domingo 19 marzo 2017
Domingo

Los relatos escapados de las llamas

Cuarenta niñas murieron calcinadas como consecuencia de los trágicos eventos ocurridos la mañana del martes 8 de marzo en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Un día antes, más de cien de los casi 800 residentes en este centro de protección habían huído, como consecuencia de los abusos recibidos por el personal encargado de cuidarlos. A partir de algunos testimonios que han logrado recogerse, intentamos reconstruir la crónica de los hechos.

Por: PAVEL VEGA

“¡Hoy te morís, hijueputa!”, gritó un agente de la Policía Nacional Civil (PNC) cuando, acuerpado por un grupo de elementos antimotines, perseguía a ‘Kevin’*, uno de los adolescentes que trataba de escapar del Hogar Seguro Virgen de la Asunción y que fue capturado junto a otros 51 compañeros la tarde y noche del 7 de marzo pasado. Ese martes fue un día de hartazgo.

Cuando las niñas, los niños y adolescentes se vieron ahogados de la impunidad que cobijaba los abusos denunciados en reiteradas ocasiones al Ministerio Público (MP), a la institución del Procurador de los Derechos Humanos (PDH) y a los medios de comunicación, decidieron gritar.

Todo comenzó aproximadamente a las 11:00 horas cuando las mujeres residentes de Mi Hogar, el área en donde habitaban las niñas y adolescentes, subieron a los techos de los módulos para formar una ola de gritos contra los niños y adolescentes que se encontraban en San Gabriel, el área de hombres.

“Estábamos en la escuela, nos salimos de la clase porque nos trataban mal. Las patojas nos decían que éramos huecos desde el techo de ellas. Entonces, nos subimos también a nuestro techo y les gritamos que ellas eran las huecas”, relata Joaquín*, otro de los muchachos del hogar que prestó su testimonio junto a Kevin y otro compañero, los cuales fueron obtenidos por elPeriódico.

Al percibir el escándalo, uno de los monitores se acercó al grupo de hombres y los cuestionó por sus acciones. Uno de ellos le tiró agua en la cara, cuentan los jóvenes. “Entonces, nos dijo que el que quería que saliera, abrió la puerta y salimos corriendo”, recuerda Joaquín. “Yo agarré un palo por si me perseguían, pero nadie nos estaba siguiendo. Luego abrieron los otros módulos. Un monitor al que le dicen Santa Clós, el profe Eddy, nos dijo “¡váyanse y se llevan a esas pendejas!”, ese viejito mal cae”, cuenta Kevin.

El testimonio de una adolescente, obtenido por Nómada, asegura que antes del escándalo en los techos, habían encerrado a las niñas de Mi Hogar por tres días seguidos en los módulos. Eso habría desatado el conflicto.

El informe del jefe de seguridad del Hogar Seguro, reportado a la ex subsecretaria de Protección y Acogimiento a la Niñez y Adolescencia de la Secretaría de Bienestar Social (SBS) Anahí Keller, establece que “al observar lo indicado (el conflicto) se solicitó vía telefónica el apoyo al jefe de la Subestación de la PNC de San José Pinula, oficial tercero Castillo Pernillo y al Director de Etapa II”.

Ya a las 14:00 horas, indica el informe, hombres y mujeres se habían unido y corrían por los techos del Hogar Seguro. “Se trasladaron al techo del taller mecánico en donde destruyeron los vidrios de las persianas del inmueble, otra adolescente, con un tubo de metal, destruyó el vidrio de la garita que se encuentra en la parte superior del hogar”, narra el documento.

Inconformes con los maltratos, la mala calidad de la comida, el encierro y la desesperación, destruyeron las literas para obtener así los tubos de metal, tomaron palos y piedras con los que se enfrentaron a los monitores y a los guardias de seguridad del hogar. Era una batalla incontrolable que la PNC observaba desde fuera, al menos hasta ese momento.

Revueltos entre hombres y mujeres, desperdigados por todo el hogar, unos trataron de huir por el basurero, mientras otros continuaban en los techos lanzando piedras. Para mantener el control de quienes escaparan por el depósito de basura, los guardias de seguridad y los agentes de la PNC se apostaron frente al portón principal, afuera del recinto a la espera de que salieran los adolescentes.

A las 20:00 horas, cuando muchos ya habían sido capturados y puestos afuera de la entrada principal del hogar –relata el informe– se hicieron presentes Carlos Rodas, extitular de la SBS, Anahí Keller, subsecretaria, delegados de la PDH y de la PGN, así como Santos Torres, exdirector del hogar. En ese momento se reunieron para saber cuál sería la metodología para implementar.

El bosque, los golpes y las pastillas

Según los testimonios de los adolescentes, los propios monitores facilitaron la salida de los módulos. Esto fue determinante para que se mezclaran y unieran fuerzas hombres y mujeres. Eran aproximadamente 120 jóvenes que escaparon hacia lo desconocido.

La primera área de escape es el bosque que rodea el Hogar Seguro. Corriendo entre los árboles, asustada y cansada, otra joven que dio su testimonio a las autoridades y que fue publicado por Nómada, recuerda desde su cama de hospital, que cuando ella huía los elementos de la PNC disparaban. Las balas se perdieron en el espesor del bosque, pero ella no.

Un agente que la perseguía la encontró, la golpeó y la empujó al suelo. Le apuntó el arma en la cabeza. “¡¿Cómo se atreve a matar a una mujer?!”, gritó ella desesperada. “No me importa”, le respondió él, imponente.

Es el mismo relato de otro de los testimonios obtenidos por Nómada. “En muchos kilómetros recorridos la PNC nos capturó, y nos agredieron. A mí me atrapó y me puso de rodillas. Me puso la pistola en la cabeza, dijo que no le importaba que fuera mujer y menor de edad”.

Joaquínrecuerda otros abusos de los agentes policiales. Su caso es distinto. Él corrió hacia el centro de San José Pinula, a unos kilómetros del hogar. Desorientado por no saber adónde ir, ingresó al mercado municipal para escabullirse entre la gente que transitaba por el lugar.

Joaquín creía haber esquivado a las autoridades que querían llevarlo de nuevo al refugio en donde no lo refugiaban. Pero, un agente policial lo capturó, y con un lazo, lo amarró. El forcejeo entre el adolescente y el agente llamó la atención de quienes estaban cerca y cuando Joaquínse quitó el lazo, el oficial le advirtió: “Estos te quieren linchar”, lo soltó y se fue. “Nosotros no te vamos a hacer nada, sabemos de dónde venís”, lo consolaron.

Sin el agente –que prefirió irse al sospechar que le podrían hacer daño a un menor que es responsabilidad del Estado–, Joaquín corrió con todas sus fuerzas fuera del mercado, buscando un bus, pero el agente lo esperaba. Le pegó con la macana y lo esposó.

“Dijeron que me llevarían a tribunales, pero otro dijo que mejor no, entonces me quitaron las esposas y me dejaron aquí (en el Hogar)”, lamenta Joaquín. Sin embargo, como se consigna en el reporte de seguridad, los testimonios obtenidos por Nómada y por elPeriódico coinciden en que los adolescentes estuvieron por varias horas durante la noche y madrugada fuera del refugio. Tanto Kevin y Joaquín, como el testimonio de una joven, aseguran que la PNC les echó gas pimienta en la cara mientras estaban afuera. Además, los muchachos aseguran que “a varias patojas les metieron mano, a una le bajaron el pantalón y se la llevaron a la oscuridad. Por eso nosotros agarramos unos hierros y les gritamos que las soltaran”, relata Kevin.

Joaquín también recuerda que uno de los agentes le quiso meter una bolsita de marihuana en el bolsillo. “¿Qué me vas a meter vos si yo no traigo nada?”, cuenta que le increpó al policía. A los hombres los tiraron al piso y los obligaron a mantenerse boca abajo. A las mujeres las sentaron, cuentan los jóvenes. Además, dicen que en ese momento, los agentes seguían golpeando a las mujeres.

En un video publicado por Prensa Libre se observa cómo un agente policial interroga a las mujeres para registrar sus nombres. El tono del oficial es fuerte y contrasta con el ánimo de las jóvenes que le pedían que se tranquilizara.

 

 

“Las patojas estaban loqueando porque tenían hambre. Entonces nos dieron comida, pero no les gustó porque había tortillas tiesas”, relata Joaquín. “Adentro había pastillas”, añadeKevin. “A mí me partieron un palo de escoba en la espalda, pero con la pastilla ya no sentí ni verga”, diceKevin.

El enfrentamiento constante entre monitores y habitantes del Hogar Seguro Virgen de la Asunción había desatado una enemistad entre ambos. Los abusos registrados en decenas de denuncias marcaron la rabia de los adolescentes. En el acta manuscrita número 67 de la noche del 7 de marzo, se lee que los monitores se deslindan de cualquier responsabilidad por los actos que puedan suceder más adelante.

En el punto tercero se lee: “La PDH y la PGN querían que regresaran, a lo que no estamos de acuerdo porque puesto que en el corto tiempo que pasaron fuera robaron, golpearon a gente inocente, se drogaron y mantuvieron relaciones sexuales entre ellos, y el regreso pone en riesgo al resto de la población que decidieron no participar en estos eventos”. El cuarto punto establece que: “Si los adolescentes regresan no nos hacemos responsables de los daños que pudieran causar a los niños y niñas que a costas de nuestra vida hemos protegido”.

Las niñas en llamas

A criterio de las autoridades del Hogar y de la PNC, el conflicto se resolvería encerrando al grupo de 52 niñas en un aula y a los 52 niños en el auditorio. Según el presidente Jimmy Morales, en una entrevista realizada por CNN en Español, una de las medidas de seguridad fue dejar a los dos grupos bajo llave. Al momento de ingresarlos, según Carlos Rodas, se hizo una requisa para saber qué llevaban los adolescentes. “Se encontraron pedazos de vidrio, pero ningún otro objeto amenazante”, declaro el exfuncionario en una conferencia de prensa el 8 de marzo

Ellas y ellos relatan que durmieron bien, incluso bastante bien, diceKevin, pues despertaron hasta las 9:00 horas, y algunos seguían dormidos a eso de las 11:00 horas, según organizaciones sociales que se presentaron para ayudar. Kevin recuerda la pastilla en la comida que no todos ingirieron.

Ambos grupos estaban en resguardo de la PNC, de acuerdo a los testimonios, según el reporte de la seguridad interna, el Presidente de la República y el ex Secretario. Pero no según el director de esa institución, Nery Ramos, pues en la misma conferencia del 8 de marzo, aseguró que los elementos policiales habían permanecido solo como resguardo perimetral del hogar y entraron hasta que se percataron del humo que emanaba del aula donde se encontraban las niñas encerradas.

“Al día siguiente nos levantamos. Les pedimos a las policías que nos dejaran salir al baño y nos dijeron que nos pudriéramos. Entonces, algunas hicieron una casita con las colchonetas para hacer sus necesidades. Luego quemaron las colchonetas. Les gritamos a las policías y ellas nos dijeron que así como éramos buenas para escapar que fuéramos buenas para aguantar el fuego”, relata una de las jóvenes que fue hospitalizada luego de haber sufrido quemaduras graves.

Del otro lado, en el auditorio, los hombres comenzaron a despertar luego de oír los gritos. Pensaron que era otro “bochinche”, pero luego se percataron del humo. “Nosotros les gritamos a los policías que nos sacaran porque queríamos ayudar y no nos dejaron”, relataron. Entonces, se agruparon y empujaron la puerta.

Al salir, se dieron cuenta de que muchos policías no estaban haciendo nada por ayudar a las niñas que desde el aula gritaban por auxilio. Mientras ellos, desesperados por ver que sus amigas y compañeras ardían en llamas, corrieron a ayudar a algunos elementos que sí estaban tratando de apagar el fuego desde afuera. Al notar que ellos estaban afuera del auditorio, los agentes los golpearon y los reingresaron al encierro.

“Yo me entregué y me dijeron “ponete boja abajo” y me dieron un palazo”, cuenta Kevin.

Cuando el incendio ya había terminado con la vida de 19 adolescentes y muchas otras más habían sufrido quemaduras gravísimas, las agentes de la PNC abrieron el aula. Hasta ahora, no se ha resuelto la pregunta para saber quién tenía la llave y por qué no sacaron a las niñas a tiempo. Hasta ahora, ya no son 19 las niñas fallecidas, sino 40. Otras ocho fueron trasladadas a Estados Unidos para tratar de rescatarlas, otras tres están estables en el hospital Roosevelt y una en el Intensivo.

Sobre los abusos de la PNC denunciados por estos jóvenes se consultó con el ministro de Gobernación, Francisco Rivas, pero apuntó que no daría declaraciones porque el caso está en reserva. Asímismo se trató de contactar al director de la Policía, Nery Ramos, pero no atendió las llamadas ni los mensajes.

 

 

Hogar, cruel hogar

Kevin y Joaquín recuerdan los abusos de los monitores, también Mónica*, una chica que salió del hogar en enero pasado y que agradece que su abuela la haya sacado de ahí antes de que ocurriera el incendio.

Los muchachos recuerdan que algunos castigos se realizaban en el curso de Educación Física. “Nos ponían a dar vueltas en círculos porque nos querían hacer vomitar, si no lo hacíamos, nos daban la “bebida milagrosa” a la que le echaban cloro, desinfectante y jabón, y así vomitábamos”, cuentan.

“Nos ponían en la gallinera y nos jalaban los pies. Si no lo hacíamos bien nos pegaban en el estómago. Si le entregábamos una carta a las patojas nos mandaban a hacer Física a la gallinera”, recuerdan. La gallinera es un lugar de castigos que Carlos Rodas negó que existiera y por el que apeló una sentencia de juez que dictaminaba cerrar el hogar por esos abusos. Sin embargo, una nota publicada en elPeriódico el viernes pasado en donde se entrevistó a un monitor que fue testigo de esto confi rma que el lugar existió.

También recuerdan que los monitores llevaban su ropa y los obligaban a lavarla.

Y Mónicarelata algo parecido. Cuando alguien se portaba mal, la obligaban a barrer los módulos y a veces a repetir lo que ya había barrido.

Una vez, recuerda ella, unas jóvenes escaparon y las regresaron, pero las metieron a la cocina, las pusieron en fila y les dieron con palos en la espalda. Era un castigo que las otras podían ver. Mónica tiene un tatuaje en la mano, es su inicial. Se lo hizo en el hogar. Al preguntarle por qué lo hizo y cómo, recuerda que una amiga le ayudó. Lo hizo con una cercha y tinta de lapicero. No le dolió. La repregunta es por qué, a lo que ella responde mientras se truena los dedos y jala las mangas largas de su blusa: “Estaba enojada, me molestaban mucho”.

Antes de tatuarse fue a pedir ayuda con la psicóloga porque se sentía triste y enfadada, pero ella le aconsejó que se olvidara, así nada más, sin hablarle tanto y sin pedirle que regresara. Otro de los abusos, recuerda Mónica, es cuando las obligaban a bañarse a las 4:00 en las pilas, afuera, sin techo o paredes que las cubrieran. Con agua helada. En un hogar rodeado de un bosque en lo alto de San José Pinula.

“Cuando nos daban la comida nos decían “poné carita” y nos pegaban o “poné el pechito” y nos pegaban. “Una vez probé el fresco y el profeme puso a hacer 5 mil sapitos”, recuerda Kevin. “Cuando hacíamos Física nos preguntaban si estábamos cansados, y aunque les dijéramos que sí, nos decían que siguiéramos y nos tiraban agua. Nos decían cuando su corazón sufre, el mío goza”, denunciaron estos jóvenes que nunca fueron escuchados por ninguna autoridad.

