Viernes 15 DE Noviembre DE 2019
Domingo

Paz ¿A través del odio y la división?

Fecha de publicación: 25-06-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico
Por: César A. García E.

Hace poco, elPeriódico, concedió una generosa Primera Plana, a la doctora honoris causa, Rigoberta Menchú Tum, subtitulando “Rigoberta Menchú, 25 años en busca de la paz”. En páginas interiores leí con atención una entrevista liviana hecha a la Premio Nobel de la Paz, en la cual ella tiene ocasión de enunciar “sus logros” durante un cuarto de siglo. Lo que más llama la atención, es que resume su trabajo de la siguiente forma: “…Personalmente he formado a tres millones quinientos mil jóvenes alrededor del mundo y eso quiero replicarlo en Guatemala”. Sin duda presumir de tal cosa, es una jactancia que raya en lo ridículo, porque “formar jóvenes” es una tarea por demás compleja y dudo que nos alcance la vida, aunque seamos los seres más organizados y capaces de la tierra, para “formar” a un centenar de jóvenes, sin embargo, ella “lo ha hecho” con más de tres millones. Lástima –pensé– que no empezó por los jóvenes Guatemaltecos… aunque –pensándolo mejor– ¡Que bueno! que no lo hizo.

Digo “qué bueno” porque, siempre he notado su discurso de odio y confrontación… y ahora, al leer sus argumentos, habla otra vez –entre líneas– de rencores, resentimiento y división. Indica “la doctora” que “cambiará algo, cuando haya paridad en el poder, cuando en el Congreso haya la mitad ladina y la mitad maya”, es decir la laureada “pacifista”, insiste en generar división entre guatemaltecos y recurre a la falacia de la “etnia” como disparador del progreso y la prosperidad. En lo personal, me parece que la etnia es irrelevante, si la mayoría de los diputados continúan siendo sinvergüenzas, y también lo es, si se lograra la utopía de que los guatemaltecos más competentes y decentes, ocuparan las curules. Asegura doña Rigoberta que “los ladinos” controlan la economía guatemalteca y sugiere que esa es la fuente del problema. Que claro me queda, leyendo la entrevista de la señora Menchú, que tiene muchos años de no visitar ninguna de las tiendas de barrio o colonia de la ciudad capital, mismas que ya no son propiedad de ninguna de las señoras –ladinas diría ella– que otrora vivían en el interior de la casa y despachaba el mostrador de su tienda durante todo el día. Me quedó clarísimo que la señora Menchú desconoce la fuerza del cooperativismo indígena que ha logrado abrirse espacio, y que sin duda, no ha notado la realidad de Salcajá, donde es más que obvio que no son “ladinos” –término segregacionista que ella insiste en emplear– los que manejan y dominan la economía. Sin duda tampoco ha estado en Totonicapán, apreciando el auge plausible del emprendimiento indígena… es una tristeza que la premio “Nobel-era”, no conozca en lo más mínimo, las interioridades de su patria y se dé a la tarea de “formar” –como asegura– a millones de jóvenes alrededor del mundo… entonces ¿Los forma o los deforma, mediante su trasnochado discurso divisionista, de lucha de clases y revancha?

Hace unos años, en Guatevisión, dentro del programa “Claro y Conciso”, siendo ella una de las candidatas a la presidencia, la entrevisté, como a otros que aceptaron la invitación. Tuve ocasión de preguntarle ¿Qué ha hecho usted por los pobres y marginados de nuestro país? Y ella contestó algo como: “No se trata de lo que yo haya hecho, sino de lo que todos hagamos…”, quizá la cita no es textual (tengo la grabación pero no tuve tiempo de buscarla), pero esa fue la idea. Supe de inmediato que se trataba de una política más… populista y superficial, con ignorancia plena de los problemas del país y más aún de las soluciones a esas urgencias que nos pintan –de cuerpo entero– como un país inhumano. Es obvio que la percepción de una Rigoberta Menchú, ajena a Guatemala… y siempre sentada –viendo la desgracia– como en la foto de la portada del lunes, es generalizada dentro de las respetables y mayoritarias poblaciones indígenas que no quieren escuchar de odios ni de ocupar puestos de “los ladinos”, como ella llama a los no “mayas”, sino que están ávidos de nutrición, educación y oportunidades de desarrollo… y algunos –cada vez más– lo están logrando… mientras ella sigue masticando rencores y pregonando el segregación. La paz, “doctora”, empieza en el alma y se evidencia con testimonio de vida… lástima que haya desperdiciado veinticinco años, dándole la espalda a su pueblo, mientras su “conciencia”, permanece perdida en los años setenta y ochenta. Los votos obtenidos en sus tristes cruzadas políticas, son el claro reconocimiento –del pueblo– a su “lucha por la paz” ¡Piénselo!