domingo 9 abril 2017
Domingo

Tendencias del mercado político guatemalteco

Fotoarte: Jorge de León Por: Jonatán Lemus - Sociedad de Plumas

No me canso de argumentar que la política puede ser analizada con la ayuda de conceptos provenientes de la economía. En este sentido, analizar la política desde una visión teórica del mercado nos brinda algunas luces de los incentivos de los actores políticos y las instituciones. En el caso de Guatemala, no cabe duda que el mercado político está cambiando. A continuación enumero algunas tendencias en la política al día de hoy.

En primer lugar, la regulación del mercado político continúa siendo deficiente. La Ley Electoral y de Partidos Políticos, reformada el año pasado, mantiene una visión burocrática y formalista del sistema, al priorizar el cumplimiento de requisitos por encima de la participación. Los requisitos para la conformación de nuevos partidos son bajos, pero a la vez, son altos para un individuo interesado en participar en las organizaciones locales de los partidos. Para tener acceso a una candidatura se debe contar con el aval de los líderes nacionales del partido, el cual dependerá de la capacidad económica y de movilización de votantes. Es decir, mientras que las barreras de entrada son bajas para grupos interesados en construir partidos desde lo nacional, las barreras para un ciudadano común en lo local son excesivamente altas.

Una segunda tendencia es la cartelización de los partidos políticos. Los partidos tradicionales en el Congreso aprovecharon la reforma a la Ley Electoral para aumentar los recursos otorgados por el Estado a sus organizaciones. Se adjudicaron tiempo de campaña gratis en medios de comunicación, bajo el supuesto de que esto aumentará la equidad en la competencia. Asimismo, mantuvieron el ya establecido financiamiento público por voto. Al no haber reformado las reglas para la elección de las estructuras internas de los partidos, el Estado estará financiando a partidos de la vieja política con dueño, y cuyos productos son de baja calidad para el votante. Una especie de oligopolio político.

Sin embargo, la cartelización podría verse revertida por dos tendencias más recientes: la depuración por la vía judicial del Congreso y la cancelación de partidos. Esto ha tenido varios efectos. Uno de ellos ha sido dejar a los partidos políticos sin figuras de peso en el Legislativo. Varios diputados y exdiputados, acusados por corrupción, son políticos de larga data, con organizaciones locales fuertes que alimentaban las “franquicias” partidarias elección tras elección.

Un segundo efecto será la atomización del Congreso. A raíz de los cambios en la Ley Orgánica del Legislativo y la cancelación del Partido Lider y Patriota, muchos de los nuevos diputados entran al Congreso sin un bloque legislativo. De profundizarse la depuración y darse más cancelaciones de partidos como FCN y UNE, por parte del Tribunal Supremo Electoral, podríamos ver un Congreso en el que predominen los diputados independientes. Esto generará una excesiva atomización que incrementará la ingobernabilidad en el Congreso.

Esta última tendencia es vista como positiva por la ciudadanía. Sin duda es necesario continuar con la lucha contra la corrupción. Sin embargo, una consecuencia no intencionada será llegar a 2019 con un alto nivel de personalismo como consecuencia del debilitamiento de los partidos políticos. La oferta política será escasa, fragmentada, y por ende, con altos costos de información para el votante.

En este sentido, los tomadores de decisión deben considerar seriamente la liberalización del mercado político. Una segunda generación de reformas electorales debe enfatizar el surgimiento de nuevos oferentes de productos políticos de mayor valor y calidad. Una nueva política no puede emerger si el mercado no permite la competencia. Según la teoría económica, la competencia genera mejores productos para los consumidores; creo que en la política sucedería exactamente lo mismo.

 

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