Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Operación Clinker (Segunda parte)

Fecha de publicación: 16-07-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico Por: Manolo E. Vela Castañeda manolo.vela@ibero.mx
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El domingo 21 de mayo de este año http://bit.ly/2qEiY3F publiqué la primera parte de esta historia. Allí conté acerca del contexto en que se dio el secuestro de la señora Olga Alvarado de Novella. Indiqué cómo surgió la idea y de cómo, en la ORPA, la Organización del Pueblo en Armas, una de las organizaciones guerrilleras que hicieron parte de la URNG, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, se fueron haciendo los preparativos. Conté también, cómo, en el gobierno del presidente Álvaro Arzú, se creó, en el Estado Mayor Presidencial, una unidad que intentó responder a la espiral de violencia provocada por los secuestros: el comando antisecuestros.

La caída. Pegarle a alguien con un bate de béisbol no es cosa fácil. Se requiere determinación. Y para tener esa determinación se precisa estar trastornado del alma. Porque nunca sabés dónde van a caer los golpes. Y tampoco sabés cuando estás entre los batazos para asustar y los otros, para matar. Regularmente te enterás ya cuando pasaste a esos otros batazos, donde estás descargando la rabia acumulada.

Algunos dicen que eso de ablandar a los detenidos a golpe de bate de beis es una técnica de los servicios de inteligencia de Israel. Yo creo que no se necesita ir tan lejos para aprender a dar garrotazos. Solo se trata de saber quiénes son los que tienen el don de causar daño a otros, sin culpas, sin razones, sin andarse con tanta babosada.

En el operativo de captura no hubo balazos sino batazos. Así fue como los agentes del comando antisecuestros del Estado Mayor Presidencial redujeron a los integrantes el equipo negociador de ORPA.

Como no podía ser de otra forma, fue una llamada telefónica la que llevó a las unidades operativas del comando antisecuestros con los dos integrantes del equipo negociador.

En una combinación fatal, a la inexperiencia y a la arrogancia se sumó la ignorancia: desde hacía mucho los medios técnicos habían hecho que fuera cuestión de segundos para establecer la conexión entre el registro del número del teléfono público y la dirección donde este estaba ubicado. A partir de allí, el trabajo de triangulación lo hacía todo: identificar el patrón geográfico de las llamadas para saber dónde ubicar a las unidades operativas, que entrarían en acción al tener el dato. Incluso, podían calcularse los tiempos de desplazamiento de las unidades hasta los probables puntos.

Todo ocurrió en los teléfonos públicos que en aquel tiempo estaban ubicados en la parte posterior –la que da a la calzada San Juan– de Peri-Roosevelt, el centro comercial ubicado en la zona 7 de la Ciudad de Guatemala. La llamada, que serviría para empezar a dar a la familia las instrucciones para la entrega del rescate, el dinero, se convirtió en el anzuelo que fue mordido por los negociadores.

Y así, al saberse a punto de ser atrapados, los negociadores alcanzaron el vehículo y lograron darse a la fuga. Así empezó una frenética persecución, hasta que ya no tuvieron escapatoria. Guatemala nunca más, el informe de la CEH, indica que los acorralaron en la zona 8, en esas estrechas calles por la Bolívar, hacia la 1a. avenida y 35 calle.

Como ocurrió la tarde del 19 de octubre, pudo haber sido cualquier otro día. Solo era que las unidades del comando antisecuestros alcanzaran a llegar al teléfono donde estaban los negociadores. Hubo otros días en que estuvieron a segundos o minutos de ser capturados. Pero el 19 de octubre fue, para el comandante Isaías y Mincho, su acompañante, de esos días en que de nada sirve intentar engañar a la muerte.

Al sacarlos de los carros empezaron los batazos. A Mincho el primer golpe le cayó en la parte posterior del cráneo; Isaías logró esquivar el cuentazo y a las primeras le fracturaron la nariz. Y así, medio muertos, los dos negociadores, por separado, fueron transportados a un centro clandestino de detención ubicado, nuevamente es Guatemala nunca más, la que nos brinda ese detalle, en los alrededores del Aeropuerto. Allí inició el interrogatorio y del interrogatorio se pasó a la negociación que llevaría a establecer los términos del nuevo intercambio: la Señora Olga Alvarado de Novella, a cambio de la liberación del equipo negociador, y que no hayan represalias contra la unidad militar.

Hubo fiesta en la escuela de inteligencia. El 19 de octubre por la tarde, el día del operativo, hubo fiesta en la escuela de inteligencia del Ejército, al tronar de una ametralladora de cohetes, se puso música, y se brindó.

Algunas fuentes señalan que el secuestro de la señora de Novella fue, en realidad, un secuestro inducido. Una brillante operación de inteligencia militar, que suministró el blanco, permitió la operación y tuvo todo bajo control. ¿Con qué objetivo? que se llegara a un punto en el que se abortara el proceso de paz. Yo descarto esta hipótesis.

En Las huellas de Guatemala, Gustavo Porras, plantea las siguientes preguntas: “¿La captura de Isaías era un as bajo la manga que guardaba la inteligencia militar, esperando el momento para ponerlo sobre la mesa? ¿Habrá sido una mera coincidencia que la captura de Isaías haya ocurrido cuando se iba a tratar el tema de los poderes paralelos directamente con el presidente?”. Lo que aquí señala el secretario privado del presidente Arzú es la iniciativa, de la comandancia de URNG, de solicitar una reunión con el presidente, con el propósito de discutir, de forma directa, el tema de los poderes paralelos. La reunión ya nunca llegó a programarse.

Creo, más bien, que, de haber siquiera sospechado que detrás del secuestro se hallaba ORPA, el Estado Mayor Presidencial hubiera, como se dice en el argot de inteligencia, “tirado del hilo”, puesto vigilancia; y entonces, habrían dado con más, con mucho más. Desde luego, se supone que existe una estricta compartimentación entre el equipo negociador y el equipo que tiene a su cargo a la víctima. También, la vigilancia, de ser detectada, hubiera jugado en contra del comando antisecuestros y hubiera puesto en peligro la vida de la víctima. Pero, inclusive, ya con los dos capturados, si el Estado Mayor Presidencial se lo hubiera propuesto, habrían sido capaces de descarrilar el proceso de paz. ¿Cómo? ejecutando extrajudicialmente, por ejemplo, a ambos militantes de ORPA; lo que inmediatamente hubiera puesto en peligro la vida de la víctima. Pesó aquí, en el actuar del Estado Mayor Presidencial, el sentido de lealtad hacia el presidente. A mí me parece que el comando antisecuestros descubrió, con sorpresa, que en sus manos tenía no a un delincuente, sino al número dos de una de las organizaciones guerrilleras. Eso fue lo que se celebró en la escuela de inteligencia: un triunfo militar contra el enemigo en aquella guerra que –en esos momentos– estaba llegando a su fin.

Continuará…

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