Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Educación media: Un mercado diverso de baja calidad

Con 168 opciones, el nivel diversificado se ha convertido en un puente tambaleante entre la educación universal y la profesional. Según expertos, no existe un criterio unificado para aprobar las carreras y los resultados de las evaluaciones a graduandos evidencian que en algunos casos se deteriora la calidad durante esta fase de instrucción.

Fecha de publicación: 25-06-17
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Para un adolescente, de entre 15 y 16 años, terminar el tercer año de secundaria en Guatemala significa decidir cuál será su futuro académico y laboral. Es un trampolín a la nada o al todo, se puede acertar o se puede errar; pero hay que saltar.

Aunque no todos tienen la oportunidad de subirse al trampolín, pues solo un aproximado de 22 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 19 años (estimados en 1.8 millones) accede a ese nivel. Es así como este año, solo 398 mil 897 jóvenes se han inscrito en las 168 especialidades que se ofrecen para terminar el nivel medio en el sector público, privado, municipal y por cooperativa. Una cifra que ha disminuido en comparación con el registro de estudiantes de 2015 que muestra que 401 mil 362 jóvenes se inscribieron.

La confusa diversidad

Sabiendo que existe una mala calidad en el desempeño de los estudiantes de diversificado, el Ministerio de Educación (Mineduc) no ha establecido nuevas rutas para restaurar este nivel, dice el investigador de temas educativos, Bienvenido Argueta. Al contrario, ha autorizado especialidades diversas en las cuatro grandes ramas que comprenden el Bachillerato, Magisterio, Perito y Secretariado.

Son 168 carreras que intentan brindar ofertas educativas preparatorias para desempeñarse en empleos formales. El 45 por ciento estudia algún bachillerato y el 75 por ciento de estos lo hace en colegios privados. El Magisterio que fue disuelto en su especialidad en primaria, pero que continúa desde hace cinco años en su orientación hacia preprimaria contiene al 9.9 por ciento, mientras que el Secretariado lo estudian el 5.4 por ciento y el Perito el 38.4 por ciento.

En siete años, el Bachillerato ha crecido en 6.6 por ciento, aunque esta alza podría estar vinculada al cierre del Magisterio, pues, datos del Mineduc comparados en tres años (2010, 2015 y 2017) establecen cómo ese grupo migró a otras especialidades.

En 2010, los bachilleratos contaban con el 38.7 por ciento del alumnado, el Magisterio en Primaria con el 17.7 por ciento, otros magisterios con el 6.4 por ciento, el Secretariado con el 6.8 por ciento y el Perito con el 30.2 por ciento.

Según Argueta, las cifras de 2015 reflejan cómo los estudiantes que se habrían dirigido según la tendencia al magisterio en primaria se distribuyeron en bachillerato con el 48.1 por ciento, otros magisterios aumentaron su porcentaje a 10.9 por ciento, el perito subió un punto porcentual y el bachillerato en educación tenía 4.5 por ciento.

Ya en 2017 las cifras se vuelven a acomodar, el bachillerato baja tres puntos porcentuales, el bachillerato en educación desciende drásticamente de 4.5 por ciento a 0.9 por ciento, otros magisterios bajan un punto, los secretariados solo bajan 0.1 por ciento y el perito aumenta drásticamente de 31 por ciento a 38.4 por ciento.

Es decir, aunque los bachilleratos son los más buscados, la demanda de estudiantes de magisterio se movió hacia otras ramas que ofrecen formación profesional en otras áreas para buscar un empleo luego de egresar del nivel medio.

¿Especialidades o negocios?

Entre las 168 especialidades que ofrece el nivel diversificado, existen algunas carreras que buscan formar a los estudiantes en oficios básicos de acuerdo a la demanda del mercado laboral.

