Viernes 14 DE Diciembre DE 2018
Domingo

Una nueva AEU en tiempos de la indiferencia

Mil quinientos sesenta y cuatro días han pasado desde que se disolviera la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda De León y asumiera un ente que no existe entre sus estatutos, que fue desconocido el año pasado por un grupo de asociaciones y que se resiste a que haya elecciones con trabas y nudos legales.

Fecha de publicación: 29-01-17
Más noticias que te pueden interesar

Juan D. Oquendo • joquendo@elperiodico.com.gt –Entre la luz del amanecer y los bombillos de unos cuantos postes que se negaban a apagarse, cientos de personas entraron al Campus Central de la Universidad de San Carlos. Era un día como cualquier otro. Un enero más para los estudiantes de reingreso, otro día de trabajo para los catedráticos, trámites interminables para quienes comienzan su carrera. Lo único diferente en esta ocasión era media docena de mantas colgadas por aquí y allá anunciando algo que a nadie parece importarle: “Elecciones AEU 2017. Viernes 3 y sábado 4 de febrero. Infórmate y participa”.

Los estudiantes pasaban sin prestar atención. Solo unos cuantos se preocuparon al verlas. El Consejo Consultivo Estudiantil Universitario (CCEU) y el Consejo Electoral Universitario (CEU) solo habían dado esas fechas como tentativas en octubre del año pasado, después de que seis asociaciones estudiantiles decidieron desconocer a la Comisión Transitoria y Reguladora (CTR) de la AEU. Pero en lugar de pedir que las retiraran, las dejaron ahí.

Al día siguiente, la CTR convocó a las asociaciones para hablar sobre las elecciones que anunciaban las pancartas. Esa misma comisión ha señalado que no han hecho elecciones –función por la cual fue creada– porque las agrupaciones de estudiantes no están registradas ante la Usac. Un trámite que solo sirve de obstáculo al CCEU.

El Consejo Consultivo ve las mantas como un acto para desinformar a los estudiantes, aunque la mayoría quizá no tenga idea del proceso que pelean estos jóvenes por recuperar la AEU –la dirigencia de un movimiento estudiantil cuya existencia algunos ponen en duda– con el objetivo de repensar no solo la universidad sino el país.

De que hay elecciones, hay

“Las elecciones no serán el 3 y el 4 de febrero”. Entre unas mesas y bancas del edificio T1, de la Facultad de Arquitectura, Kevin Caná lo dice sin tanto aspaviento. Sin darle tanta importancia a las pancartas, que califica de intento de desinformación. Los problemas son otros, adelanta el estudiante que preside el Consejo Consultivo Estudiantil Universitario (CCEU). Todo comenzó el año pasado.

El 20 de septiembre de 2016, un grupo de estudiantes desconoció a la Comisión Transitoria y Reguladora de la AEU (CTR) y decidió “activar” el Artículo 20 de los estatutos de una agrupación que nació en mayo de 1920 con el fin de articular las asociaciones de distintas unidades académicas con sus demandas estudiantiles. “En caso de desintegración del Comité Ejecutivo, seis asociaciones en consenso unánime podrán asumir las funciones del mismo y presidir el Consejo Consultivo Estudiantil Universitario, hasta el término del período para el que había sido electo”, reza el artículo.

Las unidades académicas de Ciencia Política, Agronomía, Veterinaria, Ingeniería, Historia y Arquitectura dieron el primer paso para recuperar la AEU. “Nosotros los desconocimos para desmentir cualquier relación”, señala Kevin. Ese 20 de septiembre, un martes, Guillermo Prera, de la CTR, salió a recibir un papel donde lo desconocían. Luego se formó el CCEU y se invitó a otras asociaciones, que ahora suman 11.

El Consejo Consultivo acusa a la Comisión Transitoria de no realizar las elecciones a propósito. De haber cobrado la tasa estudiantil en 2015 sin dar fe de qué se hizo con esos fondos. La respuesta de la CTR fue que estas asociaciones no estaban inscritas en el Departamento Jurídico y el Departamento de Presupuesto de la Usac para solicitar la tasa estudiantil y que por lo tanto no podían crear el CCEU.

