Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Guatemala, 2050. Bienvenidos al infierno (II)

Fecha de publicación: 29-10-17
Ilustración JORGE ANTONIO DE LEÓN > El periódico Por: Manolo E. Vela Castañeda manolo.vela@ibero.mx
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“Ése sería el verdadero modo de ir al paraíso: aprender el camino del infierno para evitarlo”.

N. Maquiavelo, Epistolario 1512-1527 (FCE)

 

El domingo pasado publiqué la primera parte de esta historia. http://bit.ly/2z9YMfP Se trata, nadie se asuste, de un paseo por el infierno que podremos llegar a ser a menos que estemos dispuestos a hacer algo –de manera decisiva– en el corto plazo.

En las áreas rurales los pobres sobreviven gracias a que Naciones Unidas, NN. UU. declara –año con año– situación de hambruna en varios departamentos. Con ello organizan intervenciones humanitarias de la FAO (Organización de las NN. UU. para la Alimentación y la Cultura), y del PMA (Programa Mundial de Alimentos). Como esas zonas se hallan a merced de las organizaciones criminales, quienes atacan los convoyes en los que se transporta la ayuda alimentaria, NN. UU. envió, el año pasado, unidades de cascos azules. Los debates, que se dieron durante los primeros años del siglo veintiuno, acerca de si el Estado debía o no ejecutar programas sociales, hacen parte de un pasado ya muy remoto. Ahora se vive una tragedia humanitaria de enormes proporciones.

Las actividades económicas siguen tan bien como siempre. En las zonas que sobrevivieron al cambio climático, se continúa produciendo caña de azúcar, café, palma africana; se han multiplicado por diez las extensiones de amapola y mariguana que, desde el año 2033 se hallan bajo la protección de los ejércitos del crimen organizado. Desde los años cuarenta, Guatemala es la nueva Islas Caimán de América Latina: si ya desde antes, en el siglo veinte, los bancos offshore tenían aquí sucursales, ahora, han pasado a instalar en Ciudad de Guatemala sus oficinas centrales.

Los 3 mil kilómetros que, en 2017, hacían parte de la red vial de carreteras asfaltadas, hace parte del recuerdo. Las pocas que quedan se hallan destrozadas, pedazos de cemento y parches de asfalto. Todos recuerdan cuando el gobierno, en 2017, decidió no demandar a la empresa brasileña Odebrecht, por una carretera por la que esta empresa cobró, pero que nunca terminó. En adelante, continuaron los contratos fraudulentos, las sobrevaloraciones, puentes que se caían al siguiente invierno, asfaltos de pésima calidad por los que se pagaba varias veces su valor real. Ahora cada quien transita a como Dios lo libra. Ningún país está dispuesto ya a construirle las carreteras a otro país, una cosa muy extraña que –hace muchos años– hacía Taiwán en Guatemala. Claro, están las mega autopistas, vías de varios carriles, con mantenimiento, videovigilancia y patrullajes de guardias privados, pero el costo de éstas es tan elevado que sólo el 5 por ciento de la población que no es pobre puede pagar por desplazarse en ellas.

Ante los desplantes de las élites mafiosas varios países rompieron relaciones con Guatemala. Lo más sonado fue el cierre de la embajada de Estados Unidos en 2028. Nadie recuerda ya que donde ahora está el mall más grande de la región fue la sede de lo que otrora llegó a ser la todopoderosa embajada. El último intento de los norteamericanos, centrado en el triángulo norte, Guatemala, El Salvador y Honduras, fue la llamada alianza para la prosperidad. Lo que en el año 2016 fueron US$750 millones, año con año se fue reduciendo, hasta que Estados Unidos cerró sus operaciones de cooperación. Con la finalización, en el año 2024, de la construcción del muro en la frontera con México, Estados Unidos adoptó la doctrina que llamaron “America First”, porque, decía el presidente: “Latinoamérica es ahora un mar de problemas, un mar rodeado por aguas muy profundas (¿?). Pero ahora Latinoamérica es asunto de los latinoamericanos; y los recursos de los contribuyentes norteamericanos son para los contribuyentes norteamericanos, no más para bad hombres, violadores, delincuentes, y criminales”.

Durante más de tres décadas familias mafiosas se suceden en el poder: controlan la presidencia, y desde allí, ministerios, diputados, alcaldes. Sigue habiendo elecciones, y partidos, y, como si nada ocurriera, las instituciones continúan funcionando. Pero por debajo todos saben que el partido que llegue al poder se halla penetrado por “el sindicato”, una poderosa mafia que tiene bajo su control los puertos, las aduanas, el negocio de la seguridad privada, las extorsiones, y las relaciones con los cárteles mexicanos para administrar el almacenaje y la transportación de la droga que, con todo y el muro, sigue inundando las calles de Estados Unidos. A la vieja alianza entre los oligarcas y los políticos corruptos, se unieron ahora, ya sin esconderse, los jefes de las organizaciones criminales.

La alianza mafiosa continúa contando –como en los viejos tiempos– con el mejor aparato de propaganda: la llamada “televisión nacional”. Después de la muerte de Ángel González, todo pasó a manos de su primogénito y así, la familia González Lorenzana sigue dictando lo que en Guatemala debe ser noticia.

Recientemente se celebró un feriado nacional. Se conmemoraron 31 años del día en que la CICIG, la Comisión Internacional Contra la Impunidad, cerró sus operaciones en el país. Aquello, ahora repiten los niños en las escuelas, fue la última afrenta a la soberanía nacional. La historia oficial cuenta que una banda de extranjeros, dirigidos por “el colombiano”, se dedicó a perseguir selectivamente, con shows mediáticos, a lo que ahora llaman: “los héroes que nos dieron patria”. Todo se trató, eso dicen ahora, del último intento de los comunistas por llegar al poder.

Lo que antes se llamó Avenida de la Reforma, fue bautizada en 2023, Avenida de la Soberanía Nacional. Aquí, a cada cruce de calle pueden verse estatuas de los “héroes que nos dieron patria”: los generales Otto Pérez Molina, Efraín Ríos Montt, el coronel Lima Estrada, el capitán Lima Oliva. También, Roxana Baldetti (ex vicepresidenta 2012-2015). Cuenta la leyenda que cuando su estatua estaba hecha, al verla enfureció y ordenó que le redujeran tres tallas, porque ella no podía lucir –para la posteridad– con unas libras de más. La escultura del ex presidente y ex alcalde Álvaro Arzú sentado, es una copia del monumento dedicado, en Washington, al presidente Lincoln. Esta gigantesca pieza se halla en el obelisco. En la parte detrás de la estatua se encuentran grabados el número 3 y el número 10 mil 500, en alusión a la defensa del alcalde: 3 plazas fantasmas, de 10 mil 500 trabajadores, delito por el cual se pretendió –en vano– llevarle ante la justicia. En la estatua del presidente Jimmy Morales se lee la frase: “que se persiga el delito, no a las personas”, y cada año se siguen escribiendo tesis intentado descifrar la profundidad de su significado. Hasta ahora ninguna explicación ha resultado satisfactoria.

Y así sigue la vida en un apacible domingo cualquiera en esta Guatemala de 2050. 19

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