Miércoles 22 DE Noviembre DE 2017
Domingo

NO a los “depreciadores”

César A. García E.

Fecha de publicación: 19-03-17
Ilustración Jorge Antonio de León > El periódico
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Como suele ocurrir, con variopintos temas que afectan los intereses de sectores influyentes, de un tiempo para acá –y ante la apreciación sostenida del quetzal frente a USdólar– empezamos a leer columnas de opinión, y a ver noticias –claramente fabricadas– sobre lo “negativo” del fenómeno y acerca de la “desventaja competitiva” en exportaciones que nuestro país, presenta frente México, cuyo Peso ha sufrido una depreciación que abarata sus exportaciones y llena gran parte de las estanterías de los comercios chapines, sobre todo, de los ubicados en la costa sur y occidente… aunque productos mexicanos hemos encontrado en distintas épocas, en todos los mercados del país. Situación contraria se ha observado, cuando los productos nacionales –por los mismos vaivenes cambiarios– se han abaratado en otros tiempos… y entonces, también hemos visto romería de mexicanos, de las regiones fronterizas, viniendo a “hacer el súper” a Coatepeque y otras plazas cercanas a México… así funcionan los mercados y el consumidor, siempre buscará lo que más le conviene, y lo hará, al menos que un régimen demente como el venezolano se lo impida, provocando escasez y penurias. Quienes propugnan hoy, por la depreciación del quetzal, están viendo
–exclusivamente– el derecho de su nariz, porque al exportar, reciben menos quetzales por cada USdólar… por supuesto, cuando nuestro quetzal ha volado bajo, nunca se les ha visto mover el pico, por las presiones inflacionarias y el empobrecimiento que procrea la depreciación de la moneda local, sobre todo cuando se dan movimientos
especulativos abruptos.

Es menester entender que Guatemala ha estado inmersa, en un régimen cambiario conocido –en el mundo económico– como “Flotación Sucia”, sin que este término sea peyorativo, sino indicando solamente que el Banco Central (Banguat en nuestro caso) intervendrá, cuando exista riesgo de volatilidad del tipo de cambio. El Banguat está llamado –sobre todas las cosas– a mantener la estabilidad en los precios, en lo que se basa su “meta de inflación” anual, y con esta receta –que ha funcionado muy bien– ha podido conservar un clima de negocios que si no es el óptimo, por la falta de certeza jurídica y tributaria, así como por el lento crecimiento de la inversión privada… si se puede calificar de “estable”. En todo sistema cambiario de este tipo, los actores del mercado, deben ser responsables y serios, a la vez deben ejercer principios morales férreos, sin que éstos estén librados a sus particulares intereses.

Ante las voces –cada vez más abundantes– que propugnan por la depreciación “urgente” de nuestra moneda, quiero de forma simple, explicar, las repercusiones que esto tendría y ponderar, si es en realidad lo que más conviene. En definitiva, si al sistema de flotación imperante, se le introdujera una variante forzada, para elevar el tipo de cambio del quetzal respecto al USdólar, con la excusa de “hacer competitivas las exportaciones”, se estaría induciendo una “devaluación” (fenómeno que implica una decisión soberana) y se estaría abandonando, la depreciación y apreciación de la moneda, de acuerdo a las fuerzas del mercado que provienen de la oferta y demanda de USdólares. Habría que reconocer –si se da este desatinado paso– que Guatemala, sería una economía menos global y más dirigida, lo cual implica manipulaciones artificiales de las variables económicas que beneficiarían a los exportadores (no necesariamente las exportaciones), en perjuicio del resto de los sectores y de la población. Importante destacar que si se abandonara –mediante la manipulación forzada del tipo de cambio– el actual sistema de flotación, se sabría cómo empezaría el proceso… pero no en qué terminaría, porque la especulación podría convertirse en mayúscula y arribar a un desastre de depreciación imparable que traería consigo –inevitablemente– presiones en el ritmo inflacionario y como consecuencia mayor pobreza.

Analicemos ahora que le conviene más a Guatemala, como universo y sin etiquetas de sectores beneficiados o perjudicados, por los vaivenes cambiarios, dentro de las reglas del juego que todos aceptaron, y ahora “no se vale”, como se diría coloquialmente en los juegos de la calle, en nuestros tiempos de niños, decir: “Ya no juego”. Guatemala es un país más importador que exportador, es decir, mantiene sensibles déficits en su Balanza Comercial (Exportaciones versus Importaciones). En efecto, en 2015 Guatemala importó US$ 1.65 (un USdólar sesenta y cinco centavos) por cada USdólar que exportó. En 2016, las cosas fueron similares, siendo la relación de US$ 1.62 (un USdólar sesenta y dos centavos) importado, por cada USdólar exportado. Esta simple razón, nos debiera indicar que –en términos generales– es mejor un tipo de cambio estable, incluso con tendencias a la baja que un tipo de cambio alcista que podría convertirse en volátil y terminar con toda la estabilidad económica… que es de lo poco ordenado que nos va quedando. Fundamental reconocer también la inminente amenaza sobre las abultadas “remesas familiares” por las políticas anti inmigrante, impulsadas con todo el vigor posible, por Trump.

El fenómeno del quetzal versus el USdólar merece análisis e impone la impostergable necesidad de crear condiciones económicas, para el crecimiento de la inversión privada, en eso debieran enfocarse los esfuerzos y no en una sesgada discusión cambiaria. El tema debe ser tratado con seriedad, nunca con inmoralidad y codicia que propicie que unos cuantos “lleven agua a su molino”, sin importar las consecuencias para el país. En estos temas, el interés general debe prevalecer sobre el particular y los criterios para dar pasos, deben ser eminentemente técnicos y no políticos. Sería mucho más constructivo que se empezara una discusión amplia, sobre la dolarización de la economía
–por ejemplo– que propugnar neciamente por la depreciación de nuestra moneda. Las urgencias en temas económicos tan torales, no caben en lo más mínimo, y el presidente debe cuidarse, en no liderar pasos en falso, para ceder a presiones que al final, empobrecerán –más– al país que gobierna con obvias deficiencias y terminarán por sepultar su magra credibilidad ¡Piénselo!