Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Domingo

El violinista de San Juan

Abner desde muy pequeño supo que tenía pasión por el violín. Es tímido, PERO lo olvida cuando se pierde entre las notas musicales.

Fecha de publicación: 29-11-16
Foto: Walter Peña Por: Isela Espinoza
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Es una mañana fría de noviembre en San Juan Sacatepéquez. A cinco kilómetros de la cabecera municipal se ubica la aldea Comunidad de Zet. Un camino de terracería decorado con la siembra de flores y milpa conduce a la escuela World Vision. Ahí es el refugio de niños y jóvenes músicos que desde temprana edad experimentan su pasión.

Todas las mañanas de los sábados Abner, de 10 años,  usa sus mejores galas y lleva a su compañero de viaje: un violín. Recorre tres kilómetros a pie desde su casa hasta la fundación para estar puntual en sus clases de solfeo y orquesta.

El pequeño músico es tímido pero risueño. Mientras saca su violín del estuche relata que cuando escucha las notas de cada melodía se “acerca a Dios”. Es así como rompe el silencio de esa mañana y las montañas son amenizadas por Movimiento Perpetuo pequeña suite No.6 de Karl Bohm. A sus cuatro años su repertorio de melodías subía a quince.

Pequeño músico

Abner vive con su mamá, sus abuelos y tres tíos, dos de ellos  Andrea y Álvaro también asistieron a la fundación. Ella es violinista y él guitarrista. Actualmente, trabajan en la capital como maestros de música. “Yo no quería que mis hijos anduvieran con las manos y los pies sucios por trabajar en el campo”, relata Manuela, la abuela de Abner, quien al ver la oportunidad que les brindaba World Vision, junto a su esposo decidió cambiar el futuro de sus hijos. Y ahora el de su nieto.

El pequeño músico tenía tres años cuando despertó su admiración por este instrumento. Su tía Andrea, fue la inspiración. Según recuerda: le gustaba ver la pasión con la que ella interpretaba cada nota.

Ante la inquietud de Abner e incertidumbre de su mamá, Angela Patzán, ella se dijo: ¿por qué no intentarlo?”. Así fue como llegó a la fundación donde le dieron estimulación temprana sobre los instrumentos, notas musicales y el ritmo. Año y medio después, Abner aprendía a leer música.

Pero la fundación no podía darle un violín de los que tenían porque su tamaño podía deformarle los dedos. Para que Abner se sintiera incluido en sus clases, su familia le fabricó uno con caja de cereal, después uno de madera. Pero con cuatro años, él sabía que aquellos “instrumentos” no emitían melodías.

Su amor por la música incentivó al director Martin Corleto de World Vision a buscar más instrumentos para niños de cuatro años. Para cuando los consiguieron, Abner ya había crecido tanto que los violines nuevos le quedaban pequeños.

Paso a paso y con el apoyo de su mamá, Abner logró usar un violín que le quedaba pequeño y emitir sus primeras notas. Ella sostenía el instrumento y él acomodaba sus deditos y el arco. “Este violín sí suena”, recuerda su mamá que exclamó el pequeño cuando pudo hacer sus primeros ensayos.

Ante su avance, una de sus maestras decidió inscribirlo en un concurso en el Conservatorio Nacional de Música. Todos los participantes tenían de 9 a 11 años. Pero Abner superaba cada etapa interpretando temas más avanzados que los demás.

Con cinco años y ante la admiración del público, Abner ganó su primer violín en la competencia. Pero no lo pudo usar hasta hace dos años pues el premio era, de nuevo, demasiado grande para su edad.

Angela agradece a Dios por el talento de su hijo. Abner sueña con ser violinista profesional. Pero su anhelo más cercano es conseguir un violín digno de su tamaño y capacidad.

 

Abner necesita:

> Para que Abner pueda continuar con sus estudios de música necesita un violín profesional de 3/4 que cuesta aproximadamente Q6 mil. Debido a que ese tamaño se acopla a sus manos y brazos. Asimismo, necesita apoyo económico para cubrir las giras y comprar partituras y lecciones. Para Navidad le gustaría una bicicleta.

 

 

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a nombre de Ángela Fidelina Patzán Pirir

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