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Tak’alik Ab’aj: Cuna, Catalizador de cultura, del mundo olmeca al mundo maya

Tak’alik Ab’aj es un lugar que devuelve del pasado una de las rutas comerciales más antiguas de Mesoamérica, una ciudad comercial que fungió como miembro importante en el sistema de vías de intercambio de larga distancia, uniendo desde el Golfo de México hasta el río Motagua. Esto influyó de una manera decisiva en el desarrollo de su longeva historia que abarcó 1,700 años (800 a. C.-900 d. C.).

Fecha de publicación: 17-09-17
Por: Marcela Gereda/colaboradora redaccion@elperiodico.com.gt
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Allá en la carretera que va hacia el sur, en el camino que conduce hacia la boca costa, ese mismo que ahora es escenario del hollín de la zafra y de camiones desbordados de caña de azúcar, hay un sitio sagrado. A cuatro kilómetros de El Asintal en Retalhuleu, este lugar contiene acaso las claves y las llaves para explicar las concepciones y representaciones del mundo de los antiguos habitantes de estas tierras. ¿Quiénes fueron esos habitantes? ¿De dónde venían? ¿en qué emplearon su tiempo?, ¿cómo construyeron sus ciudades ¿cómo representaron el mundo que los hizo posibles?

Tak’alik Ab’aj es un lugar que devuelve del pasado una de las rutas comerciales más antiguas de Mesoamérica, que se volvió el puente magnífico y palpable entre el mundo olmeca y el mundo maya.

Si nos detenemos bajo la sombra de los vastos árboles de cacao del recinto, y optamos por viajar en el tiempo para hundir las manos en nuestra historia, el guía Chalo, nos contará de la importancia de este sitio como lugar sagrado, santuario natural, y uno de los escenarios más antiguos de intercambios materiales y simbólicos de las primeras civilizaciones de esta parte del mundo.

Hace ya más de una década, tuve la oportunidad de recibir clases de arqueología con la doctora Marion Popenoe de Hatch, de quien, entre otras cosas, aprendí una curiosidad y una pasión por los mundos antiguos. Además de su vasta incursión en la arqueología, la doctora Hatch siempre nos alentó a buscar el rostro y el pensamiento de aquellos que estuvieron miles de años antes que nosotros.

En su publicación El regreso del felino en Tak’alik Ab’aj, Hatch nos cuenta que el jaguar olmeca era una deidad cosmológica basada en una tradición de observaciones astronómicas de la Osa Mayor, y que el conjunto de las estrellas Alpha, Beta, Delta y Gamma, que se conocen en inglés como el “cuenco” del “cucharón”, era percibido por los olmecas como la característica boca trapezoidal del monstruo cosmológico. El jaguar personificaba al cielo nocturno. La evidencia hallada en Tak’alik Ab’aj sugiere que este fue uno de los sitios tempranos involucrados en estas observaciones calendáricas.

Para la arqueóloga Christa Schieber de Lavarreda, directora del Programa de Investigación del Parque Arqueológico Tak’alik Ab’aj y una de las más grandes especialistas de la boca costa, la ubicación geográfica y estratégica de Tak’alik Ab’aj en este corredor natural de comunicación propicio para el intercambio cultural dio lugar al desarrollo de una de las zonas culturales más tempranas y con mayor diversidad cultural de Mesoamérica. Schieber explica que esa misma cadena volcánica donde un sol naciente se acuesta en el mar, dio forma a una compleja red de intercambios comerciales por toda la costa del litoral pacífico. Así nació un corredor en el que viajaron y se mezclaron mercancías, bienes, ideas, técnicas de arte y agricultura, rasgos culturales y concepciones del mundo.

El reconocido arqueólogo Miguel Orrego Corzo, explica que la importancia arqueológica de Tak’alik Ab’aj, fue notada hace un siglo, cuando el doctor Lévy-Bruhl visitó el sitio en 1888. Después de esto, los pioneros de la arqueología maya acudieron al sitio, desde Karl Sapper, Walter Lehman, Eric Thompson, Tatiana Proskouriakoff, Edwin Shook, Lee Parsons. Fue Suzanne Miles quien bautizó el sitio como Tak’alik Ab’aj, que en lengua k’iche’ significa “Piedra Parada”.