Cómo hacer para que voten 100 mil estudiantes

Según los estatutos de la AEU –modificados por última vez en 1990 ante la represión del conflicto armado– el proceso de elecciones será ejecutado por un Consejo Electoral Universitario (CEU) que convoca el CCEU. Ellos invitarán a la votación para el secretariado, registrarán e inscribirán a las planillas según los requisitos, efectuarán el escrutinio electoral y darán los resultados.

Uno de los integrantes del CEU señala que han hecho diversas gestiones a puerta cerrada por miedo a represalias. Se está creando un reglamento electoral y se han acercado a organizaciones no gubernamentales y de derechos humanos, así como con el Tribunal Supremo Electoral para recibir apoyo estructural y logístico. Esperan realizar las elecciones después de la Huelga de Dolores y Semana Santa, porque las inscripciones en la Usac terminan en marzo, por lo que el padrón electoral estará completo hasta entonces.

Por otro lado, el CCEU y el CEU temen que si las votaciones se dieran durante la Huelga de Dolores sería más complicado realizar el proceso por el tema de seguridad, ya que por esas fechas hay grupos de personas con capuchas de las cuales no hay garantía que sean estudiantes y que en ocasiones llevan armas.

El Consejo Electoral se prepara para una elección de tres días para las jornadas entre semana, de sábado y de domingo. Y estima un padrón de 100 mil estudiantes de las unidades académicas del departamento de Guatemala: Campus Central, Centro Universitario Metropolitano (CUM) y Paraninfo Universitario, “porque en los centros universitarios del interior ya tienen asociaciones y no podemos obligarlos a que voten por una AEU que no tendrá injerencias sobre ellos”, dice uno de los miembros del CEU.

En cuanto al financiamiento, también hay un problema. Aunque el TSE les apoye con mobiliario y cajas electorales, necesitan fondos para hacer campañas de concientización, adquirir almuerzos para los voluntarios y personal, e identificaciones, entre otras cosas. Y ese presupuesto solo puede salir de la tasa estudiantil, para la cual no están registrados y que no pueden cobrar. Más aún, sin ese registro, dice la Comisión Transitoria, no se les puede dar el padrón del Departamento de Registro y Estadística.

 

 

Comisión sin argumentos

“Somos los más interesados en que se lleve a cabo el proceso electoral, que sea participativo, pero eso sí, que se respete el proceso electoral”. Guillermo Prera resume el movimiento estudiantil como un desinterés de las asociaciones por registrarse ante la Universidad para comprobar que fueron legítimamente electas. En 2016 solo Odontología, Comunicación y Económicas estaban inscritas, y la CTR.

Lo que no menciona es que, en el acta del 18 de octubre de 2012 de la AEU, se inventó la Comisión Transitoria y Reguladora –inventó porque el Artículo 41 permite crear “comisiones especiales”–. Y que solo hubo una planilla, donde únicamente votaron cuatro personas, donde el secretario de la AEU de ese momento, Roberto Nicolás Muñoz, tuvo voto doble. Una planilla integrada por Prera, carné 2000-21662; Darwin Santos, carné 2003-13718 y Antonio García, carné 1996-16436. Entre los tres sumaban 37 años de ser estudiantes.

Esa acta plagada de irregularidades le ha servido a Prera para registrar la CTR en 2014, 2015 y 2016 para cobrar de la tasa estudiantil: Q5 por cada estudiante que se repartirá entre las asociaciones para actividades culturales, deportivas y de cada agrupación. Cobro que en su misma acta se le impide hacer, pero que en 2015 la CTR hizo para financiar la Huelga de Dolores, a cambio de que las asociaciones no tomaran los parqueos para recaudar fondos. Más de Q300 mil de los cuales no hay un registro.

