Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Estoy cansado de dios

Jaime Barrios Carrillo

Fecha de publicación: 19-02-17
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Recuerdo ahora a la Baldetti escribiendo el Padre Nuestro durante el juicio que se le lleva por corrupción. También la oración conjunta del exmilitar Rodríguez y otros acusados por el mismo delito en la sala del tribunal. Y al general Pérez Molina terminando su discurso donde aseguraba que no renunciaría con la frase “Dios los bendiga”. No necesitamos de esas bendiciones ni de ese dios intervencionista. Necesitamos de políticos honestos y eficientes.

La llamada teología de la prosperidad ha penetrado el país y se ha posesionado de miles de conciencias que viven en un delirio colectivo. “Un piano para el Señor!”, exclama un pastor evangélico en su megaiglesia. Y agrega que debe ser de la mejor calidad porque al “Señor” hay que darle lo mejor. En poco tiempo junta 30 mil dólares. Me recuerda la época de las indulgencias católicas cuando se pagaba para asegurar un lugar en “El Cielo”.

Soy partidario de la libertad de conciencia. Sin embargo me aburren las bendiciones ajenas, la mención de dios por todos lados. Tenía razón el filósofo alemán Ludwig Feuerbach cuando imprecaba: “dime cuan religioso eres y te diré cuan miserable eres”.

Guardo profundo respeto por las creencias religiosas. También por los que se consideran ateos. Pero la religión es un asunto privado, no estatal. A dios hay que sacarlo de la política porque puede ser muy peligroso. En nombre de dios se han cometido demasiados crímenes

Dios y política es combinación pavorosa, si nos atenemos a los resultados en todas partes y en todas las épocas. Estoy por la secularización de la política y por el Estado laico. En contra de toda forma de teocracia, sea de cristianos fundamentalistas o de los ayatolas y los talibanes que han producido tanta muerte violenta, tanta persecución, tanta opresión de la mujer, de los homosexuales, de los ateos y todos aquellos que no estén de acuerdo con el dios que imponen usando la política y el Estado.

Por eso me hartan los políticos guatemaltecos que quieren utilizar a dios (con minúscula). Dios no tiene nada que hacer en la política. Resulta una manipulación y una falta de respeto para los que no tienen las mismas creencias del político que invoca su manera de concebir la divinidad.

No puedo olvidar que el año pasado en un llamado Desayuno Nacional de la Oración, el presidente Jimmy Morales comenzó, como si fuera un pastor protestante, leyendo un texto de Pablo a los Corintios. Morales gritó y hasta lloró quejándose de la dura carga que es el cargo. Le pesa demasiado, podemos concluir.

La cultura del atraso y el autoritarismo ahora maquillada bajo el tinte religioso. Guatemala ha dejado de ser un país secular. Estamos llenos de pastores fanáticos y mojigatos pero perversos. La religión como la entienden los fundamentalistas en Guatemala es un opio para el pueblo. Y el presidente Morales parece no entenderlo. Por eso y como ciudadano le pido al presidente que no mezcle la religión con el Estado, que deje de hacer rezados y que se ponga seriamente a gobernar.

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