Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Modelo Económico: Vergüenza

Fecha de publicación: 29-10-17
Por: César A. García E.
Más noticias que te pueden interesar

Triste la situación de mi país, una nación de elites “pensantes” que se continúan dividiendo al colmo de descalificarse, insultarse y hasta desearse el mal. El jueves fue el colmo… un colmo que no hubiese querido leer, en un chat de amigos y conocidos y desconocidos, quienes tenemos en común un hobbie y es –normalmente– de grata convivencia virtual… si es que cabe el término. Pues bien, uno de los integrantes –ultra derechista confeso, ex militante, según dice del MLN y hasta ese día para mí pensante– envió un video de Rafael Correa, quien –con mayor éxito que nuestro impresentable presidente– hablaba de la “persecución al delito y no al individuo”. Le recriminé acerca de sus principios, pues
–siendo “derechista”– usaba de referente a Correa, al cual ha tachado como “socialista”; lo hice porque –como ustedes saben– creo en defender los principios y valores y no radicalidades ideológicas que solo maldad han procreado para el mundo. La discusión subió de tono y finalmente, este defensor del statu quo, escribió textualmente: “¡Cómo extraño la bella época del MLN, cuando estos comentarios hubieran sido motivo más que suficiente para ir a traer a alguien en una unidad móvil!… bellos recuerdos, espero pronto regresen!!! (Piénselo!!!)”. Desenlace lamentable, pero no es motivo de esta columna, solo quise –a manera de ilustración– compartir tan repugnante “argumento” que evoca e idealiza los tiempos de sangre inocente derramada, a granel, en medio de una guerra que no era nuestra, pero donde nuestra patria puso demasiados muertos, como para ser contados y muchas familias llevamos el luto que trajo esa vergonzosa época que sin duda atrasó a Guatemala, al menos cincuenta años.

Tristemente, nuestro bello país, permanece anclado a su pasado, con odios aún vigentes y gentes pretendiendo o temiendo que sea la “izquierda” o la “derecha” la que cobre venganza, a través de ejercer el poder. ¿Demente? ¡Por supuesto!, pero muchos siguen argumentando, a la usanza de los sangrientos setentas y ochentas, en lugar de ver para delante, notar y emular lo que hicieron las naciones que salieron del marasmo económico y han logrado avanzar por el camino del desarrollo… abatiendo la pobreza, poco a poco, pues es ésta, la única ruta por la que se logra. ¿Puede ser un país próspero y simultáneamente altamente corrupto? Imposible, porque los recursos orientados a atraer inversión, establecer un legítimo Estado de Derecho, crear infraestructura y proveer los apoyos sociales –indispensables– para ascender en el desarrollo humano, se desvían hacia los bolsillos de los gobernantes de turno y sus amigos. Guatemala es atrasada, pese a sus edificios y tráfico, porque su gente es atrasada… ¡No hay más! Ninguna nación, con un desastroso desarrollo humano, logra avanzar en otros ámbitos, porque el desarrollo lo construyen las personas: saludables, sanas, educadas, con ímpetu e ilusiones y dentro de un entorno que brinda oportunidades para desarrollarse. De otra forma –como ocurre en nuestro caso– mucha gente buena, honrada y productiva, sale a “buscarse la vida”, a otras latitudes y –sin necesariamente quererlo– hace menos difícil la vida a quienes aquí nos quedamos.

Me explico; el principal “producto de exportación” del país son los seres humanos, lo cual he denunciado desde hace muchos años, pero –siendo ello una vergüenza– ha sido visto por tecnócratas y presidentes de nuestra era democrática, como una “fortaleza”, una tan importante de la que depende la estabilidad del tipo de cambio. En efecto, mientras –según las cifras del Banguat– las Remesas Familiares, sumaron en 2010, US$4.1 millardos, ya el año pasado habían alcanzado los US$7.2 millardos, es decir un crecimiento, en tan solo seis años del 76 por ciento. Para el presente año, si el ritmo sigue tal cual va, las Remesas Familiares superarán los US$8 millardos, es decir se duplicarán en siete años. Imagínese –usted preciado lector– que país tendríamos, si nuestra inversión extranjera se duplicara cada lustro, o sus exportaciones de bienes y servicios, observaran ese crecimiento, o si nuestras importaciones no estuvieran deprimidas… seríamos un país rico, probablemente en una sola generación. Pero nada de eso ha pasado; nuestros gobernantes, unos más incompetentes y corruptos que otros, se han limitado a tres cosas:
1- Enriquecerse, mientras gozan las mieles del poder, 2- A hacer obra cosmética, enriqueciendo a sus “amigos” y a fomentando la impunidad y 3- A ver cómo logran reelegir a su partido. Últimamente, se agrega una actividad “primordial” que es: “ver cómo se evade la agenda imperial que ha dispuesto el combate frontal a la corrupción”.

