Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Domingo

La capital del miedo

Fecha de publicación: 21-05-17
Por: Jaime Barrios Carrillo
Más noticias que te pueden interesar

Los recientes hechos de extrema violencia, con tiroteos y asaltos que han dejado muertos, heridos y detenidos, confirman trágicamente la situación de la capital, con precarias instancias policiales, ausencia de cohesión social y un espíritu de miedo que se generaliza en muchas capas sociales.

No es novedad que de la falta de viviendas y trabajo surgen las áreas marginales y los llamados palomares. A pesar de los nuevos edificios y de los lujosos malls resulta notable el deterioro de la Ciudad de Guatemala. Hay indicadores concretos que lo demuestran: acceso a agua potable, pocas y dañadas áreas verdes, inseguridad. Aunque ciertos polos de gran inversión muestren cosméticamente lo contrario. Pero son islas de progreso urbano en medio de mares de pobreza. Y los servicios insuficientes son diarias pesadillas para los tres millones y medio de habitantes de una metrópoli que no cuenta con suficiente oferta comercial, cultural ni laboral para todos sus habitantes. La violencia, la suciedad y los transportes deficientes lesionan la vida urbana. Se afecta también la recepción turística.

La Ciudad de Guatemala es una especie de urbe carcelaria con sus lugares públicos, disminuidos por razones de seguridad, lo que ha producido un estilo de “feudalismo urbano” excluyente y una vida cultural y artística raquítica y elitista.

La tugurización de la capital ha llevado a la pérdida de la buena vida callejera. Andar por la ciudad es un peligro. Incluso viajar en un bus urbano es arriesgarse a ser asaltado. La criminalidad produce los candados sociales. Talanqueras, casas con alarmas, guardianes fuertemente armados por doquier. Y el temor a salir. Una ciudad penitenciaria. El candado social exige además la exclusión de las personas que no pertenecen a la zona, al barrio, al condominio o a la misma clase social. Los espacios abiertos han sido sustituidos por los malls, construidos a imitación del primer mundo pero con una enorme falta de ofertas culturales en los mismos (librerías, teatros, galerías de arte, bibliotecas).

En la capital el transporte público había tenido la paradoja de ser privado. Subsiste con subvenciones que permiten grandes ganancias privadas. Un servicio deficiente, con unidades en mal estado, personal poco calificado y falta de cobertura. No existe todavía un sistema más global, como un metro o tranvías. El Transmetro vino a romper ese monopolio de alguna manera y a brindar un servicio eficiente y seguro aunque sin resolver completamente el problema, es parcial.

La ciudad parece haber sido planeada para carros y no para peatones. El parque automovilístico hace rato superó la capacidad vial de la ciudad. El caso del tráfico tiene raíces estructurales con falta de infraestructura y de organización. La ineficiencia y carencia de un servicio de transporte colectivo integral de amplia cobertura es la causa principal.

El agua resulta otro problema. Escasez e impotabilidad. El negocio de vender agua potable muestra una carencia de calidad en el servicio. La ciudad se hará cada vez más sedienta y el acceso al agua más desesperado.

No son cambios cosméticos los que urgen; ninguna cirugía plástica sirve para remozar el rostro del monstruo. Se requiere de una metamorfosis total, que implique el cambio de estructuras en todo el país. La reforma urbana y la prevención deben aplicarse ahora. No dejar que el caos y la tugurización sigan dañando las calles, los parques, las plazas, las alamedas de la ciudad, que deben ser espacios para el encuentro social y la dinámica comercial y cultural.

Etiquetas: