Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Si Trump cumple…

César A. García E.

Fecha de publicación: 22-01-17
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Seguramente no son muy abundantes las veces, en que muchos habitantes del mundo, quisieran que las promesas del recién estrenado presidente estadounidense, no se cumplieran. Sus antecesores han hablado de globalización, apertura, unidad mundial, armonía y reformas migratorias… sobre este último particular, la cosa no ha pasado de ser demagogia, pues el premio Nobel de la Paz –Obama– fue quien más connacionales –por ejemplo– repatrió y también fungió como picapleitos, en variopintas invasiones armadas, a la vez que usó todo su poder, para purgar a Rusia del –otrora– G-8, promoviendo sanciones en contra de la nación, donde “reina” Putin, que no es un enemigo pequeño y ha sabido, hábilmente, estrechar una alianza económica sólida, con la gigante mundial, China.

Lo más probable es que Trump, sí cumpla con buena parte de sus promesas; no se trata de ningún pusilánime o blandengue, sino todo lo contrario, de un pragmático, aguerrido y temerario… de toda la vida. Se trata de un hombre, cuya norma de vida ha sido hacer –con excepciones claro está– lo que dice, lo cual colocará al mundo en un escenario complicado, para finalmente arribar a un nuevo orden mundial, cuyo proceso, puede significar o no, una cruenta guerra. Por el momento, muchos respiran tranquilos, porque califican a Putin, como un aliado natural del nuevo presidente estadounidense y hasta la confieren, parte del mérito por su éxito. De hecho tanto Rusia como China, están expectantes de la llegada del nuevo presidente, al igual que Israel… tres naciones que esperan cambios en la política exterior estadounidense.

China se siente amenazada –económicamente– por ser su más importante acreedor y además porque Trump, ha anunciado la reversión de cuantos acuerdos comerciales sea posible y eventualmente imponer barreras arancelarias a los productos importados. Es importante reconocer que el proceso de globalización, logró el fortalecimiento de grandes conglomerados industriales, así como la quiebra o venta –forzada– de miles de pequeñas y medianas industrias… pero en toda esta vorágine, indudablemente China ganó y se convirtió en el segundo poder económico del planeta. Las promesas de Trump, respecto al cierre del mercado de EE. UU., no han sido tomadas a la ligera y de hecho –de momento– han ahuyentado de su vecino, México, millonarias inversiones, a la espera de las nuevas reglas del juego dictadas por Trump. Si el nuevo presidente cumple su promesa, a este respecto, las balanzas comerciales de muchos países sufrirán y se acentuará cualquier crisis posible, porque se trata –aún– del mercado con mayor capacidad de consumo.

Otra promesa de Trump que preocupa, es la deportación masiva de indocumentados y el levantamiento del “dichoso” muro, el cual –el nuevo presidente ha anunciado– tendrá una gran puerta, indicando así, que entrarán –únicamente– quienes a él le parezcan aceptables, es decir ‘“se reserva el derecho de admisión”’, lo cual puede no gustarnos, pero es completamente comprensible, en un mundo de preguerra. En todo caso, si esta promesa se cumple, las deportaciones superarán el récord impuesto por Obama y las remesas –exceptuando la proporción de estas que correspondan a lavado de dinero– menguarán de forma abrupta, sumándose al efecto adverso en la baja de exportaciones –que con motivo de la protección arancelaria de Trump se implementará– y ello provocaría la depreciación de diferentes monedas, generando mayor inestabilidad y mayor pobreza, en el mundo pobre, el cual se convertirá en más inseguro y vulnerable.

Aunque Trump no ha prometido, desarticular la OTAN, ni retirarse del G-7 (grupo integrado por Alemania, Francia; Italia, Reino Unido, Japón, Canadá y EE. UU.), si ha proferido agrias críticas, sobre su rol y desenvolvimiento. De esa cuenta, se puede inferir que el nuevo presidente tendrá un talante, resuelto a imponer sus razones y somatar la mesa. EE. UU. manda –desde la disolución de la Unión Soviética– en el mundo; con Trump elevará nuevamente su perfil y las directrices del nuevo mandamás, no serán más en privado, sino las hará públicas y continuará usando las redes sociales para divulgarlas. En ello –es menester reconocerlo– ha sido muy exitoso y supo decir a los votantes estadounidenses lo que querían oír. Ofreció el fortalecimiento del imperio… y tratará de cumplir, ofreció trabajo para los estadounidenses, despojando de este a los inmigrantes… y tratará de cumplir, ofreció fortalecer la industria local, elevando aranceles y renegociando tratados comerciales… y seguramente lo intentará cumplir.

Una promesa plausible de Trump, es vindicar a Israel. Ha ofrecido devolverle el tradicional apoyo estadounidense, y rescatar la vetusta alianza, rota por Obama. Incluso ha sugerido trasladar su Embajada a Jerusalén; todo ello, en un momento, donde el pueblo judío se había quedado solo y fue objeto de sanciones sucesivas de parte de la ONU, con mayor énfasis, a partir de 2012… la mayoría de estas, francamente absurdas. Esta promesa tiene implicaciones peligrosas, porque podría ser el detonante de graves represalias, por parte del mundo árabe radical y recalcitrante. Es en este pequeño territorio, donde la frágil paz mundial, puede perderse con mucha facilidad.

En su camino –como cumplidor de promesas– Trump, deberá afrontar dos obstáculos, importantes, estos representados por China y Rusia, naciones –claramente– antagónicas y que luchan vehementemente, por un mundo de nueva cuenta, bipolar, en cuyo esquema ambas potencias, serían aliadas naturales y el contrapeso al bloque occidental, siempre liderado por EE. UU. Las “razones” de las guerras, han sido siempre económicas; esta vez será igual; las inmensas deudas del Occidente, prácticamente inmanejables y las gigantescas economías seriamente debilitadas, hará que la confrontación de intereses, sea inevitable. La luna de miel entre Putin y Trump, será de corto alcance, o en el mejor de los casos de breves años, porque ambos personajes ostentan una vistosa megalomanía y este mal… siempre ha pesado más que la razón o el bien común. ¡Piénselo!

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