Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Domingo

No matarás

Jaime Barrios Carrillo

Fecha de publicación: 05-03-17
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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La pena de muerte no es solución para salvar vidas. Al contrario, es seguir con más de lo mismo. La criminalidad se previene con cambios en las estructuras sociales y en los paradigmas culturales. La criminalidad se combate cuando se hacen verdaderas inversiones en el triángulo Policía, Aparato judicial y Sistema Penitenciario.

Acuerdos internacionales hacen que la pena de muerte no pueda aplicarse. A nivel constitucional solo en delitos extremos, que incluyen los crímenes de lesa humanidad. Así, los militares ahora procesados, incluyendo a Ríos Montt, de resultar culpables habría que ponerles la inyección letal.

La desesperación lleva al populismo de ultra derecha. Mucha gente se deja engañar por un panorama ilusorio: el Estado guatemalteco eliminará rápidamente a los criminales. Totalmente falso. El Estado guatemalteco es casi fallido, sin certeza jurídica y sin eficiencia.

La pena de muerte para su aplicación debe enmarcarse estrictamente en el Estado de derecho. Suponiendo que Guatemala ignorara al mundo y el Estado decidiera aplicar la pena, jamás y repito jamás, podría aplicarse fuera de la legislación vigente. Esto es simple: la pena de muerte costaría millones y millones con procesos muy lentos por los recursos de amparo, apelaciones, casaciones etcétera. En Estados Unidos, donde aún se aplica parcialmente, los procesos duran hasta 20 años.

Conclusión: millones de quetzales gastados que mejor se invertirían en el Sistema Penitenciario y en la Policía. No es el síntoma, por terrible que sea, el que hay que atacar sino las causas profundas: la pobreza y la cultura de la ilegalidad que reina en Guatemala. Pero esos cambios cuestan y debe financiarse con los impuestos que se evaden o se roban: el Ministerio Público no tiene presencia en más del 70 por ciento del país. La Policía sigue siendo ineficaz, mal pagada, corrupta y con muchos casos particulares de elementos vinculados al crimen. Las cárceles, vino de nuevo a demostrar el ahora asesinado exmilitar Lima, son industrias del crimen. El Estado padece de una corrupción estructural que alcanzó a sus más altas autoridades, nos lo demostró la CICIG. Recordemos las muertes de enfermos que no recibieron su diálisis en el IGSS, hoy por este caso de corrupción otro exmilitar está acusado.

La pena de muerte no disuade, solamente se le quita la vida a un delincuente para que otro u otros tomen su lugar. Gente decente pero ingenua, ciega de ignorancia, cae y cree en los mensajes del odio expresados patéticamente por recientes manifestaciones de camisas blancas. Lo peor: cuando esa misma gente decente llega a confundir la pena de muerte con la “limpieza social”. Guatemala es negativamente conocida por tener a su ex Jefe de la Policía condenado a cadena perpetua en Suiza.

El gran poeta Manuel José Arce decía hace décadas sobre la ejecución de dos asesinos: “Siguen creciendo los niños en el aprendizaje del odio contra la vida, hoy han sido destruidos dos productos pero la fábrica sigue en plena producción”.

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