Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Domingo

Abrazar a la Familia

Fecha de publicación: 05-02-17
Por: César A. García E.
Más noticias que te pueden interesar
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Mientras el mundo se hunde, en un agujero sin fin, marcado por el relativismo pleno, el engaño mediático, las trampas alienantes de las redes sociales, el desprecio a la virtud y el altar a la lisonja, consorte inseparable de la hipocresía; gente genuina que forma opinión, intenta lo que tantas veces yo… hacer conciencia, llamar a la reflexión, denunciar hechos abrumadores que debieran indignarnos lo suficiente, como para alzar la voz, sintiendo el rostro hirviente, lo que sería la evidencia clara, de que tenemos sangre en la cara. Aún y cuando coincido, muchas veces, con esa gente bien intencionada, el viernes, quise decirle a alguien que gentilmente me compartió su artículo, lo siguiente: “Es tarde… no hay nada que hacer, otros deciden por nosotros, el nuevo orden mundial nos atrapó; es tiempo de vivir, de ayudar a quien se pueda y de abrazar a la familia”.

En realidad lo creo, además estoy persuadido de que este bullicio de suciedades, dominaciones y alienación, afecta tanto a quienes estamos despiertos e impotentes, ante una corriente tan densa, como indomable que es ocioso seguirlo oyendo, siendo lo recomendable ocuparnos de lo trascendente, porque al fin de cuentas ¡Qué breve es la existencia y que necios los días del hombre, cuando los dedica a la preocupación! Estos pensamientos –creo– están influenciados, en gran parte, porque el 2 de febrero, cumpliría 87 años mi viejito, quien se fue hace “apenas” catorce años. Tantos años que pasaron tan de prisa que aunque no logre ya, adivinar su voz, recuerdo vívidamente, su ceño, su abrazo y su sonrisa. Recuerdo su rigor, sus convicciones, sus detalles únicos, geniales; recuerdo su talante, sus quehaceres, recuerdo su soledad tan sola, cuando su mente lucía tan distante que opacaba, plenamente su semblante y era imposible penetrar su alma.

Pensaba como las cosas viajan y se quedan, como por las cosas luchamos tanto, como las cosas nos importan, motivan el esfuerzo y la añoranza, despiertan la ambición y muy a menudo desconfianzas. Pero con todo lo que importan las cosas, son vanas, sirven o no, pero se quedan… ¡Siempre se quedan! Pensé luego, como cuando murió mi viejito, mis achaques eran casi inexistentes; apenas superaba los cuarenta y mi hipertensión, era la única evidencia de que el estrés continuado, mata, somete, debilita. Los catorce años que pasaron pronto, me han hecho crecer, me han ensañado, y pensaba también que cosa rara, ya no tengo un viejo para hablar entre viejos. Se fue temprano y para mí fue tarde, para abrazarlo otra vez y apapacharlo, se fue temprano y para mí era tarde, para decirle otra vez, “papa lo amo”.

Así las cosas, ante lo insensato, ante el mundo gobernado por idiotas, ante el dominio mundial tan claro y obvio, ante la incertidumbre del desprecio: a la razón, a la verdad, a la decencia, al pudor a la virtud y transparencia… solo queda un camino, la familia. La familia es la verdad, es el esfuerzo, es la esencia, continuada y pura, de solidaridad, de transparencia, de energía vital y de conciencia. Me preocuparé menos, abrazaré más, compartiré –solo– con quien ama compartir conmigo; no haré conciencias, ni verteré opiniones, con gente que es feliz en la carencia: de sentido común, de inteligencia, de visión de futuro y contundencia. Amaré mucho más, pensaré menos… estaré muy atento a mis achaques; ellos me dicen –a veces a gran voz– vas demasiado rápido, bájale, eres un simple mortal y te haces viejo; no dejes a los tuyos demasiado pronto… no se te haga tarde, para amarlos más ¡Piénselo!

Etiquetas: