Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Domingo

De la libreta del explorador: flora y fauna endémica de Guatemala

Elaborar un inventario de especies silvestres guatemaltecas ha sido una tarea de años de investigación. En distintos periodos grupos de biológos, e ingenieros agrónomos y forestales han dedicado horas de paciente estudio hasta descubrir y catalogar la riqueza diversa que esconden montañas, volcanes y áreas protegidas. En algunos casos, consiguieron observar y documentar en su medio natural especies únicas que solo viven o se reproducen en Guatemala. Son especies endémicas, que fueron reconocidas a nivel mundial antes que en sus lugares de origen, en donde en algunos casos corren grave peligro de extinción.

Fecha de publicación: 02-07-17
Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
Más noticias que te pueden interesar

El interés por elaborar los primeros catálogos o colecciones de plantas se manifestó en el siglo XIX, cuando algunos naturalistas comenzaron a colectar especies silvestres en expediciones que buscaban plantas para el comercio o la industria. El estudio Determinación, Caracterización y Evaluación del Estado Actual y Uso de las Especies Endémicas de Guatemala, dirigido por el ingeniero agrónomo Mario Esteban Véliz, patrocinado por el Fondo para la Ciencia y Tecnología (Fondecyt) y la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacias de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) en 2013, destacó algunos de los nombres de esos primeros exploradores.

Algunos de los especialistas que mostraron al mundo la rica flora guatemalteca fueron: Kart Theodor Hartweg (1839), Jean Jules Linden (1838-1840), Julios von Warscewicz (1834-1839), Herman Wendland (1857-1873), Osbert Salvin & F. Ducan Godman (1857-1874), Gustav Bernoulli & Richard Cairo (1864-1878), Hans von Tüerckheim (1885-1901), Padre Heyde & Ernesto Lux (1880), Eduardo & Cecilie Seler (1895-1897), John Donnell Smith (1889-1906) y George Ure Skinners (1831-1866), quien colectó y envió orquídeas al botánico inglés John Bateman, lo cual permitió describir más de cien nuevas especies, entre ellas, la flor nacional de Guatemala Lycaste skinneri, la Monja Blanca.

En épocas recientes, de 1975 a 2010, hubo esfuerzos nacionales para documentar las especies silvestres guatemaltecas, entre ellos el Estudio de Plantas Endémicas, del Centro de Estudios Conservacionistas (Cecon) y la investigación financiada por el Fonacyt, de 2013, que consiguió documentar 515 especies endémicas en 12 regiones del país.

Riqueza en inventario

La expedición a cargo de Véliz reveló que en Guatemala existen más 10 mil especies de plantas, de las cuales el diez por ciento son endémicas con distribuciones muy particulares, hábitat especiales, poblaciones pequeñas y altamente sensibles a la extinción. El grupo clasificó 515 especies endémicas, de las cuales 28 se encuentran en “peligro crítico”, 158 “en peligro”, 119 “son vulnerables”, 84 están “casi amenazadas” y las 114 especies restantes, fueron registradas con “datos insuficientes”. Las primeras tres categorías preocuparon a los exploradores por la posibilidad de que las plantas puedan desaparecer de su entorno.

Asimismo, de las 515 especies catalogadas el equipo determinó que 127 tienen algún tipo de uso: 76 son utilizadas con fines ornamentales y para exportación, 27 para leña, nueve como cerco vivo, de ocho se consumen sus frutos. Asimismo, que solo 178 están incluidas en el Listado de especies amenazadas de Extinción de Guatemala –LEA.

De acuerdo con el estudio el uso más frecuente de las plantas endémicas es ornamental, en especial las familias Orchidaceae (orquídeas), Bromeliaceae (gallitos), Cactaceae (Cactus, nopales, tunos) y Agavaceae (izotes de montaña, ponys y magüeyes). Por lo general son colectadas de la naturaleza, reproducidas en viveros para luego exportarlas. Este es el caso de especies de género Tillandsia. Las orquídeas, en tanto, muchas son vendidas en calles y orillas de carreteras por campesinos que obtienen un poco de dinero por ellas.

Detectaron que para leña sirven árboles como, Clethra oeloides, Clethra pachecoana, Clethra skutchii y Comarostaphylis arbutoides ssp arbutoides.

