Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Una fórmula para frenar el paso de aguas negras al lago de Atitlán

El hermoso manto acuífero está afectado por la continua descarga de aguas residuales generadas por las casi 300 mil personas que viven en municipios cercanos a la cuenca.

Fecha de publicación: 15-10-17
Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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Para Michael Ascoli, asesor de la asociación Amigos del Lago de Atitlán, ello representa una amenaza a la salud de los pobladores y a la estabilidad social y económica del área. Existen alternativas analizadas por esta entidad encaminadas a eliminar la entrada al lago de nutrientes (residuos de fertilizantes) y patógenos (bacterias, virus y bacilos altamente peligrosos). Una está centrada en construir sofisticadas plantas de tratamiento de aguas residuales que incluyan procesos que eliminen el nitrógeno y fósforo. La otra busca retirar esas corrientes negras fuera de la cuenca pueden generar energía eléctrica y luego de ser tratadas, reutilizadas en la agricultura. Después de evaluadas las opciones, la segunda resulta la más atractiva, rentable y sostenible.

La posibilidad de encontrar una solución al rápido deterioro del lago de Atitlán impulsó, en 2016, a Amigos del Lago de Atitlán a consultar y escuchar iniciativas de ingenieros independientes, centros académicos y casas de estudios superiores, que podrían ser aplicadas de una manera técnica y eficiente con la finalidad de resolver el problema.

Al principio, el tema variaba poco y la alternativa se concentraba en construir plantas de tratamiento. Pero, después comenzaron a surgir nuevas ideas. Por ejemplo, la Escuela Regional de Ingeniería Sanitaria y Recursos Hidráulicos (ERIS), de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), proponía exportar las aguas negras fuera del lago por medio de un sistema de tubos, recordó Ascoli.

Esta propuesta fue escuchada por Stewart Oackley, experto en ingeniería ambiental de la Universidad de Chico, California, quien no dudó en regresar a Guatemala con los estudiantes de su clase y efectuar una investigación sobre el tema. “Fue así como se hizo el perfil del proyecto que luego fue presentado a otros centros académicos e instituciones”, comentó Eduardo Aguirre, arquitecto e integrante de Amigos del Lago de Atitlán.

Así nació el lema: “Ni una Gota de Agua Sucia más al Lago de Atitlán”, que resumía el impacto de la propuesta que había sido presentada a las universidades San Carlos de Guatemala, del Valle de Guatemala (UVG) y Rafael Landívar (URL). También a la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (AMSCLAE), la ERIS, la Asociación Guatemala de Ingeniería Ambiental (AGISA) y a las Universidades de Nevada y UC Davis de California.

Con los datos obtenidos, el siguiente paso era materializar la propuesta. Fue el trabajo de un ingeniero, Raúl Aguilar, quien dio luces y directrices sobre hacia dónde había que encaminarse.

“El año pasado habíamos puesto nuestras esperanzas en el programa de agua y saneamiento a cargo del Instituto de Fomento Municipal (Infom), financiado con recursos externos, pero que no llegó a ninguna parte y fue teníamos el perfil del proyecto y hacia allí dirigimos nuestros esfuerzos”, mencionó Aguirre.

El ingeniero Aguilar ofreció ayudarlos y escuchó la propuesta que según la asociación era sencilla: instalar un tubo que canalizara las aguas negras. El experto les contestó que había más. “Esto es enorme”, les habría dicho. “No hay drenajes, no hay topografía. Hay que empezar de cero”, dijo.

Esa afirmación fue el punto de partida de un trabajo de seis meses con drones, que permitieron tomas aéreas de los municipios para así levantar la topografía de cada lugar. Un trabajo, que se efectuó ad honórem.

“Los drones tomaron las fotografías aéreas (ortofotografías) y con un proceso en la computadora se consiguieron elevaciones digitales para la topografía. Durante tres meses se analizó la información de tres estaciones geodésicas y donde marcaba el GPS se mandaba el dron. Luego la información fue verificada en campo”, añadió Aguirre.

Un informe de 2014, de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), detectó tres problemas que afectan gravemente al lago de Atitlán: la basura, residuos de fertilizantes y las aguas negras. “Esto es lo primordial”, añadió el asesor Michael Ascoli.