Con más de 17 años de ser estudiante inscrito y llevar 1,564 días sin convocar a elecciones, Prera dice que necesitan que las asociaciones se registren para demostrar su legalidad. Según Eliú Ramos, del Departamento Jurídico, solo se emite un dictamen sobre la legalidad de las elecciones de cada asociación, ya que hay unidades académicas con varias agrupaciones que dicen ser la asociación.

El problema era que para registrarse, las asociaciones debían llevar una carta de la CTR firmada por Prera. Esto hasta el 17 de octubre de 2016, cuando el Consejo Superior Universitario recomendó al Departamento Jurídico que no se solicite dicho documento. Así las asociaciones del CCEU ya están en el proceso de registro para que el CEU pueda solicitar el padrón.

El último argumento de Prera contra el CCEU, que lo desconoció, es la interpretación del Artículo 20 de los estatutos de la AEU: “ahí dice ‘seis asociaciones en consenso unánime’, se refiere a que se junten todas las asociaciones y esas deciden cuáles seis estarán al frente de la AEU”. En el fondo, la Comisión Transitoria y Reguladora sabe que se enfrenta a un cambio. El verdadero reto será para el próximo secretariado de la AEU ante la indiferencia del estudiante.

 

 

Breve historia de la AEU

Creada en 1920, la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) surgió de un conjunto de demandas de los estudiantes que querían organizarse aprovechando las manifestaciones contra Manuel Estrada Cabrera. Uno de los primeros miembros de la AEU fue Miguel Ángel Asturias.

La asociación creció hacia 1960 como un espacio de democracia y discusión política. Durante esas décadas, algunas de las demandas estudiantiles se alinearon con el movimiento político nacional, comenta Virgilio Álvarez Aragón, sociólogo, autor de Conventos, aulas y trincheras y quien participó en el movimiento estudiantil de finales de los años setenta, años en que cambiaría el rumbo de la AEU.

En 1972, asumió el secretariado Edgar Palma Lau, quien llevó un discurso comprometido con la revolución y que terminaría por convertirse en dirigente de la Organización del Pueblos en Armas (Orpa). Al igual que Palma Lau, muchos estudiantes formaron parte de grupos de izquierda en ese momento, apunta Álvarez.

Para 1977, la AEU acusó al gobierno de Laugerud García de encubrir a los grupos paramilitares a quienes se atribuyó el asesinato de los estudiantes Robin García y Leonel Caballeros. Al año siguiente, la planilla Frente ganó las elecciones al secretariado. A la cabeza estaba Oliverio Castañeda, quien fue asesinado el 20 de octubre de 1978. Según Álvarez, ese fue el parteaguas para que la asociación se volcara a la clandestinidad y quedara como un ente político.

En los años ochenta la represión se recrudeció con la desaparición y ejecución de estudiantes miembros de la AEU. De ahí hacia 1994, “la ideología de la contrainsurgencia había ganado la guerra, el espacio y el debate político”, señala el sociólogo. Coincide con él Manolo Vela, secretario de la AEU de 1994: “la salida de la URNG genera una pérdida de articulación” en 1996 con la firma de los Acuerdos de Paz.

En la primera década del siglo XXI, comenzaron a surgir rivalidades entre asociaciones y para 2012 el movimiento Estudiantes por la Autonomía (EPA) tomó las instalaciones del campus central durante más de 50 días, y entre sus demandas estaba realizar elecciones para la AEU. Sin embargo, ese año se conforma la Comisión Transitoria y Reguladora con el fin de convocar a elecciones.

La indiferencia del trabajador que estudia


El movimiento estudiantil tiene un contexto actual que le impide existir, considera el sociólogo Virgilio Álvarez. Como el hecho de que la Usac se ha convertido en una universidad de trabajadores en la que “los estudiantes van cuando pueden y si van menos es mejor. También que existe una oenegización de la participación social que impide crear un proyecto político estudiantil”. Y al estudiante común no le preocupa porque la universidad “ya no es un espacio de socialización, de construcción de relaciones colectivas. Mucho menos un espacio de cuestionamiento de ideologías (…) Esto lo aprovechan los rectores y los decanos para tener una supuesta organización que les permita controlar a los estudiantes”.

Etiquetas: