Martes 17 DE Octubre DE 2017
Domingo

Violencia y formación del Estado Moderno

Fecha de publicación: 09-04-17
Por: Edelberto Torres-Rivas
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Se repite con frecuencia que Guatemala es una sociedad violenta porque así fueron los factores que estuvieron presentes en el momento de su fundación. Aún en la conquista de estas tierras por los españoles: la violencia estuvo en la guerra que provocaron para apoderarse de estos territorios; la gente de por aquí peleó hasta morir. Era otra civilización, que fue dominada con crueldad, como sucede siempre.

No hay violencia inicial en el sentido de no saber cuándo se cometió el primer acto violento; es un hecho que aparece en cualquier lugar del planeta y en todo momento, es un dato de la historia que está presente de manera permanente en la vida humana. Por eso, se dice que es un fenómeno difícil de historicizar, no historiable. La llegada del capitalismo abrió la posibilidad de ver la violencia como parte de una cultura de una sociedad, pues a partir del siglo XIX se han realizado investigaciones que permiten catalogar distintos tipos de violencia, por de pronto lo que llamaron “violencia primitiva” y “violencia moderna”.

En sociedades pre modernas, la violencia fue por lo común connatural a la vida de los grupos en comunidad. En la sociedad feudal, la violencia no aparece como un fenómeno identificable, era un dato que no merecía atención particular. Las relaciones sociales en la Edad Media incluían dar muerte como hecho normal. Es como la desigualdad, que era algo que formaba parte de lo habitual, que no era criticable.

Es notable la investigación de Norbert Elías y su libro El Proceso de la Civilización, donde encuentra formas discernibles de violencia. Entiende por civilización el paso desde formas de conflicto permanente, sin control, sin pautas de resolución a la situación en que hay establecimiento de mecanismos explícitos de control social. El proceso civilizatorio coincide justamente con el progreso del dominio de la efectividad, del control de la violencia.

Los conquistadores de Guatemala mataron sin control en la primera época a cuanto indígena quisieron. Posteriormente algo cambió, la violencia primitiva dejó de utilizarse, pero la violencia brutal siguió presente en las relaciones con los indígenas. El escenario es el mismo, el Señor de la tierra, el capataz, lo jefes militares tenían el derecho a castigar, derecho de matar. Ubico autorizó el homicidio de campesinos descubiertos en terreno ajeno. En los países más modernos se fue criminalizando el acto de matar, censurándolo y luego, castigándolo.

Un paso importante fue la identificación de la violencia política como una de las más frecuentes y que tiene múltiples formas de utilidad y castigo. Dahrendorf y otros que se han preocupado por su especificidad consideran que el conflicto más importante, como central a toda sociedad, es el que ocurre entre gobernante y gobernados, donde se crean distintos niveles de violencia política. Recuérdese que en la lucha por el poder los grados de violencia no tienen límite. En Guatemala los gobiernos militares han utilizado la violencia con exceso. Ha sido casi un siglo de violencia desde el Estado y sus instituciones, como el Ejército. En los conflictos por el poder no es la violencia moderna la que se aplica, sino formas más sofisticadas en su uso y regulación.

Con ocasión del enfrentamiento armado interno, el Estado guatemalteco utilizó armamento moderno con formas extremas de violencias, produciendo la terrible matanza que hubo entre 1978-1982. Se puso a prueba la capacidad de resistencia de la sociedad, que soportó la violencia excepcional movida por razones político-ideológicas.

En general, la expansión del capitalismo y de los Estados-nación ha provocado que las diferentes formas de violencia se presenten ahora diseminadas en un amplio espectro, que se diferencien y aparezcan en todos los procesos de cambio social. La concesión de violencia forma parte hoy día con el análisis del Estado y su condición constitutiva de ser el depositario de la violencia legítima. Como regulador social el Estado está constantemente en el filo de la navaja. Giddens sentencia como más moderno el Estado que elabora con más cuidado la atribución del monopolio de la violencia legítima. La legitimidad es discutible. Hoy día, la violencia es aplicada más por instituciones que por individuos. En Guatemala queremos vivir en paz, sin violencia, en democracia. Construyendo un Estado democrático, fuerte, considerando como Estado fuerte el que se hace obedecer por todos y en todas partes, por su legitimidad y no por la fuerza. No hemos experimentado aún un régimen de esa naturaleza, pero hacia allí vamos. Esperamos que no haya ideologías conservadoras que enciendan de nuevo el fuego. La sociedad acumula lentamente condiciones de fuerza cívica y ética para acceder a elecciones que tenemos que cuidar que sean libres y limpias. Esta es la tarea de nuevos partidos, cuya gestación se produce con entusiasmo.