Así se pueden encontrar carreras con orientación en distintas ramas como mecatrónica, turismo, hotelería, comunicación, cosmetología, refrigeración y aire acondicionado, productividad y emprendimiento, textiles, construcción, dibujo computacional, mercadotecnia, gestión de oficinas, costura industrial, cocina, mecánica diésel, diseño gráfico, electricidad, electrónica industrial, procesamiento industrial de alimentos, reparación de computación, diseño de modas, carpintería, dibujo arquitectónico e ingenieril, enderezado y pintura, perito en estructuras metálicas, administración portuaria, entre otras, y algunas que ya fueron cerradas como orientación en medicina o en call centers.

“Es una dispersión innecesaria que no ayuda al mejoramiento del sistema educativo, pero tiene una lógica perversa que favorece la educación como negocio, dentro del esquema de privatización existente en el sector. El criterio que prevalece es la creación de cuasi mercados educativos porque se asume la educación como un negocio y no como un derecho”, estima Mario Rodríguez, analista en educación del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac), al considerar que no existe un criterio para desarrollar un nivel medio que se ajuste no solo a las demandas laborales de las grandes ramas del mercado, sino a la formación de personas.

“La educación que se ofrece es dudosa y no garantiza el vínculo efectivo del estudiante graduado con los conocimientos que ahí se ofrecen, ni tampoco con el mercado laboral”, enfatiza.

Verónica Spross, analista de Empresarios por la Educación, coincide en que no todos los centros educativos ofrecen un programa de especialidad que sea de calidad, aunque matiza sobre el valor que tienen algunos bachilleratos con orientación laboral, porque hay varios programas que preparan para ir a la Universidad y para la inserción laboral.

“Lo que sucede es que cada región geográfica tiene un potencial competitivo distinto, en algunas regiones se requiere recurso humano para el área industrial, en otras regiones para el turismo, producción agrícola o forestal. Puede ser interesante en algunas regiones que se formen más peritos forestales o, como el Puerto San José o Izabal, tener una especialidad en mecánica de lanchas, por ejemplo, pues allí habría empleos en esa área laboral. En La Antigua Guatemala, formar en idioma inglés es básico, pues hay turismo”, señala la especialista.

Argueta defiende la postura de aprobar carreras que ayuden a la inserción laboral, sin embargo, plantea que se ha tergiversado la idea central para volverla acorde a los intereses de un grupo económico.

Una prueba de realidad

Las 168 carreras se diluyen entre las necesidades laborales de una población estudiantil carente de habilidades lectoras y matemáticas básicas, según lo demuestra la evaluación a los graduandos del 2016, en la cual el 32.32 por ciento pasó el nivel de logro en Lectura y solo el 9.01 por ciento el de Matemática.

Quienes mejor preparación tienen son los bachilleres. Así, en la prueba de Lectura los bachilleres obtuvieron 32 por ciento, los peritos el 34 por ciento, el magisterio obtuvo el 30 por ciento y el secretariado el 27 por ciento. En la prueba de Matemática a ninguna carrera le fue bien. Lidera el bachillerato con 11 por ciento, le sigue el perito con nueve por ciento. Los peores resultados fueron para magisterio y secretariado con solo dos por ciento de logro.

Las evaluaciones a graduandos se han realizado desde hace 11 años en la Dirección General de Evaluación e Investigación Educativa (Digeduca) del Mineduc. Estos exámenes diagnostican las habilidades de los estudiantes en Lectura y Matemática. No es una prueba que se reprueba o se aprueba, la medición para saber si se satisface la expectativa se vincula al nivel de dificultad que cada alumno resuelve.

Así lo explica Allan Palala, coordinador de la Unidad de Divulgación de la Digeduca: “Se evalúa al estudiante por la calidad del ítem que resuelve, no existe una calificación o nota”. Por esto se divide en dos categorías, el Logro y el No logro.

