Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Domingo

¡Qué pena da la muerte!

‘Yo soy el pan de la vida’.

–Jesús de Nazaret

Fecha de publicación: 20-08-17
Por: Jaime Barrios Carrillo
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La cultura de la muerte enquistada en Guatemala pero el pueblo no se levanta contra la cultura de la ilegalidad. Manuel José Arce decía hace décadas sobre la ejecución de dos asesinos: “Siguen creciendo los niños en el aprendizaje del odio contra la vida, hoy han sido destruidos dos productos pero la fábrica sigue en plena producción”.

“¡Pena de muerte ya!” claman en los medios sociales y bastantes columnistas. Se pretende convertir la pena de muerte en un movimiento social. Un populismo macabro y grotesco. Hay menos voces que reclamen “¡Cambios sociales ya!”.

Pensar en miles de guatemaltecos exigiendo la pena de muerte en la Plaza de la Constitución produce náusea y vergüenza por la imagen del país en el mundo. ¿Cómo es posible que sigan creyendo que este sistema corrupto, productor de pobreza, pueda salvarse? Y que la salvación sea la ejecución de los criminales. Es decir, eliminar células cancerosas sin considerar que todo el sistema es un enorme tumor que colapsa. Mucha gente no reacciona ni piensa que el MP y la Policía Nacional Civil están ausentes en gran parte del territorio nacional. Cero Estado.

La desesperación es utilizada por los fabricantes del odio. Los mismos que combaten a la CICIG y defienden la impunidad, vinculados al crimen organizado que reina en los presidios, al narco y a las estructuras corruptas que cooptaron el Estado. Resulta chocante ver las fotos del ‘Taquero’ en Tribunales con una camiseta que dice: “Fuera CICIG”. Pero más reprochable son los editoriales de un diario que ya no está en el siglo 21 sino retrocedió a las cavernas. Comparan a Guatemala con el infierno de Dante y culpan a la CICIG. Afortunadamente este medio ya no sale en edición de papel por motivos económicos y embargos judiciales que tienen que ver con salarios no pagados y deudas. Un diario vinculado a dineros sucios del caso ‘La Línea’. De ahí la razón de atacar a CICIG y engañar con el cuento que se les persigue judicialmente para callarlos, atacando la libertad de expresión. El antes respetable matutino, convertido ahora en una página digital, está controlado por la ultra derecha y su fundación que defiende el terror durante el conflicto armado. Descaradamente se mostraron como amigos del asesinado capitán Byron Lima, capo de las cárceles y condenado por el asesinato de Monseñor Gerardi.

Hace diez años una encuesta mostraba que el 65 por ciento de los guatemaltecos estaba a favor de la pena de muerte. Cifra que habla de la descomposición psicosocial y la desesperación de la población. Año 2017 y nada ha mejorado, la violencia continúa en terrorífico ascenso y la población sigue hablando de muerte y venganza sin comprender las causas. La voz de la ignorancia desconoce los vacíos legales de la pena de muerte y su inviabilidad jurídica debido a los convenios internacionales, por ejemplo el Pacto de San José, y la legislación nacional que exigiría reformas al Código Penal. De ahí que indigne que los diputados pro impunidad que combatieron las reformas al sector justicia sean los que promueven la pena de muerte y los mismos que han conspirado contra la CICIG.

La pena de muerte sale carísima y cada caso tardaría muchos años por los procesos de apelación y casación, que tomarían recursos judiciales que deben usarse para juzgar y dar sentencia en miles de otros casos. Lo más lamentable es que haya gente insensata que desprecia la legalidad y aboga por la limpieza social y las ejecuciones extra judiciales. El ojo por ojo convertirá a Guatemala en un país de ciegos.

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