*Nombres supuestos.

 

Refugio de la política

El Hogar Seguro Virgen de la Asunción fue inaugurado en el gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza, en junio de 2010 en el marco de la política de cohesión social de esa administración. Sin embargo, según Miguel Ángel López, director ejecutivo de la Comisión Nacional contra el Maltrato Infantil, señala que este tipo de centros ya no están fundamentados como buenos centros de refugio para la niñez y la adolescencia.

“El concepto ahora es un hogar con pocos habitantes para tener un mejor vínculo y que a través de eso se logre un verdadero resguardo de la niñez con mejores lazos afectivos”, explica el experto. “Esto se volvió en un botín político”, añade. Y es que, la Secretaría de Bienestar Social ha estado a cargo de la primera dama de turno que, en el caso de Sandra Torres, estos programas sirvieron como plataforma política en la campaña de 2011 y de 2015.

Además, en el gobierno del Partido Patriota se nombró como titular de la SBS a Raquel Vielmann de Alcázar, esposa del exdiputado naranja Juan Alcázar. Es en este periodo en donde se reportan más denuncias

de abusos sexuales, maltratos, violaciones y demás vejámenes en los centros que deberían funcionar como refugio para la niñez y la adolescencia. La comida, una de las mayores quejas, era distribuida por Fulanos y Menganos, propiedad del exconcejal X de la Municipalidad de Mixco Othmar Sánchez, que llegó al poder por medio del partido ADN, en donde Jimmy Morales era candidato como alcalde y quedó en tercer lugar con el siete por ciento de los votos. ADN se conformó como una fuerza de apoyo en la segunda vuelta del PP en 2011.

En 2013 y 2014 el concejal obtuvo mediante su empresa de comida, más de Q18 millones para proveer las raciones de alimentos a los centros de la SBS, manejada por Vielmann, quien le respondía directamente a Rosa Leal de Pérez, esposa del presidente Otto Pérez Molina y madre del alcalde de Mixco Otto Pérez Leal. A partir de esos contratos, Sánchez suavizó su rol dentro del Concejo.

El año pasado, otra empresa de Sánchez, Restaurante Los Panchos, trató de concursar en el mismo rubro, pero el concurso fue cancelado, por lo que Fulanos y Menganos continuó dando el servicio. El notario que inscribió Fulanos y Menganos es Elmer Beltetón, asesor legal personal de Jimmy Morales, quien dirigió la transición del gobierno y quien ahora dirige el Registro General de la Propiedad.

Esta empresa fue utilizada como plataforma artística de Jimmy y SammyMorales y como centro de reuniones para el Frente de Convergencia Nacional, partido que llevó a la Presidencia a Morales. Además, es protagonista de un caso de corrupción con el Registro de la Propiedad, en el que Sammy y Josué Morales, hermano e hijo respectivamente del mandatario, fueron claves para falsificar una factura y un concurso en Guatecompras relacionado a la compra de canastas navideñas y un desayuno que nunca sucedió.

Carlos Rodas, extitular de la SBS nombrado por Morales, admitió en una entrevista a Prensa Libre cuando era juez de Femicidio, que no había utilizado la violencia con la mujeres, pero sí con sus hijos, para disciplinarlos. La ex subsecretaria Anahí Keller fue productora por muchos años de los canales propiedad de Ángel González, en donde Morales transmitía su programa Moralejas

 

INVESTIGACIÓN

Para Jorge Santos, de la Convergencia de Derechos Humanos, la investigación del MP debería separar cuatro etapas de los hechos. En primer lugar, los abusos cometidos antes del 7 de marzo. Luego, separar los eventos de ese día en donde hubo abusos de la PNC, para entonces pasar a la tercera fase que debe responder al incendio. Por último, se debe determinar responsabilidades legales por lo ocurrido luego de esos días, por las negligencias que hubo o por la poca claridad con que se hicieron los traslados.