Guatemala simplemente no avanza. Su crecimiento económico es raquítico –como todos los años– aunque algunos tecnócratas hasta lo celebran porque es “mucho mayor” al del mundo desarrollado en promedio. Lo que nadie les ha explicado (o no quieren ver) es que somos una nación pobre que debe crecer –obligatoriamente– a más del doble del ridículo 3 por ciento anual, logrado, y por varios lustros, para empezar a abatir la pobreza. Un país rico no requiere tales ritmos pues es rico; la analogía que se me ocurre es comparar a una familia pobre que debe –necesariamente– abandonar su situación, para poder: nutrir, educar y dar a sus hijos, mejores oportunidades de desenvolvimiento social e idealmente profesional. Esa familia debe hacer crecer sus ingresos, lo más rápido posible y optimizar su gasto de la forma más racional posible, estableciendo prioridades y siendo consecuentes con sus necesidades apremiantes… esa familia es Guatemala, ¡debe salir de la miseria! Un país desarrollado, por el contrario, ya resolvió sus problemas básicos: salud, educación, infraestructura, inversión… una nación así, puede crecer más lentamente, pues el reto es sustentar su crecimiento demográfico y no perder lo logrado; es entonces semejante a una familia acomodada que puede o no hacer crecer sus ingresos, porque su patrimonio, podría sustentarle en tiempos difíciles. PNUD anota –con toda propiedad– “El desarrollo humano, se centra en la riqueza de las vidas humanas”.

Guatemala, para avanzar, necesita un plan… uno siempre negado. Todos los planes de gobierno –como repite Arzú– “se tiran por la ventana cuando se empieza a gobernar”. Lo más probable es que –de ocurrir así– contendrían, solamente, demagogia electorera. Lo cierto del caso, es que la inversión extranjera directa en nuestro país, ha crecido en un 47 por ciento en siete años, mientras que las Remesas Familiares se han duplicado, durante el mismo período. Por otra parte, la economía crece muy lentamente y el crédito aún más lento, al extremo que este año, no ha alcanzado –en los nueve meses corridos– ni el uno por ciento de incremento, desde diciembre, ubicándose cerca al 0.6 por ciento ¿Cuál es la razón? La explicación más simplista, sería endilgarle la responsabilidad a la persecución de la corrupción y la evasión; en lo personal me parece un análisis muy ligero y hasta irresponsable, aunque obviamente, el mercado inmobiliario está fustigado por el IUSI, ello podría resolverse con modificar el Decreto 15-98, actualizándolo a la condición real de valores inmobiliarios. En efecto, los “agentes económicos”, es decir todos los que interactúan en la economía, se sienten menos confiados… ello está más que demostrado. No obstante, existe un elemento estructural que no debe soslayarse y se trata de la miseria que avasalla a nuestra tierra y que a ningún gobierno le ha importado, ésta
–indiscutiblemente– prodigada por la corrupción y el desinterés del Estado y los servidores públicos, de cumplir con sus deberes Constitucionales. Guatemala, aparece en el puesto número 125 de Desarrollo Humano, según PNUD, ello significa que –en promedio– tenemos un 64 por ciento del desarrollo óptimo, mientras EE. UU. ostenta un 92 por ciento… he allí la diferencia de la necesidad imperiosa de nuestro crecimiento económico y la explicación de por qué, nuestros coterráneos viajan –masivamente– al norte, aún a riesgo de su propia vida, haciéndolo reincidentemente.

El “modelo económico” chapín, si es que pudiera llamarse así, lo denominaría “Modelo de la Vergüenza”, porque nuestra estabilidad cambiaria e incluso nuestro control inflacionario, depende de un crimen ampliamente aceptado y permanente… la destrucción de la familia y la exportación de seres humanos. Urge que los guatemaltecos “ideológicos”, disciernan y se percaten de las urgencias de su tierra y se convenzan que erradicar la corrupción, no es una opción, sino una imperiosa necesidad. ¡Piénselo!

Etiquetas: