Viernes 24 DE Noviembre DE 2017
Domingo

¡Adelante los virtuosos!

Fecha de publicación: 14-05-17
Ilustración Jorge de León > El periódico Por: María Alejandra Morales Arana - Sociedad de Plumas
Más noticias que te pueden interesar

Derivado de los acontecimientos políticos ocurridos en 2015, y los casos de alto impacto presentados también en 2016, se hizo evidente ante la ciudadanía la necesidad de transformar el sistema y reconstruir las instituciones sobre bases sólidas que dificultaran prácticas comunes como los actos de corrupción, el clientelismo y la impunidad. Este fue el sentimiento compartido por los guatemaltecos de “La Plaza”, el deseo de reparar el gobierno en aras de favorecer a todos los ciudadanos que dependen de la representación efectiva y la implementación de políticas públicas que promuevan el crecimiento económico, garanticen los derechos básicos y hagan una apuesta por el fortalecimiento institucional. Sin embargo, dicho esfuerzo se ha visto limitado por la presencia de políticos tradicionales que no tienen interés en cambiar las reglas que durante muchos años les han permitido cooptar el Estado.

Luego de la crisis política atravesada durante el año electoral surgieron los primeros esfuerzos por mejorar las normas que regulaban la forma de hacer política en el país. De ahí nació la propuesta de reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos; ejercicio que prometía limitar la capacidad de los partidos de convertirse exclusivamente en vehículos electorales utilizados por quienes deseaban corromper el sistema. Asimismo, surgieron iniciativas como las reformas a la Ley Orgánica del Legislativo y la Ley de Servicio Civil; se enfocaban en la necesidad de premiar el mérito dentro de las instituciones guatemaltecas y dificultar las prácticas de la política tradicional.

Posteriormente, es presentada por parte de los tres organismos del Estado la propuesta de reforma a la Constitución Política de la República, con enfoque en el Sector Justicia. Dicho trabajo representó el primer gran proyecto de nación presentado después de la crisis. En un primer momento este ejercicio prometía terminar de unificar a una sociedad que se había vuelto intolerante a la corrupción. No obstante, las dinámicas observadas mediante el desarrollo de este han tenido como características la polarización y confrontación. En un principio se polemizó mucho al respecto del reconocimiento del Derecho Indígena, motivo por el cual dicha discusión se pospuso. En la actualidad, la propuesta de crear un Consejo Nacional de Justicia se ha convertido en motivo de confrontación en la sociedad. Nuevamente se enfrentan en la arena de batalla quienes se encuentran absolutamente a favor de las reformas o quienes definitivamente están en contra; como si no existiesen matices. En este sentido es importante hablar en nombre de quienes tratan el tema con mayor moderación; pues cuestionar alguna parte del documento de reforma constitucional no es estar a favor de la corrupción, ni pronunciarse a favor del mismo significa ser comunista.

Ante la polémica es imposible dejar de notar la urgente necesidad que hay en el sistema de modernizarse por medio de la llegada de nuevos rostros. Es decir, depurar las instituciones del Estado no destruyéndolas para reconstruirlas, sino llevando a estos espacios a los actores que cuentan con las aptitudes necesarias para regenerarlas desde adentro. Existe una necesidad inminente de transformar la clase política, misma que puede atenderse si se retoma la segunda generación de reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos antes que se aproxime el siguiente año de elecciones. En este sentido, debe considerarse la posibilidad de incluir el voto uninominal, el cual permitiría una representación que le facilite al ciudadano exigir rendición de cuentas a su representante y castigarle, de ser necesario, mediante el voto.

Asimismo, mediante la regeneración de la clase política y la valoración de los elementos idóneos dentro del sistema, servir en lo público dejará de ser un acto de atrevimiento. En este sentido, también deben reducirse las barreras de entrada para quienes quieren servir al Estado y no servirse de él. Ese es el último gran paso de la ciudadanía, ser suficientemente valiente para prestar su servicio a un Estado tan necesitado de guatemaltecos virtuosos.

@malemoralesa