Es decir, si un estudiante resuelve solo ítems básicos que corresponden a un nivel escolar inferior, se considera que pertenece a la categoría de “No logro”. Mientras que otro que tenga la capacidad para resolver ítems de mayor dificultad, y aunque solo se dedique a esos, podrá obtener un lugar en la categoría de “Logro”. “No es cuántos ítems logre resolver, sino cuáles”, enfatiza Palala.

En ese sentido, el experto expone que la dificultad principal para los alumnos en resolver las pruebas matemáticas es porque no existe una habilidad lectora suficiente. Aunque intervienen distintos factores por los que los estudiantes obtienen malos resultados.

Es una crisis académica que refleja los niveles de precariedad de la juventud y de cómo su situación escolar es una consecuencia de la realidad del país. Pues, cuando se examinan las estadísticas de las evaluaciones realizadas por el Mineduc, el perfil de los estudiantes y de los establecimientos contradice los esfuerzos que distintas administraciones han divulgado como intentos para resolver el déficit en educación.

Así, según los datos del Mineduc, el año pasado se evaluaron 149 mil 815 estudiantes graduandos en las más de 150 carreras existentes en 3 mil 992 establecimientos. De este total, el 74 por ciento estudiaba en el sector privado, mientras que solo el 20 por ciento estaba a cargo del Gobierno, el resto pertenece a las cooperativas o municipalidades. Además, el 90 por ciento estudiaba en áreas urbanas.

“La Constitución faculta la educación gratuita a cargo del Ministerio de Educación hasta el tercero básico, es decir se cubren nueve años de escolaridad. El diversificado no cae dentro del rango que abarca la normativa. Es por ello que no ha sido priorizado, y la oferta educativa la proveen centros educativos privados”, es lo que apunta Spross.

Para Argueta, el nivel diversificado no está configurado para los estratos bajos. Una afirmación que puede considerarse al encontrar que el 35 por ciento de los evaluados el año pasado debía trabajar para mantenerse en las aulas.

Y Palala confirma que, según los estudios que se han realizado para conocer hipótesis de los bajos resultados, el factor socioeconómico es determinante. Así como el nivel de escolaridad de los padres, mientras más niveles hayan alcanzado, mejores resultados tendrán los hijos.

Aunque esta esperanza es difícil de lograrla, en el sentido de que la cobertura educativa desciende conforme avanzan los niveles. Porque en porcentajes aproximados, la cobertura en primaria alcanza el 82 por ciento, en básicos un 46 por ciento, en diversificado el 22 por ciento y quienes van a la Universidad pertenecen solo al uno por ciento.

Otros factores de importancia para Spross es la baja calidad de docentes. La dificultad de encontrar profesores especializados en las materias que imparten incide negativamente en el desempeño de los jóvenes. Además, la carencia de materiales y recursos dentro del aula.

Formar nuevas rutas

“Hay que sentarse a dialogar sobre qué sistema queremos en el nivel medio. Se deben redefinir los criterios para que se atiendan las funciones académicas que son la formación ciudadana, fomentar cualificaciones para el mundo laboral y el aprendizaje de las normas sociales y culturales”, comenta Argueta, también exministro de Educación.

“Actualmente no se están formando ciudadanos con todas las competencias requeridas, pues hay debilidades en varios ámbitos, desde lo fundamental, hasta la formación en competencias blandas o del siglo XXI, que son trabajo en equipo, capacidad de adaptación al cambio, idiomas extranjeros (inglés), tecnología, responsabilidad y otros valores básicos en el mundo laboral”, coincide Spross.

Los cuatro expertos coinciden en que esta plataforma del nivel medio actual no está funcionando adecuadamente ni para la inserción laboral ni para la formación de personas con conocimientos universales y que generen ciudadanía crítica y competente.

Entretanto, los graduandos de este año se preparan para realizar los exámenes de la Digeduca sin saber cuáles serán sus expectativas para saltar al siguiente océano de opciones que se presentan en las universidades. Aunque saben que no todos podrán probar esas aguas.

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