domingo 18 diciembre 2016
Domingo

La ciudadanía es protagonista en el proceso de cambio

María Alejandra Morales
Sociedad de Plumas

FOTOARTE VÍCTOR MATAMOROS > EL PERIÓDICO

El año 2016 trajo consigo la oportunidad de impulsar los cambios de nación definidos como urgentes luego de la crisis de 2015. El combate a la corrupción se convirtió en el mito unificador que permitió reunir a toda la sociedad guatemalteca en la persecución de un mismo objetivo. La ingobernabilidad del país permitió generar los incentivos para empezar a sentar las bases de un nuevo régimen. En la búsqueda de dicho fin, los ciudadanos defendieron la institucionalidad acudiendo a las urnas, en donde le apostaron a la transformación del sistema.

No obstante, la evaluación de lo acontecido en el presente permite vislumbrar a un nuevo gobierno que no se encuentra a la altura de las demandas expresadas durante 2015. Como parte de un proceso electoral atípico, Jimmy Morales se caracterizó por ser un candidato fuera de lo común –“ni corrupto ni ladrón”–. Sin embargo, los resultados observados tras el primer año de gestión aún no demuestran la instauración de esa “nueva política” dentro del Ejecutivo. En muchos aspectos, la maquinaria del Estado continúa operando de la misma forma. La falta de liderazgo también se evidenció durante este período, provocando un desgaste innecesario de la figura presidencial.

Asimismo, los grandes logros políticos del presente año fueron producto del trabajo de otras instituciones. Tal es el ejemplo de las conquistas obtenidas en materia institucional, las cuales fueron gestadas fundamentalmente por la SAT, CICIG, Ministerio Público y Ministerio de Gobernación. El proceso de recuperación de la SAT, junto con los casos de persecución a evasores, colocaron al Superintendente a la delantera. De igual manera, la presentación de casos de alto impacto como “La Cooperacha” y “Cooptación del Estado”, otorgaron ventaja a CICIG y MP desde inicios de año. Asimismo, el Jefe de la cartera de Gobernación ha tenido una participación importante, derivado de la desarticulación de grandes estructuras criminales.

Estos casos colocan al Presidente en una posición de desventaja en el proceso de recambio del país. Los grandes proyectos presentados en 2016 no fueron propuestos por el Ejecutivo. El ejemplo paradigmático que ilustra esa ausencia de liderazgo son las reformas constitucionales al Sector Justicia, las cuales surgen por iniciativa de otros actores. El Presidente posteriormente se adhiere a este proyecto, pero no es el pionero.

De la misma forma, este año estuvo marcado por una participación mucho más activa del Organismo Legislativo en la definición de la agenda de nación. Muchas de las decisiones trascendentales en la construcción de este nuevo sistema –reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, antejuicios a funcionarios, Ley del Servicio Civil, Reformas Constitucionales– han sido evaluadas por los legisladores. De esta manera, el Congreso de la República también se convirtió en uno de los actores políticos más relevantes de este año.

No obstante, es importante hacer notar que en el proceso de transformación del sistema la ciudadanía también tiene una cuota importante. El gran reto de país va más allá del trabajo del Presidente, y depende en gran medida del compromiso de los ciudadanos. No obstante, durante el presente año fue posible notar un abandono físico y espiritual de La Plaza, misma que en 2015 pasó de ser un lugar a convertirse en una actitud, un concepto que definió al guatemalteco que cree y trabaja por el cambio desde sus espacios. Ese sentimiento debe recobrarse, pues el cambio solamente se propicia a través de la participación ciudadana, por medio de la conformación de una sociedad civil que se involucra en la vida política de su país, y en la cual cada integrante se convierte en un eterno vigilante del sistema. Esto se refiere al deber de convertirse en ciudadano todos los días y trabajar por esa transformación. El 2017 nos devuelve la oportunidad de cambiar el rumbo de Guatemala. El año por venir debe percibirse como una extraordinaria ocasión para retomar el sistema con responsabilidad y compromiso.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.