Tak’alik Ab’aj fue una ciudad comercial que fungió como miembro importante en el sistema de rutas de intercambio de larga distancia durante el Preclásico, uniendo desde el Golfo de México hasta el río Motagua. Esto influyó de una manera decisiva en el desarrollo de su longeva historia que abarcó 1,700 años (800 a. C.-900 d. C.).

La historia de Tak’alik Ab’aj se extiende a lo largo de los diversos períodos culturales de Mesoamérica. Comienza durante la era olmeca durante la cual Tak’alik Ab’aj compartió los valores culturales con la primera gran civilización de Mesoamérica. Al cese de esta, explican Schieber y Orrego, la ciudad ocupó entonces “un papel protagónico en el desarrollo de los cánones de la cultura maya temprana, entre los que destacan la escritura y el cómputo del tiempo a través de la cuenta larga. Durante estas dos importantes épocas, Tak’alik Ab’aj desarrolló un programa escultórico extraordinario que refleja las expresiones artísticas de estas grandes culturas”.

Schieber y Hatch señalan que la evidencia arqueológica apunta que aproximadamente en 400 a. C., ocurrió un cambio en Tak’alik Ab’aj que vio cambiar sus relaciones ideológicas y comerciales dejando Chiapas y la Costa del Golfo de México, para orientarse hacia Kaminaljuyú y la zona de la boca costa del Pacífico en Guatemala. En Tak’alik Ab’aj, este cambio estuvo acompañado por arte escultórico ejecutado en una naciente iconografía en estilo Maya con escritura jeroglífica.

La doctora Hatch junto a Erwin Shook explicaron desde la década de los noventa que “este cambio también puede observarse en la ruta comercial a lo largo de la boca costa, la cual conectaba los territorios de los actuales México, Guatemala y El Salvador”. Los grandes monumentos olmecas instalados en importantes puntos de conexión a largo de las rutas comerciales del Preclásico unían el Altiplano con la Costa Sur. Esto sugeriría que en alguna parte de México se manejaba el comercio de estas poblaciones.

A través de exhaustivas investigaciones sobre los estilos escultóricos, Schieber y Orrego dan cuenta de algunos detalles plasmados en la riqueza escultural que se traduce en “una diversidad de mensajes emitidos para expresar el transitar de un sistema (cultural) a otro, del cruzar el puente del mundo olmeca al maya del cual fue protagonista y escenario Tak’alik Ab’aj.

Señalan Orrego y Schieber: “también pudimos observar el transitar de elementos culturales de una era a la otra, el viajar de conceptos y símbolos de la expresión cultural olmeca hacia la cultura maya, el tomar la estafeta de elementos de la herencia cultural del antecesor para fortalecer la carrera del sucesor. Es en esta forma que las manifestaciones culturales son permeadas por su pasado, y que continúa así hasta la actualidad. Esto hace difícil hablar de manifestaciones culturales “puras,” tanto en el pasado como en la actualidad. Y al parecer precisamente este proceso sincrético hace posible la permanencia o perduración o resiliencia”.

Para estos arqueólogos una de las importancias vitales de este sitio sagrado, es el retorno al ancestro. Es decir, llamar a los ancestros para que acompañen el presente lo cual se observa en las actuales tradiciones rituales sincréticos.

Desarrollo de la ingeniería hidráulica en Tak’alik Ab’aj

En una época en la que, en el mundo contemporáneo, vemos sociedades sin la voluntad de hacer buen uso del agua, es inspirador recordar que los habitantes de Tak’alik Ab’aj generaron un impresionante desarrollo para el manejo del recurso hídrico, tanto para su uso como para mitigar inundaciones o los efectos de temporales extremos. Hay múltiples hallazgos de canales a lo largo de las distintas terrazas, que han brindado la oportunidad de observar la ingeniería hidráulica, sus técnicas y sus materiales, que siguen el desarrollo arquitectónico.

