Domingo 18 DE Agosto DE 2019
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Xi Jinping, el hombre fuerte de China

Con una posición elevada a nivel político e ideológico, el líder persigue el “gran resurgimiento” de una China económica y militarmente fuerte en el mundo.

Fecha de publicación: 29-10-17
Xi Jinping frente a los medios en el Salón del Pueblo, en Pekín, el pasado 25 de octubre.

DPA/AP/AFP –Con un poder sin precedentes, el jefe de Estado y del Partido Comunista Chino (PCch), Xi Jinping, inició su segundo mandato tras confirmarle el miércoles en Pekín el nuevo Comité Central del partido en su primer pleno. La confirmación del mandatario de 64 años para otros cinco años más en el cargo se daba por descontada.

Xi Jinping presentó al que es su nuevo equipo. Entre los cinco miembros del poderoso Comité Permanente del Buró Político, un gremio creado hace cinco años, no figura ningún potencial aspirante. Los elegidos serían demasiado mayores para heredar su cargo hasta 2022.

Con la renovación de personal y la inclusión de su filosofía en los estatutos del Partido, Xi, el “hombre fuerte de China”, figura en lo más alto del poder. Desde Mao Tse-Tung, el “Gran Timonel”, ningún otro líder había alcanzado una posición tan elevada a nivel político e ideológico.

Al no dejar entrever ninguna disposición sobre su heredero, Xi Jinping abre el camino a las especulaciones sobre si él aspira a un tercer mandato una vez haya concluido el actual, dentro de cinco años. Podría seguir como secretario general del partido y como presidente de la Comisión Central Militar, pero en teoría no como presidente.

Con este nuevo círculo de poder, Xi rompe con la tradición impuesta desde Deng Xiaoping, fallecido en 1997, con quien se impuso que, tras un primer mandato del Congreso del Partido Comunista surgía un sucesor para facilitar un traspaso de poder sin asperezas.

La ausencia de un sucesor evidente es un indicio de las ambiciones de Xi a largo plazo, dijo el sinólogo Joseph Fewsmith, de la Universidad de Boston. “Indica la probabilidad de que obtenga un tercer período y probablemente escoja a su sucesor”, dijo Fewsmith. “Algo que no hemos visto en las últimas dos décadas”.

El partido había elevado la jerarquía de Xi en su sesión de clausura del martes al insertar su nombre y dogma en la constitución junto con los de los líderes del pasado Mao Tse Tung y Deng Xiaoping, lo que cimentó su estatus del líder nacional más poderoso en varias décadas.

“Nadie duda de que Xi se alza sobre el paisaje como un coloso. La resistencia organizada o incluso desorganizada es inconcebible”, dijo el sinólogo Jeremy Paltiel, de la Universidad Carleton de Canadá.

Sin embargo, “no es fácil comparar” a Mao y a Xi, concede Xie Chuntao, director de historia de la Escuela Central del Partido. “Los que conocen al PCC y a China ven muy claramente el papel que tuvo el secretario general Xi Jinping durante los últimos cinco años. Obtuvo el apoyo, el amor y el respeto sincero de todo el Partido y del conjunto de los chinos”, asegura.

Una nueva era

El Congreso del Partido, que se reúne cada cinco años, acogió el “pensamiento de Xi Jinping para la nueva era del socialismo con características chinas” en el plan de acción de los estatutos del partido. Los delegados encumbraban así al mandatario a la altura de Mao.

El pensamiento de Xi lo anunció el mismo interesado en la apertura del Congreso del PCC. “Tenemos que trabajar sin descanso y seguir adelante en este viaje para lograr un renacimiento de la nación china”, dijo Xi, es decir reafirmar a China como potencia próspera y respetada, luego de más de un siglo y medio de declive y humillaciones.

Para ello Xi Jinping promete constituir un ejército “de primer nivel mundial” para 2050, mejorar la protección social y de salud, el Estado de derecho “socialista” o asegurarse la “coexistencia armoniosa entre el hombre y la naturaleza”.