Con plantas de tratamiento se intentó resolver la contaminación al lago causada por las aguas negras, pero algunas de las existentes son insuficientes para esa finalidad. “Lo que se requiere es un cuerpo receptor, una especie de bypass o colector subacuático. Retomar el enfoque de la UNESCO, sobre las aguas residuales como un recurso olvidado, porque pueden generar energía”, señaló Ascoli.

“Este es un enfoque integral y es mejor que construir plantas de tratamiento de las que se necesitarían por lo menos, 60”, agregó Aguirre. “El lago de Petén Itzá utiliza este tipo de sistema”, afirmó el arquitecto.

En este sentido, la propuesta de Amigos del Lago de Atitlán está encaminada a construir infraestructura subacuática, un colector conectado a una tubería de polietileno de alta densidad por la cual se canalicen las aguas residuales. “Van entubadas y son exportadas a San Lucas Tolimán, la parte más baja y salen a la carretera por 20 kilómetros en una tubería de presión (permite generar energía eléctrica) y cae mil metros abajo a terrenos de la ERIS”. En este punto, Aguirre consideró necesario construir tres centrales hidroeléctricas.

Se prevé en este lugar construir lagunas artificiales y que el Sol remueva los patógenos, lo cual derivaría en agua rica en nutrientes y disponible para riego.

Apoyo a los alcaldes

Chesley Smith, presidente de Amigos del Lago de Atitlán, indicó que las fotografías aereas y los planos topográficos fueron donados por esta organización a las alcaldías de Sololá, con la finalidad de que cuenten con herramientas técnicas que les permita tomar mejores decisiones públicas.

También, la entidad hizo entrega de los diseños de redes de drenajes y de plantas de pretratamiento.

En el caso de las alcantarillas, la organización ha identificado que en Santa Lucía Utatlán, San Jorge La Laguna, Concepción, San Andrés Semetabaj, Panajachel, Santa Catarina Palopó, San Antonio Palopó, Santa Cruz La Laguna y San Marcos La Laguna es necesario ampliar o mejorar el sistema existente.

Mientras que Patanatic, San Antonio Palopó, San Lucas Tolimán, Tzununá, San Pablo La Laguna, San Juan La Laguna, San Pedro La Laguna, Santiago Atitlán, Cerro de Oro requieren infraestructura nueva.

Chuk Muk y San José Chacayá, en tanto, son los únicos poblados con red de alcantarillado. El primero además cuenta con planta de tratamiento de aguas residuales.

Sin embargo, para Amigos del Lago de Atitlán, lo urgente es construir el colector subacuático antes de las alcantarillas, ya que entonces, aumentaría el caudal de aguas negras que ingresan al lago de manera directa, lo cual le ocasionaría mayor degradación.

En las últimas semanas, la propuesta ha sido escuchada por alcaldes y funcionarios de Gobierno quienes tendrían que incluir en sus presupuestos anuales, recursos con esta finalidad.

Estado del lago
Michael Ascoli, asesor de la asociación Amigos del Lago de Atitlán comentó que el bello manto acuífero posee un área de 130 kilómetros cuadrados con un volumen total de agua de 25 kilómetros cúbicos. Es una de las reservas de agua más importantes del país y ahora la única fuente de agua de más de 120 mil pobladores de comunidades localizadas al sur de la cuenca. “La cuenca del lago es endorreica, es decir no tiene una salida evidente, por lo que sus aguas tienen un tiempo de residencia de entre 80 y 120 años”, explicó el experto. “Esto significa que cada gota de agua residual que ingresa al lago permanecerá allí durante ese periodo”, afirmó Ascoli.

Hablan los científicos

Amigos del Lago de Atitlán con la colaboración de la Usac, UVG, URL, UC Davis, AMSCLAE y la Universidad de Chico, California, preparan para el próximo 25 y 26 de octubre el encuentro “Xocomil Científico”, que abordará las soluciones ideales para enfrentar la situación que afecta al lago de Atitlán, explicó Chesley Smith, presidente de la organización. Stewart Oakley de Estados Unidos; el brasileño, Sérgio Rolim Mendonça; Joachim Rusche de Alemania, Menahem Libhaber de Israel y la experta de República Checa, Eliska Rejmankova son los expertos invitados.

25 años
promedio es la vida útil del proyecto en caso llegara a ponerse en marcha de acuerdo al crecimiento demográfico y a los caudales de aguas residuales relacionadas al mismo.

407 litros
de aguas negras ingresan por segundo al lago de Atitlán.

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