Sábado 23 DE Marzo DE 2019
Domingo

Corea del Sur: El capitalismo que reconstruye el pasado y la resistencia de los palillos de metal

Fecha de publicación: 01-10-17
Palacio Changdeokgung, ubicado en el centro de Seúl. Por: Cindy Espina Cespina@elperiodico.com.gt
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Corea del Sur tiene 73 años de existir y es la mezcla de tres imperios: El coreano, el japonés y el estadounidense, este último es el más notable en su infraestructura, pero la resistencia a no olvidar sus raíces hace que los coreanos pongan al frente los recuerdos y tradiciones de su última gran dinastía, la de Joseon, mientras intentan borrar los casi 40 años que vivieron bajo el imperio japonés.

Mientras esta lucha de identidad envuelve a su población y lugares, el fantasma de su otra mitad los abruma, es que hace 73 años existía una sola Corea, una península ubicada en el norte de Asia rodeada por el océano Pacífico del Este. Pero la situación geopolítica de la segunda mitad del siglo XX las dividió en dos: al Norte fue dominada por los países comunistas (Rusia y China) y el Sur fue tomada por el capitalismo (Estados Unidos). Mientras tanto el reloj del museo de la guerra coreana sigue contando los segundos, los minutos y las horas a la espera de una reunificación.

La amenaza que no se siente

En una semana Corea del Norte lanzó un misil que sobrevoló Japón e hizo pruebas de bombas de hidrógeno a 300 kilómetros de Seúl, la capital de Corea del Sur. Pero a los surcoreanos poco les importaba, si se compara con la preocupación que causó en el Gobierno de ese país o a nivel mundial. En ese país la guerra con Corea del Norte no se siente, pero en todos lados te recuerdan que durante tres años los territorios divididos por la Guerra Fría se enfrentaron.

Estatuas gigantes de soldados surcoreanos ubicadas afuera del Museo de la Guerra.

A una hora de Seúl se encuentra ubicada la Zona Desmilitarizada (DMZ, por sus siglas en inglés), es el área ubicada la frontera entre las dos coreas y más que una zona de peligro se ha convertido en un atractivo turístico. Con unos binoculares disponibles se puede observar la ciudad más cercana de Corea del Norte y hasta donde llega el territorio surcoreano. Desde ahí música pop de Corea del Sur suena a todo volumen todo el día apuntando las ondas de sonido al país vecino, porque según los militares así los vecinos del Norte pueden escuchar y conocerlos.

Es una zona desmilitarizada, llena de militares, donde las fuerzas surcoreanas se observan de frente con los soldados norcoreanos, en medio de una serie de oficinas de la Organización de Naciones Unidas (ONU), recorridos por túneles creados para la ofensiva y tiendas de conveniencias donde venden tazas con pequeños hombres soldados. Toda una aventura, que genera sentimientos y sensaciones encontradas, porque al final los dos países están en posición de guerra y en la Asamblea General de la ONU el presidente estadounidense proclama al régimen de Corea del Norte la principal amenaza para la paz mundial.

A orillas del río Han en Seúl , en el puerto donde se toma el ferri que recorre la ciudad.

 

Vista de la ciudad de Busan, desde de la zona hotelera del puerto más importante de Corea del Sur.

El arte de no sentir

El mismo día que la dictadura norcoreana hizo pruebas de una potente bomba de hidrógeno, las personas caminaban y compraban tranquilamente por Seúl, como si nada pasara, los noticieros parecían estar más alarmados, que los cientos de coreanos paseándose por tiendas y calles. Nada pasaba y tampoco era motivo para cancelar algún evento y fue así como se encendieron las luces del teatro más visitado de Corea del Sur y era tiempo para que Nanta diera inicio, la obra de teatro que gira entorno a la cocina coreana con un humor sencillo, que saca las carcajadas del público a cada momento y emociona porque los espectadores también son parte de la obra más importante del continente asiático.

En un museo esta pieza muestra el contenido nutricional de comida surcoreana.

