Martes 25 DE Junio DE 2019
Domingo

Operación Clinker

Fecha de publicación: 21-05-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico
Por: Manolo E. Vela Castañeda - manolo.vela@ibero.mx

En 1996, cuando las negociaciones estaban llegando a su fase final y era inminente el fin de la guerra y la firma de la paz, hubo unos que empezaron a hacer cálculos sobre el futuro, sobre la siguiente etapa. Dentro de estos estaba Gaspar Ilóm, el comandante de la Organización del Pueblo en Armas, ORPA, una de las guerrillas que hacía parte de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG.

Desde principios de los años ochenta la práctica del secuestro a prominentes integrantes de la elite económica había cesado. Estos secuestros perseguían objetivos económicos, dinero para financiar la guerra, que esta no se hace solo de buenas intenciones; y objetivos políticos, para el intercambio de prisioneros, o para la publicación de campos pagados en los periódicos. En lugar de esto, a lo largo de los años ochenta y noventa, las guerrillas habían aplicado el “impuesto de guerra” a los finqueros y a las empresas que extraían petróleo. Pero este, como parte del cese al fuego anunciado el 19 de marzo de 1996, también había llegado a su fin.  Fue entre marzo y abril de 1996, cuando en ORPA surgió la idea de hacer un secuestro grande, de más de 6 millones de dólares de los Estados Unidos.

Antes, en 1995, para reconstruir la unidad militar urbana, el Comandante Isaías llegó a la Ciudad de Guatemala. Traía 15 años como jefe del frente Luis Ixmatá y 20 de experiencia militar. El frente Luis Ixmatá extendía sus operaciones del volcán Tajumulco a la carretera que va de la costa sur a Quetzaltenango. Esta fue la unidad militar que entró en operaciones en septiembre de 1979, cuando la nueva guerrilla se dio a conocer. Luis Ixmatá, constituía, además, la retaguardia de la organización.

Isaías era un médico graduado con honores de la Universidad de San Carlos de Guatemala, que fue parte del movimiento estudiantil de la Facultad de Medicina. Era un combatiente muy experimentado, que, hacia 1995, era uno de los más altos cuadros de la dirección de ORPA.

Y con esas orientaciones se empieza la búsqueda del blanco. Se da la información a puntos clave del aparato de inteligencia. Y fue así como entró la información de un militante.

Nunca en su vida pudo haber pensado doña Olga Alvarado de Novella que el sacerdote que le confesaba, su director espiritual, tenía las convicciones de un militante revolucionario. Pero los caminos del Señor son inescrutables y esta vez no iba a ser la excepción. Ella era la esposa de Enrique Novella, el fundador de Cementos Progreso. El padre era un militante de ORPA, y fue quien brindó las primeras informaciones acerca del blanco: sus rutinas, formas de transportarse, y el escaso equipo de seguridad que cuidaba de la anciana de 87 años.

Con la operación aprobada al más alto nivel, la unidad urbana se encargó de hacer inteligencia para la operación: determinando rutinas e identificando puntos vulnerables. En paralelo, se afinaba la logística para el operativo de captura, se hacían los preparativos para retener a la víctima durante la fase de negociación y se entrenaba a la unidad que participaría en la captura y que tendría a su cargo la casa de seguridad.

Todo debía estar a punto el domingo 25 de agosto, al salir de la misa de nueve, a la que doña Olga Alvarado de Novella solía asistir. De las citas con el destino –es esta una ley de la vida– pocos logran escapar.

***

En los primeros meses de 1996, cuando el gabinete de gobierno del presidente Álvaro Arzú, se estaba asentando, se desató un vertiginoso incremento de los casos de secuestro. Ese año iba a cerrar con 233 casos registrados en las estadísticas de la Policía, un verdadero récord, que nunca después ha sido igualado. En palabras del presidente Arzú: “Los secuestros nos llevan cargados y nos van a ir a tirar al basurero”.

Además del peso cuantitativo, en los medios de comunicación se conocían casos que recibían una gran atención. El caso de Beverly Sandoval Richardson fue uno de ellos. Secuestrada en mayo de 1996, fue hasta noviembre de ese mismo año cuando se halló su cadáver. El secuestro, en noviembre de 1996, de Isabel Bonifasi de Botrán, también hizo parte de este momento. La también anciana fue secuestrada y asesinada por “los Pasaco”. A dos de sus integrantes se les aplicó la pena de muerte en el año 2000, mientras otros escaparon. Fue en ese contexto que surgieron, en 1995 y 1996, organizaciones como Madres Angustiadas, y Familiares y Amigos Contra la Delincuencia y el Secuestro, FADS.

Muy rápidamente, el presidente entendió que este asunto rebasaba las capacidades de la Policía Nacional. Atenazado por las presiones de la elite económica que le había apoyado para llegar a la presidencia, Álvaro Arzú convirtió esto en una prioridad. Y entonces, sin más que hacer, volteó a ver a su aparato militar. Más específicamente, a su Estado Mayor Presidencial. Y le encomendó a su jefe, el General Marco Tulio Espinoza Contreras, conformar una unidad para atender este problema. Ese fue el origen del Comando Antisecuestros, una unidad conformada por el personal –oficiales y soldados especialistas– del Estado Mayor Presidencial, una banda de militares bien dañados del alma.

A lo largo de 1996 estos lograron dar con varias bandas de secuestradores. Para agosto de 1996 eran ya una unidad experimentada. A golpe de operativos habían aprendido que la comunicación entre los secuestradores y los familiares de la víctima eran la parte débil de cualquier secuestro. En esas comunicaciones está todo lo que se necesita para dar con los secuestradores.

Y así, el comando antisecuestros ubicó su puesto de mando, que incluía la central de comunicación y la sala de operaciones, en la casa de la familia Novella, a donde los secuestradores –casi a diario, vaya error– solían llamar. Quizá todo hubiera sido diferente si la unidad de ORPA hubiera entendido que, como dicen los Tigres del Norte “la confianza y la prepotencia son las fallas del valiente”, porque “a los zorros más astutos los atrapan con su gente”.

Y así, otro grupo, el operativo, se hallaba en las calles de la Ciudad de Guatemala, patrullando, al llamado. Se mantenían a la espera de instrucciones para entrar en acción, acorralar, capturar, eso era lo suyo. Ansiaban un error de los secuestradores, para que el equipo de rastreo de llamadas telefónicas les diera los datos de la ubicación. Y eso era lo que estaba por ocurrir.

Continuará…



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