Domingo 13 Agosto 2017
Domingo

Talibanes guatemaltecos

Jaime  Barrios  Carrillo


 

Acaba de pasar la semana del Orgullo Gay. Las manifestaciones se realizaron en todo el mundo, afortunadamente con alegría, colorido y gran participación. También en Guatemala se celebró el Pride con éxito. Pero estamos lejos de ser un país libre de prejuicios homofóbicos que llegan al extremo de acciones violentas contra la comunidad LGBTTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual e Intersexual).

Los homosexuales, hombres y mujeres, son objeto de vejámenes, burlas y agresiones. No solo la estigmatización sino la persecución moral y la represión física. En Guatemala no ha habido ningún partido político que reconozca los derechos de los homosexuales.

La educación sexual es muy deficiente y los derechos sexuales y reproductivos poco conocidos, muchas veces irrespetados. Cuando no vilipendiados por una mezcla de ignorancia, conservadurismo, mojigatez, religiosidad a ultranza y ante todo temor.

En el país suceden demasiadas violaciones diariamente. Muchas mujeres incluyendo gran cantidad de menores, son violadas, incluso no pocas veces dentro de los marcos legales del matrimonio, así como las variantes del estupro o violación con engaños. También en el llamado matrimonio infantil, cuando una menor es dada en casamiento por la familia para obtener regalías del esposo que suele ser mucho mayor que la víctima.

En abril un grupo de 17 diputados presentó la iniciativa de ley número 5272, “Para la Protección de la Vida y la Familia”, acompañado por un documento de la Coordinadora Evangélica Nacional, solicitando al Congreso de la República que el anteproyecto de ley sea aprobado por urgencia nacional. Se trata de una propuesta ultraconservadora que no podemos evitar de calificarla de cavernaria. No solo por su carácter homofóbico sino por el contenido de evitar la educación sexual en la escuela.

Vale recordar que el año pasado varias diputadas conservadoras se permitieron agredir verbalmente a la parlamentaria Sandra Morán, quien se ha reconocido como homosexual. Guatemala es un país atrasado en muchos aspectos y en preocupante medida ha dejado de ser un Estado secular. Dios por aquí y por allá pero excesivos pecados de injusticia, doble moral, violencia y corrupción.

La cultura del atraso y el autoritarismo maquillada bajo el tinte religioso. Estamos llenos de pastores y sacerdotes fanáticos y mojigatos pero perversos. La religión como la entienden los fundamentalistas en Guatemala resulta un opio para el pueblo.

En todo caso ningún dios cabe en un Estado moderno y sus instituciones. Hemos retrocedido colosalmente y perdido, en cuanto a la secularización del Estado, lo iniciado y ganado con la Reforma de 1871. Dios y las diversas creencias caben desde luego en la misma sociedad dentro de la libertad de conciencia, la tolerancia y el Estado laico.

Basta de violaciones impunes. De matrimonios infantiles. De discriminación y de estigmatización de ciudadanos. Todo guatemalteco, independientemente si es gay o heterosexual, debe ser tratado como persona. Ser homosexual no puede ser un delito ni una falta moral ni muchos menos una enfermedad, es un derecho. Incluido el matrimonio con el mismo sexo.

La educación sexual es urgente para orientar a las juventudes en conocimientos básicos de la reproducción, las enfermedades venéreas, los embarazos no deseados y el uso de anticonceptivos.

Urge también desarrollar una conciencia que supere las marcas negras del pasado y abra nuevas sendas para afrontar el futuro como un país civilizado y democrático.