Domingo 9 Abril 2017
Domingo

La actividad política en las redes sociales

Fotoarte: Jorge de León Por: Jorge Mario Rodríguez Martínez

Los últimos dos años han brindado a la ciudadanía guatemalteca un conjunto de experiencias políticas de las cuales es posible y necesario extraer algunas lecciones pertinentes para configurar el futuro compartido. Algunas de estas enseñanzas apuntan a los aspectos positivos y negativos de las redes sociales, las cuales han estructurado la participación ciudadana en el proceso de desmantelamiento del Estado mafioso.

Comprender la importancia de las redes sociales en nuestra vida política es una tarea imprescindible cuando las nuevas tecnologías de la comunicación han transformado hasta el espacio relacional de nuestra vida íntima. En efecto, actividades tan “naturales” como la simple conversación familiar se hacen cada vez más raras ante la invasión de las redes en la vida privada.

Para comenzar es necesario reconocer que las redes sociales, en particular, y el Internet, en general, han hecho posible una presencia inédita de la sociedad en las decisiones políticas. De hecho, una de las maneras de comprender la vida de una sociedad es acceder a sus interacciones en el espacio digital. En este sentido, es evidente que la presencia política de la ciudadanía en las redes se ha consolidado hasta el punto que ahora se reconoce una especie de “democracia digital”. La presencia generalizada en el Internet ha hecho que nuestra ciudadanía agudice su percepción de las malas decisiones políticas, hasta el punto de que muchas veces sus autores se ven obligados a dar marcha atrás.

Ahora bien, la tarea de transformar un orden fallido, es una labor que demanda acciones positivas, propositivas, necesariamente más complejas, y que exigen con toda claridad un género de participación distinta a la que las redes digitales pueden ofrecer. Esto no implica negar que en las redes sociales guatemaltecas circulan propuestas políticas ciudadanas con un nivel notable de elaboración e, incluso, dotadas ya de cierto grado de organización. Sin embargo, estas propuestas parecen todavía incapaces de movilizar el entusiasmo de las mayorías ciudadanas.

En este contexto, se hace evidente que las tareas políticas de los diferentes actores sociales se presentan con divergentes grados de dificultad. Mientras que los actores de izquierda tienen que embarcarse en la difícil misión de crear alternativas, los grupos de derecha, en cambio, no necesitan más que fomentar actitudes disruptivas como el odio, la intolerancia y el resentimiento. Este fenómeno puede ayudar a explicar, al menos en parte, el crecimiento de una ultraderecha que, a pesar de sus diferencias doctrinales, hace pensar en un retroceso de la conciencia ética de la humanidad.

Algunos estudiosos de la política en el Internet (por ejemplo, Evgeny Morozov, Cass Sunstein y César Rendueles), han evidenciado las diferentes dimensiones negativas de las redes sociales. A pesar de los aspectos positivos del activismo digital (por ejemplo, el movimiento antiglobalizador), otros autores exponen la manera en que el lado oscuro de las tecnologías digitales ha constituido un medio idóneo para que la ultraderecha global y local logren hacer avanzar sus agendas políticas.

Los grupos de la extrema derecha han usado las redes sociales para demonizar a sus adversarios, generando incluso mentiras que influyen a masas de individuos precarizados que canalizan su frustración en los procesos electorales. La propaganda ultraderechista aprovecha el descontento que produce la desigualdad para buscar chivos expiatorios para las crisis producidas por las ambiciones de las plutocracias globales y nacionales. En nuestro país, la fuerza de los memes ya ha puesto en modo defensivo a algunos de los principales actores en la lucha contra la corrupción, como la CICIG y el MP.

En Guatemala, personajes de un bajo nivel ideológico se han convertido en celebridades de las redes, reproduciendo los eslóganes más vacíos. ¿Qué contribución significa decir, por ejemplo, que el populismo quiere tanto a los pobres que quiere reproducirlos? La situación, sin embargo, es diferente para plantear mensajes que exigen el incremento de los niveles de reflexión.

Estos problemas denotan la poca efectividad que puede afectar a las redes sociales, a mediano o largo plazo, cuando se trata de fomentar la acción política integral de la ciudadanía. Las nuevas tecnologías de la información pueden fomentar el debate, pero, por su naturaleza, son incapaces de trascender el aislamiento individual que supone sumergirse en el mundo digital. Las redes no constituyen el mejor escenario para promover el debate democrático. Por ejemplo, las diferencias políticas pueden acabarse si eliminamos a nuestros oponentes de la red de “amigos”. Por lo demás, los mismos sistemas de información fomentan la creación de espacios “personalizados” de interacción digital que de alguna manera invisibilizan los grandes desacuerdos que atraviesan la sociedad.

El objetivo a tener en mente, consiste en estructurar actividades de investigación y propuesta que permitan alimentar a los movimientos sociales con argumentos respecto a lo que hay que cambiar. En una sociedad con tantas fallas comunicativas es necesario potenciar la actividad argumentativa que se realiza cara a cara. Este es un esfuerzo que, de hecho, practican activistas conscientes que aúnan su participación en las redes sociales con el activismo político más comprometido. La otra parte de la ecuación, sin embargo, lo constituye una ciudadanía que debe hacer sentir sus decisiones respecto al futuro común.