En el número de la revista ‘Arqueología mexicana’ de julio 2015 dedicado a las primeras culturas de Guatemala, Christa Schieber de Lavarreda explica que durante el Preclásico Medio (800-400 a. C.) uno de los principales temas de la escultura en Tak’alik Ab’aj era la figura humana con rasgos faciales felinos. Hacia finales del Preclásico Medio hubo un período de transición que en la tradición escultórica se percibe porque las realizaciones ya no siguen la forma natural de la roca: ahora se modifica la roca en la superficie, se prepara, para tallar bajo relieves de personajes en perfil entre los que predominan aquellos con insignias de poder. Ya en el Preclásico Tardío (400-150), el estilo maya temprano sustituyó al olmeca. Se establece la tradición de modificar la roca para crear una superficie con textura y delimitada por un marco que encierra personajes con símbolos que les identifican como gobernantes. Es entonces cuando se comienzan a tallar numerosos símbolos relacionados con la escritura y el calendario.

Los habitantes de Tak’alik Ab’aj fueron grandes creadores, observadores del tiempo y del cosmos, excelentes arquitectos que desarrollaron avanzadas edificaciones sagradas las cuales eran plataformas y pirámides de barro. En Tak’alik Ab’aj se encontró también uno de los juegos de pelota más antiguos, aún conservado: una imponente realización en barro, que queda actualmente enterrada.

Aquellos hombres y mujeres de este lugar sagrado fueron capaces de hacer contacto e interacción a lo largo de la zona del Pacífico con el altiplano de Guatemala y la zona de la costa del Golfo de México –a través de la institución de una ruta comercial de larga distancia por el Istmo de Tehuantepec y el Rio Grijalva– debe haber tenido un efecto catalizador también para la difusión de ideas.

En muchos sentidos estos hombres y mujeres que habitaron las tierras que ahora son para el cultivo de caña de azúcar y hule siguen siendo un misterio. Sin embargo, los grandes avances arqueológicos demuestran que fueron un símbolo y estandarte de desarrollo y concepción holística del universo.

Visitar el Parque Arqueológico Nacional Tak’alik Ab’aj es algo fundamental para nuestra identidad y para comprender las raíces culturales de aquellos que estuvieron antes que nosotros.

Poder caminar por los senderos de este parque, que resguarda la parte medular (Grupo Central) de esta ciudad milenaria, y descubrir sus antiguos monumentos en el marco de un mundo natural, rescatado y cuidado por el personal de este parque como si fuera su vida misma, es posible por la generosa donación de la familia guatemalteca Ralda González y Ralda Villadeleón y el apoyo institucional del Ministerio de Cultura y Deportes.

Hay posibilidad de acampar u hospedarse en ‘Takalik Maya Lodge’ para captar el misterio del tiempo bajo nuestros efímeros pasos, y dejarnos intrigar por este santuario y gema verde preciosa palpitante de historia, fauna y flora.

Fuentes consultadas:

> Popenoe de Hatch, Marion

  1. El regreso del felino en Tak’alik Ab’aj. En XVI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2002. pp.793- 805. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

> Schieber de Lavarreda, Christa, Miguel Orrego Corzo

  1. Tak’alik Ab’aj, la ciudad “puente” entra la cultura olmeca y maya: 1,700 años de historia y su permanencia hasta la actualidad. www.mesoweb.com/publications/MMS/12_Schieber- Orrego.pdf.

> Schieber de Lavarreda, Christa

  1. La zona de la boca costa en el Preclásico, Intercambio, interacciones y la antigua ciudad de Tak’alik Ab’aj. Revista Arqueología Mexicana. www.arqueomex.com

> Orrego Corzo, Miguel

  1. Enfoque del sitio arqueológico Tak’alik Ab’aj.

En II Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1988. pp.1-7. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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