el propósito de conocer la situación de defensores de derechos humanos y de la naturaleza de ambos países.

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