Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
Domingo

Concha Deras, el asesinato de una gaviota

Jaime Barrios Carrillo

Fecha de publicación: 26-03-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico

Concha Deras pertenece a un linaje de mujeres extraordinarias. Arte, conciencia social y solidaridad, eso era Concha. El 16 de marzo regresaba a su casa en la zona 2 cuando unos hombres sigilosamente la siguieron e ingresaron a su vivienda para golpearla brutalmente.

Este asesinato atroz de una notable anciana conmueve porque encierra, en su bestial crudeza, la Guatemala de 2017. Resaltemos una coincidencia terrible: ocho días antes habían sido quemadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción en Pinula, las 40 niñas que hoy remuerden la conciencia nacional. Es decir un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Pero lo más sorprendente es que 64 años antes Concha Deras había laborado como trabajadora social en el entonces llamado Centro de Observación y Reeducación de Menores “Ciudad de los Niños” en Pinula. En 1953 el centro era famoso por sus métodos pedagógicos. Llegaban visitas de estudiosos de muchos países. De ahí que perturbe que Guatemala desde 1954 haya ido como el cangrejo negro para atrás y en caída libre hacia un abismo de violencia, crueldad, injusticia e impunidad que no tienen parangón en América Latina, al grado de hablarse de un Estado fallido.

Concha Deras se egresó con la primera promoción de trabajadoras sociales en 1953 en la recién creada escuela bajo el auspicio del IGSS. De esa generación son Moli de Stahl, Olga Fuentes de Gracias (con un hijo desaparecido durante el conflicto armado), Julieta Fernández (asesinada años después por escuadrones paramilitares), Ruth García Granados, Consuelo Carrillo Meza y Lili Chiqui Zachrisson.

Fue en aquel emblemático centro de reeducación de menores donde Concha pudo ejercer sus conocimientos y, dentro de los programas culturales, fue descubriendo otra de sus pasiones: el teatro. Pequeñas piezas se montaban con las internas y los internos bajo su guía.

Años después y con el retorno desde Francia del dramaturgo Hugo Carrillo, se comenzaron a finales de los años cincuenta a montar obras de vanguardia que a la vez tenían contenidos sociales y psicológicos. Carrillo promovió toda una generación de actrices con nombres hoy emblemáticos como Samara de Córdova, Consuelo Miranda, Matilde Montoya y no podía faltar Concha Deras.

Recordamos el montaje de La calle del sexo verde del mismo Carrillo durante el IV Festival de teatro guatemalteco de 1965, donde Concha Deras hace el papel de Niña, Iris Álvarez el de La mujer de verde y Norma Carrillo (asesinada en 1984) interpretaba a La limosnera. En una entrevista con Marta Sandoval, Concha afirmaba en ocasión de los diez años del fallecimiento de Hugo Carrillo: “La calle del sexo verde hizo escándalo porque salía una prostituta y un homosexual. Fue arrolladora esa obra, tuvo gran aceptación, nunca hubo butacas vacías”.

Concha Deras llegó a ser más que amiga de Carrillo. Eran unión indivisible de espíritus. Dos personajes de la época de oro de las tablas nacionales. “Mujer y gaviota”, la llamaba Carrillo. Nos acordamos de La casa de Bernarda Alba de Lorca, también en los años sesenta, donde Concha hace el papel de una de las hermanas y de Caja de arena con Herbert Meneses, por el año 69 en el entonces teatro Gadem.

Con el asesinato de Concha Marina Deras perdemos todos: sus familiares, sus amigos, el arte y el teatro nacional. Una de sus últimas actuaciones fue en un corto en YouTube en 2015, producido por Gustavo Maldonado y José Guillermo Morales. Concha aparece pidiendo a las nuevas generaciones: “Muchá, hay que cambiar el mundo, esto apenas comienza”.