Jueves 18 DE Julio DE 2019
Domingo

Democracia como medio y como fin

Fecha de publicación: 05-11-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico
Por: Jaime Barrios Carrillo

Un sistema democrático es un mecanismo social de toma de decisiones. Existe la democracia representativa y también la participativa. La primera refiere al sistema de partidos y elecciones. Con el riesgo de que la representación puede corromperse, los representantes o clase política se representan a sí mismos, es decir les importa el cratos (el poder) y no el
demos (el pueblo).

La democracia participativa implica una dinámica más social, no solo de mecánica electoral sino de participación real de amplios sectores ciudadanos. La sociedad civil forma parte esencial de la democracia.

Guatemala tiene más de 30 años de democracia formal. Tres décadas desde los sangrientos gobiernos militares y dos desde del fin del conflicto armado interno. Llegar a celebrar elecciones generales sin que sean los “generales” los que impusieran al “elegido” por ellos, es sin duda un gran progreso.

Pero los grandes escándalos de corrupción, que tienen en la cárcel, esperando juicio, a un expresidente y su ex vicepresidenta y a docenas de expolíticos y exfuncionarios, muestran lo vulnerable del sistema y las debilidades políticas, éticas y legales.

La democracia representativa ahora muestra también que hay muchos actores. Por lo menos en cuanto al número de partidos políticos y de comités cívicos, que concurren hoy en las urnas por los puestos de presidente, diputados y alcaldías. Pero no son nuestros partidos políticos unos modelos de democracia. Y las esperadas reformas electorales no se han consumado plenamente. Resulta escandaloso ver las actuaciones en pactos de impunidad en el Congreso de esos partidos. El Ejecutivo y Jimmy a la cabeza tampoco han contribuido, lo contrario, a una buena gobernanza y las sospechas sobre el presidente, su partido y sus allegados son comidilla en todos los niveles de la sociedad.

A lo anterior agregamos la incapacidad de comunicación del presidente Morales, algo estrechamente vinculado con su visión del mundo y a sus modales de ungido divino, con frases que pasarán a la historia de la retórica estulta como “la corrupción es normal” o “hay que perseguir el delito y no a las personas”.

En definitiva, la democracia en Guatemala se debate entre la realidad y la utopía. Entre el sueño y la pesadilla de despertar cada mañana con la inseguridad y la pobreza tocando las puertas. Porque la democracia debe suministrar resultados. Si brinda salud, educación, seguridad y empleo, entonces el país se habrá democratizado. Los principales logros deben ser, sin duda, la disminución de la pobreza.

Entendemos por pobreza no solo lo económico/material, como la falta de recursos y empleos o de vivienda, sino también la ausencia de participación, la discriminación, los obstáculos para influir en las decisiones que a todo nivel incumben y afectan a los ciudadanos.

Se anhelan cambios y que sucedan pronto. Pero ha faltado visión, sobre todo con la cuestión social y abunda la improvisación y sobra la demagogia. Lo importante no debería ser el QUIÉN sino el CÓMO se piensa gobernar. Porque se ha visto carencia en los programas y en cambio un énfasis en la competencia electorera. Las sombras del narcotráfico y el crimen organizado resultan terribles.

Los derechos humanos son la base de todo sistema democrático. Aquel gran líder que fue Manuel Colom Argueta proclamaba la necesidad de “la democracia como medio y como fin”. La democracia que no se desarrolla muere, se pudre, se convierte en un ritual y en fachada. Con el resultado de la ingobernabilidad, que lleva a la violencia y la impunidad. El derecho fundamental es a la vida digna con salud, educación, seguridad y cultura.