Martes 17 DE Octubre DE 2017
Domingo

No importa quién ganó

Edelberto Torres-Rivas

Fecha de publicación: 12-03-17
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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La respuesta viene siendo la misma: el interés de amigos extranjeros, familiares, desconocidos por lo que ocurrió en las décadas de los años setenta/ochenta en Guatemala, lo que todos llaman equivocadamente Conflicto Armado Interno para referirse a la matanza represiva que entonces sucedió. Analizada con temperamento histórico, fue esa una catástrofe social, el peor desastre humano ocurrido en la historia de Guatemala, un conjunto de hechos sin precedencia del cual no se tiene aún plena conciencia. Fue una matanza de guatemaltecos hecha por guatemaltecos.

Fue tan brutal e innecesario lo ocurrido hace 25 años que será difícil que atraviese el tiempo de la vida cotidiana de la gente y se vaya diluyendo. Pero sospecho que este cataclismo que le cayó a Guatemala se recordará mal; todos los que hemos escrito lo hacemos con errores. No ha habido análisis transparente que explique con honestidad los mayores episodios de la tragedia. Fuimos víctimas de la Guerra Fría y del uso del comunismo como pretexto. Esta es la explicación que doy:

Para empezar, no sabemos el número de muertes; de dos generaciones sacrificadas, solo sabemos que la mayoría fueron indígenas. Se habla de cien o doscientos mil muertos y con igual desenfado, agregamos los números de torturados, las violaciones, los huérfanos. ¿Cuándo empezó el conflicto? En una nueva etapa de su accionar, después del arbencismo, el Ejército pasó a disfrutar de autonomía plena, solo articulada a la política de los EE. UU. Desde 1956/57 el Ejército empezó una labor de castigo permanente contra la oposición, acusando a todos de comunistas y asesinando impunemente a decenas de civiles. La sociedad sufrió con el coronel Peralta Azurdia una persecución brutal, que se acrecentó cuando apareció la primera guerrilla, el 13 de noviembre de 1962 (militares), y en el periodo posterior las Jornadas de Marzo/Abril (civiles). A mediados de 1964, por proclamas, manifiestos y actos visibles, grupos de estudiantes y otros jóvenes (FAR) se organizaron proclamando la lucha por el socialismo y grupos armados bajo la influencia cubana se fueron a la montaña. Este movimiento fue destrozado por el Ejército en un par de meses (1966). Surgió otra guerrilla, diez años después, sin armamento, pero mejor organizada, que los militares paralizaron en 1980. A pesar de sus victorias, el Ejército continuó “machacando” a civiles sospechosos, a sus familiares y amigos.

Esto no es conflicto armado ¡¡Aquí no hubo guerra!! Y es una soberana tontera afirmar que el Conflicto Armado se llevó 30 años. Enfrentamiento armado significa una confrontación violenta y sistemática por más o menos dos contrapartes en lucha y eso solo ocurrió cuando la guerrilla enfrentó al Ejército. Pocos momentos, pues el resto del tiempo fue de persecución y muerte de civiles desarmados y muchas personalidades intelectuales. La primera guerrilla asesinó a varios empresarios, periodistas y políticos del bando anticomunista: El terror rojo es condenable, no fue una política de la guerrilla, pero no pueden negarse los crímenes cometidos. Hemos dejado de último la estrategia contra los indígenas, con centenares de aldeas destrozadas y millares de decenas de familias, incluyendo mujeres y niños quemados. A esta campaña que tiene rasgos genocidas contra las comunidades, ¿se le puede llamar conflicto? Por ello no puede hablarse ni de 30 años ni de conflicto armado. ¿Cuándo empezó? La represión del Ejército fue permanente, la guerrilla surgió en 1964. Oficialmente terminó en diciembre de 1997. El ejército guerrillero no existió, el Ejército Nacional ganó.

Durante esos años, con disturbios armados en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, la comunidad internacional llegó a temer una generalización del conflicto. Eso explica la conocida Declaración de Contadora (enero de 1983) llamando a la paz y a la reconciliación, luego el ‘Mensaje de Caraballeda’ (enero de 1986), que contiene un programa de paz, seguridad y democracia, la Declaración de Esquipulas (mayo de 1986) y el Acta de Contadora para la paz y la cooperación en Centroamérica, que constituye el antecedente más directo de los Acuerdos de Paz. Finalmente, la ‘Declaración de Esquipulas II’ (agosto de 1987), que de hecho da paso a la discusión de los temas que constituyeron los Acuerdos de Paz. Las primeras reuniones entre las partes empezaron hasta convertirse, desde 1990, en la etapa de negociación. Un momento decisivo fue la firma del Acuerdo de México (abril de 1991), que establece que en la Comisión Nacional de Reconciliación se realizaría la crítica de los factores que llevaron a la guerra y se aprobarían las recomendaciones que hay que cumplir para que haya paz.

La Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (UNRG) como la contraparte, participó en todos los debates que hubo durante siete años. Y firmó todos ellos dando a veces la impresión de que los textos de las propuestas eran originarios de ellos. Por eso solo resulta parcialmente aceptable razonar que la guerrilla perdió la guerra, pero ganó la paz. La URNG se desorganizó en el transcurso del conflicto. Y no pudo apoyar la implementación de los Acuerdos de Paz.