Budha Shakyamuni en la ciudad de Suwon.

Reconstruir la historia y ver hacia el futuro

Pero el encanto de Corea del Sur no se encierra en una obra de teatro o zona de paz con la principal amenaza mundial. Este país es Seúl, una ciudad moderna, de calles amplias y puentes enormes que atraviesan el río Han, el cual guarda en sus orillas y corrientes la vista más esplendorosa de Seúl, el hogar de las estrellas pop más populares de Asia.

En medio de la gran ciudad también se puede encontrar a la Corea de hace 113 años. Como una forma de recuperar su historia han reconstruido el Palacio de Changdeokgung, que era la residencia más importante de la dinastía Joseon. Pero este no es el única residencia de los Joseon reconstruida, también se hizo con la fortaleza de Hwa-Seong, una casa de descanso en la pequeña ciudad de Suwon, que ahora es la ciudad de Samsung, el gigante tecnológico y el mayor proveedor de celulares inteligentes en el mundo.

Ingresar al museo de innovación de Samsung es ver el pasado y el futuro, así como ve la evolución de un país, que pasó de ser uno de los más pobres a ser la décimotercera economía más fuerte del mundo. Al gigante tecnológico le gusta presumir este avance y sobre todo da una mirada al futuro, el cual es presentado en una enorme pantalla en donde se observa a una pequeña familia resolver todo con un click. Ese será el futuro y pide que se le unan, pero los asistentes parecen no estar muy convencidos con perder su humanidad, hasta que la guía turística presenta los nuevos inventos: una refrigeradora que se puede controlar desde el celular y tiene al frente una pantalla enorme, en donde se puede ver el interior de la heladera, hasta revisar las cuentas Facebook o ver un video en YouTube y no hablar de la impresión y deseos que causa la aspiradora que se controla desde una tableta Samsung.

Esto es lo que se observa de Corea del Norte desde la Zona Desmilitarizada en la frontera surcoreana.

Kimchi, kimchi, kimchi

Kimchi es la primera palabra que un extranjero aprende en Corea del Sur y quizá la única palabra que no se puede olvidar porque se relaciona con un sabor, un olor. El kimchi por lo general es de tono naranja con rojo y es repollo fermentado y muy condimentado, es lo que comen todos los días los coreanos, a tal punto que las refrigeradoras tienen un compartimiento especial para el tradicional alimento.

Yo lo comí durante una semana, tres veces al día y creo que no lo olvidaré, sobre todo por su valor cultural e histórico, ya que era el alimento que ayudaba a sobrevivir el invierno a los coreanos que antes padecían de pobreza. El kimchi es el mejor método para no olvidar, para recordar el pasado y apreciar el presente, al menos eso fue lo que le dijo su padre a la traductora, Rachel Kim.

Es que el presente de Corea del Sur es el desarrollo industrial, cultural, educativo y tecnológico. No hay necesidad que Rachel explique eso, todo se ve y se siente: en una excelente infraestructura de carreteras anchas que atraviesan por medio de túneles las montañas, o bien el recorrido en tren rápido a Busan la segunda ciudad más importante de Corea del Sur, donde enormes edificios que a los latinoamericanos les recuerda a Miami, reciben y envían la mayor parte de los productos que consumen y venden los norcoreanos. Corea del Sur no quiere olvidar el pasado solo comiendo kimchi y reconstruyendo palacios, también quiere sobrevivir al peso cultural de sus vecinos, China y Japón, la resistencia empieza desde no aceptar de ningún modo cambiar los chopsticks de metal por los de madera, aunque se ve que algo es pequeño, pero la diferencia se nota cuando japoneses y tailandeses se quejan durante el almuerzo que los palillos de metal les han mascado tres veces los dedos mientras comen la primera parte de su pollo. Los coreanos piden disculpa por ese inconveniente, sueltan una pequeña sonrisa y siguen comiendo. No se ve la más mínima intención de cambiar los palillos de metal por unos de madera y termina la comida con un brindis de vino de arroz.

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