Pero no se prevé ninguna liberalización política. “Todo debe estar bajo la dirección del PCC: los organismos del PCC, el Gobierno, el Ejército, la sociedad civil y sea cual fuere el lugar en donde nos encontremos”, insistió.

Xi “enfatizó los ideales comunistas” y la completa y profunda reforma y “nuevas ideas para el desarrollo”, en busca de un nuevo modelo económico más equilibrado.

Y la importancia del modelo “un país, dos sistemas”, bajo el cual se gobierna Hong Kong, y la “reunificación nacional”, con la vista puesta en Taiwán (considerada una isla rebelde por Pekín).

Tras la renovación del buró político, ante la prensa, Xi Jinping, señalo que tanto él como su nuevo equipo quiere cooperar con otros países y hacer avanzar la segunda mayor economía del mundo. “Nos esforzaremos por un crecimiento sostenible y sano, que sirva al pueblo de China y a todo el mundo”, dijo.

El líder del partido persigue así el “sueño chino” de un “gran resurgimiento” de una China económica y militarmente fuerte en el mundo. Además se despidió del “estilo colectivo de mando”, centralizó el poder en sus manos y exige lealtad y disciplina.

Desde su llegada al poder en 2012 Xi no ha dejado de establecer nuevas reglas de juego, colocó a sus hombres en los puestos clave, ayudado por una campaña anticorrupción que sancionó a más 1.3 millones de funcionarios. A través de grupos de mando ha ido asumiendo destacadas funciones de Gobierno y con ello amasando un poder sin precedentes.

Su lucha contra la corrupción, que cuenta con gran popularidad entre la población, no de dirige solo contra funcionarios corruptos, sino que se ha convertido también en un instrumento con el que desmontar a los rivales políticos y cimentar su poder.

El camino hacia el poder

> Xi Jinping nació en un entorno acomodado. Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los fundadores de la guerrilla comunista y perteneciente a la casta de los “príncipes rojos”, descendientes de los revolucionarios que llegaron al poder en 1949, antes de ser purgados por Mao.

Xi intentó hacer olvidar estos orígenes y cultiva una imagen de dirigente cercano al pueblo. La prensa oficial insiste en su vida en el ámbito rural durante la “revolución cultural” (1966-76), cuando vivía en una gruta.

Al final de los disturbios de la era maoísta, Xi Jinping se diplomó como ingeniero químico por la prestigiosa universidad de Tsinghua en Pekín aunque acabó haciendo carrera en el aparato del partido, en el que entró con apenas 21 años.

El presidente chino ya conocía entonces Estados Unidos: estuvo en Iowa en 1985 para estudiar agricultura. Se divorció y en 1987 se casó con la cantante Peng Liyuan, por aquel entonces mucho más famosa que él. El matrimonio tiene una hija.

Xi Jinping fue gobernador de Fujian en 2000 y jefe del partido en Zhejiang en 2002, dos provincias costeras que son un escaparate de la China reformista. El presidente Hu Jintao recurrió a él en 2007 para pedirle que pusiera orden en Shanghái, donde el jefe del partido había caído por un escándalo de corrupción.

Ese mismo año Xi Jinping entró en el comité permanente del buró político, cenáculo del PCC, a cuyo mando se puso en noviembre de 2012.

Xi ha convertido la lucha contra la corrupción en la seña de su mandato. –AFP

Una nueva ruta de la seda

El modesto y periférico puerto pesquero de Gwadar, en el sur de Pakistán, parece estar de suerte. China lo ha elegido para sentar las bases de un ambicioso proyecto de desarrollo con vocación comercial internacional.

Situado en una península árida en el mar Arábigo, Gwadar (“puerta del viento” en lengua baluchi) fue elegido por su emplazamiento estratégico, que a largo plazo le podría valer un papel importante en el comercio mundial.

La ciudad se convertirá en la cabeza de puente del Corredor Económico China Pakistán (CPEC), un proyecto de US$54 millardos lanzado en 2013 para conectar el oeste de China con el océano Índico, vía Pakistán. La CPEC es un eje de la iniciativa china “One Belt One Road”, para el desarrollo de un cinturón terrestre y de una ruta marítima, que involucra a unos 65 países. –AFP