Trozos de madera de Abies guatemalensis son utilizados en los techos de casas de la Sierra de los Cuchumatanes, Huehuetenango, y son conocidos como tejamanil. La madera aserrada de Amphitecna oblancelata (chilacayote), en tanto, es muy apreciada por moradores del norte de Huehuetenango y las hojas del pamac (Geonoma polyneura) se emplean para techar casas en la provincia del país.

Los investigadores dejaron plasmada su preocupación de que más árboles endémicos sean utilizados con esta finalidad en los años siguientes.

Como cercos vivos son empleadas nueve especies, en especial las que poseen espinas o dientes coriáceos, de la familia Cactaceae (géneros Opuntia, Nopalea, Myrtillocactus, Pachycereus y Stenocereus) y especies del género Agave (Agavaceae). Chusquea longifolia (Poaceae) es un bambu nativo de los bosques nubosos de la cadena volcánica y sirve como soporte a los cercos de caña de maíz y es conocida como “calzonte o carrizo”.

Los especialistas también comprobaron que las Agavaceae (Agave y Furcraeae) son empleadas como fibras para preparar pita o lazos. Pero también la corteza de arbustos o árboles bajos del género Daphnopsis (Thymaelacea) la usan de manera artesanal con la finalidad de amarrar leña o bultos.

Garrya laurifolia var quichelense es una especie arbórea cuya corteza se utiliza como medicamento en Sacatepéquez, y se preparan infusiones para personas con diabetes.

En la cocina, son condimento de guisos las hojas de Litsea guatemalensis (falso laurel) y las de Piper georginum (cordoncillo), también los frutos jugosos de las Cactaceas se consumen como alimento.

Según Véliz, documentar la diversidad florística del país debe ser una prioridad. “Se dice que Guatemala es el país de la eterna primavera y esto es algo real, pero es necesario saber qué tenemos, dónde lo tenemos, cuánto hay, cómo está y está conservado. Este estudio es la búsqueda de múltiples agujas en un pajar”, dijo.

Salamandras y otros anfibios

En el país también existen especies de fauna endémica. De acuerdo con el Análisis de la Biodiversidad de Guatemala de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), hay en Guatemala, 28 especies de anfibios únicas en la región; 18 de reptiles, tres de mamíferos y hasta los años ochenta vivía en Sololá un ave endémica, el pato poc (Podilymbus gigas), hoy desaparecido. Sin embargo, existen 138, endémicas de Centroamérica.

Este estudio señaló que el país ofrece la mayor cantidad de especies de salamandras de la familia Plethodontidae, 33 en total. Entre estas descatan la Botiglossa morio, que vive en Los Cuchumatanes, la cadena volcánica y la Meseta Central. En los senderos del volcán de Pacaya se puede observar que suele habitar plantas de la familia de las Bromelias.

De Jalapa, Alta Verapaz y Huehuetenango son originarias: Abronia campebelli, Abronia fimbriata y Abronia frosti. En Chichicastenango, Quiché fue descubierta la Adelphicos ibarrorum (serpiente de la familia Dipsadidae) y la Sierra de las Minas, la especie de lagarto Anolis haguei. En los Cuchumatanes vive el Anolis campbelli igual que la Bolitoglossa Cuchumatana  y la Bolitoglossa huehuetenaguensis.

La Lista Roja de Especies de Fauna, publicada en 2000, incluye 674 especies de animales en las tres categorías de protección. En la Categoría I fueron incluidas 32 especies que se consideran “casi extintas”, de las que no existen reportes en los últimos 50 años como el oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridáctila), el pato poc (Podylimbus gigas), el loro cabeza amarilla (Amazona auropaliata), el cigueñón (Jabirú mycteria), el águila arpía (Harpia harpyja), una especie de sapo, tres especies de mariposas, tres de lagartijas, cinco de salamandras, cinco de serpientes y siete de ranas, entre otras.

La Categoría II trata sobre especies en “grave peligro”, y que pueden desaparecer por la pérdida de su hábitat, porque sus poblaciones son muy pequeñas, son comercializadas o por ser endémicas tienen una distribución limitada. En este listado hay 247 especies. Destacan 85 especies de mariposas, 21 de serpientes y 16 de salamandras y roedores.

En la Categoría III hay 393 especies. Son animales que se encuentran amenazados por explotación o pérdida de hábitat, pero con población suficiente.

Etiquetas: