Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Payaso siniestro

Opinión: César A. García E.

Fecha de publicación: 17-09-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: César A. García E.
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Se sabía que era neófito, dicharachero y bufón… se vendió como estudioso, “ni corrupto, ni ladrón”. El momento era crucial, para nuestra Guatemala… harta de tanta arrogancia, malvivencia e indecencia, asqueada de los payasos y de tanta gente mala. Colmada y desesperada, por ladrones, mascaradas, delincuentes con poder y cínicas carcajadas… que a costa de nuestros tributos, con la ayuda de los medios –de “buena” reputación– lanzaban los gobernantes, en frente a nuestras narices, exhibiendo su riqueza… fruto de la corrupción.

Jimmy tuvo la ocasión, de cambiar la triste historia… el principio era sencillo, solo dependía de él, de su voluntad y principios, de su rectitud de carácter, para rodearse de virtuosos y no de la misma escoria. Pero veloz se mareó; antes de ascender al puesto, su patrimonio creció de forma muy sospechosa… de pronto era millonario, ofreció entonces cuidar muy bien del público erario, pero también se rodeaba de alguna gente oprobiosa. Sus promesas prematuras –que nadie solicitó– fue compartir su sueldo, con el pobre y agraviado, el hambriento y marginado. Bastaron solo semanas, para poder percatarse que aquel novel presidente, solo actuaba su papel de cínico dependiente… de los mismos que han mandado, dispuesto y siempre han saqueado. Y su eslogan de campaña “ni corrupto, ni ladrón”, lo refundió en un cajón… para empezar la parranda, para embarcarse arrogante, en el camino ominoso, del que es fatuo y es pedante.

Las cosas no fueron bien, le quedó muy grande el traje, sometería –otra vez– el poder Ejecutivo… al abuso y al ultraje. Tenía nuevos “amigos”: titiriteros de siempre, lambiscones, arrimados, los corruptos de carrera y unos cuantos acabados. Se convirtió en demagogo, gesticulando a placer, hablando sin decir nada y procreando padecer. Sus votantes defraudados, le llamaron “payasito”, mote que quedo chiquito, con lo que después vendría: sobresueldos, antejuicios, manipulación y mafias, amistades peligrosas que –quizá sin percatarse– lo condujeron –“gustoso”– a la ruta de la desgracia. Payasito estaba solo, sus amigos “importantes”, le aflojaron el sillón y más rápido que pronto, se encontró, sin percatarse en penosa situación. Se rodeó de otros amigos… improvisados, roñosos, sindicalistas quemados, políticos trasnochados… sin duda, los más aviesos, sus “amigos” del Congreso.

Del brazo de criminales, alimañas inmorales, el presidente era ahora ¡Prócer de la Independencia!, sus “hazañas” tan vistosas, traerían a la patria, más que orden y progreso, la división inminente, de la gente confundida que aparenta tener sesos. Ya no era un “payasito”, se convirtió en un “señor”, y la gente se jactó de tener un presidente, se enorgulleció con júbilo que éste fuese el defensor, del “socialismo imperial” venido del “invasor”. Mucha gente creyó el cuento, muchos rehusaron pensar y olvidaron un detalle… el socialismo no cabe, cuando manda Tío Sam. Pero así se la creyeron y al payaso defendieron; surgieron enemistades, divisiones en los “chats”, se rasgaron vestiduras, por aquel triste bufón que mostraría las uñas, causando gran desazón. El resultado a la postre, fue notar cierre de filas, entre corruptos, ladrones y sus aliados de siempre… oscuras transas y hampones. El Congreso propondría terminar con la amenaza, de la justicia imperiosa que repudia aquella raza.

Jimmy es un feo payaso, es cínico, atolondrado, está mal acompañado, escondido y agobiado con el fruto justo y cruel que custodia a todo aquel que desprecia la virtud y gusta de la lisonja, la vergüenza y la deshonra. Es un payaso siniestro, ha dado pruebas de serlo, se alineó a la “vieja escuela”, pero no de los principios, sino de los sin oficio que viven de los demás. A usted y a mí –mientras tanto– nos tocará mantenerlo: Su “fino estilo de vida”, sus comidas y banquetes, los tragos que más le gustan, caprichitos y trinquetes. Mire la gran paradoja: mantenemos al bufón, tanto los que hacen apologías del impresentable obtuso, como quienes tributamos, inconformes y molestos, incapaz de acostumbrarnos, a las mafias y al abuso. ¡Piénselo!

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