Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Clown con alma castrense

Fecha de publicación: 23-07-17
Por: Jaime Barrios Carrillo
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La función del ejército no es reparar baches ni hacer pupitres. El analista Héctor Rosada afirma que “no tenemos el Ejército que necesitamos”, refiriendo a los Acuerdos de Paz y a un ejército donde no existe más un conflicto interno.

La estructura y perfil de las fuerzas armadas no encuentran cabida en una sociedad moderna   y democrática. Tenemos un ejército caro e inútil. Por un lado no tienen equipo militar actualizado pero si conservan una estructura burocrática costosa, dudosa e ineficiente. Su función básica de cuidar fronteras y defender la soberanía no se cumple: manda el narco, hay tráfico de personas, saqueo de piezas arqueológicas y de recursos naturales.

La relación de represión y corrupción ha sido una constante. La guerra había sido negocio de los militares y con la paz tenían que encontrar otras vías para enriquecerse. Al terminarse el conflicto pasaron a cooptar el Estado en alianza con mafias y grupos criminales disfrazados de empresarios y políticos. No cabe duda que los juicios por corrupción del general Pérez y sus allegados ha influido en la percepción del ejército.

El libro ‘Desde el cuartel’ del coronel Edgar Rubio Castañeda ha venido a ser un testimonio impactante de la corrupción interna del ejército. El coronel Edgar Rubio Castañeda abre un debate esperado y necesario. Su gran preocupación es la reforma de la institución armada para que abandone la línea de la corrupción y forme parte de un nuevo Estado que sirva a la mayorías.

La reciente confirmación de las sentencias en el caso Sepur Zarco resulta un indicativo positivo. No puede construirse una sociedad democrática sin justicia transicional ni memoria histórica. Por ejemplo el caso de las 589 osamentas halladas en la antigua base militar de Cobán, comandada entonces por el tristemente célebre coronel Ricardo Méndez y el hoy prófugo de la justicia coronel Juan Ovalle, ‘Puñalito’, fundador del FNC-partido oficial-que llevó a Jimmy Morales a la presidencia.

De ahí que no resulte extraño que Morales desde el inicio de su mandato haya mostrado tan abiertamente su intención de restaurar el viejo orden de autoritarismo y corrupción.  En una entrevista, comenzando su período, afirmó que no conocía el informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de la Verdad para en seguida, ante el señalamiento de un periodista de que era un documento sancionado por Naciones Unidas, decir que lo había leído durante sus estudios de maestría. Todo este show dentro de una tentativa de revivir el desfile del ejército que este año se trasladó, para su felicidad interna, a Quetzaltenango.

Pero la labor apologética del mandatario ha ido más allá de las frasecitas. Ahora, ante la ineficiencia de su propio Ministerio de Comunicaciones, intentó sin licitar comprar maquinaria por millones de dólares para que el ejército haga el bacheo en carreteras, es decir sin control. En nombre de estado de calamidad se quiere abrir de nuevo la puerta a la corrupción y latrocinio institucionalizado. Ya nadie cree eso de “ni corrupto ni ladrón”.

La colosal labor de la CICIG y del MP es saboteada por fuerzas que buscan la impunidad y perpetuar el latrocinio. Es absurdo, imposible, que un Estado estructuralmente corrupto manejado por décadas por militares pudiera tener un ejército transparente y honrado.

No parece haber otra voluntad que favorecer negocios turbios. Dar chances a la tropa loca y a los amigos. Todo con oraciones y bendiciones. Pobrecita Guatemala, tan lejos de Dios y tan cerca de Jimmy Morales y sus malos chistes.

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